Los jóvenes asturianos no logran erradicar el machismo

Colectivos de estudiantes feministas y jóvenes activistas denuncian que la igualdad es una asignatura pendiente

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Redacción

La violencia machista juvenil está aumentando considerablemente en comparación con otros años. Asturias, en concreto, registró a un total de 611 mujeres víctimas de violencia de género con órdenes de protección durante el año pasado, 93 de ellas eran menores de 25 años. Además de esto, el pasado mes de marzo había más de siete denuncias por violencia machista al día. La cuestión es: ¿por qué retrocedemos de este modo?, ¿cómo es posible que una de las generaciones más concienciadas en temas de igualdad repita estos comportamientos?

«Desde que somos pequeños se nos da una orientación distinta» comenta Raquel Ruda, estudiante adolescente y miembro del colectivo feminista «Leonas Violetas» de Avilés, «ellos son los fuertes, los que hacen deporte, saben de coches y juegan al fútbol. Nosotras somos las habladoras, las cotillas, las que estamos pendientes de ellos…». Según la activista, el machismo «impregna todos los ámbitos de la sociedad» impartiendo estos «roles dañinos». Al igual que Raquel, Elisa Costales (presidenta de la asociación feminista HeForShe de Asturias), asegura que los prototipos de inculcados en la infancia son completamente machistas y eso acaba perjudicando cuando se entra en la edad adulta. «Yo tengo muchos amigos homosexuales, y al entrar en la universidad puedo asegurar que ellos han sufrido más por este tipo de actitudes que yo. Todo aquello que no  sea soy un machito, soy un hombre, es humillado, no es válido».

Elisa aún recuerda perfectamente la primera anécdota de este tipo que ocurrió al poco de empezar el grado en Derecho: «Cuando empezamos la carrera, sin conocernos aún, creamos el típico grupo de WhatsApp de clase. A los pocos días, alguien comentó que necesitábamos un delegado o delegada de clase y un chico (que hoy en día lo considero como un íntimo amigo) comentó «Ay chiquis, yo me ofrezco». Yo estudio el doble grado de Derecho y ADE, y la gente de allí digamos que es un tanto convencional. Al parecer, había otro grupo paralelo a este en el que algunos se conocían entre sí, y uno de ellos se equivocó y puso en nuestro grupo: «Venga, lo que me faltaba, un mariconzuelo que lo mismo nos decora la clase con maripositas y de color rosa». A mí me impresionó mucho. Fue como la primera imagen que te da una persona que no conoces de nada que ni siquiera la has visto. Fue algo muy fuerte, lo primero para el chico y lo peor es que el resto de compañeros (no sé si colegas de él) le rieron la gracia, sólo una persona le escribió: te pasaste. Cuando vio el error fue cuando comentó que se equivocó de grupo y le habló por privado pidiéndole disculpas, diciendo que era broma. Pero el daño ya estaba hecho».

Las influencers y el ejemplo

Parte de los menores encuestados por el Ministerio de Igualdad, consideran que para tener una buena relación de pareja la mujer debe evitar llevar la contraria al hombre. Con esta mentalidad de «decir sí a todo», Raquel argumenta que es todo producto de las «relaciones estilo Hollywood». «Todo tiene que ser perfecto, no hay comunicación. Por eso dices sí, quieres que él sea el príncipe azul o que ella sea la princesita rosa soñada. Las relaciones no deberían ser así, tienen que construirse desde dos personas, hablando».

Sin embargo, no se puede obviar también la fuerte influencia que tienen en los jóvenes los denominados influencers. El peso de las redes sociales es algo que se ha tener en cuenta sabiendo que forman parte del día a día de los jóvenes, sobre todo los adolescentes. Para Elisa puede ser «algo tan básico como un vídeo en Instagram».  «Sale una bloguera diciendo alguna perlita de mitos del amor romántico o cosas que tienes que hacer para tener una buena relación con tu novio junto con la típica lista de patochadas. ¿Sabes lo que le puede influenciar a una cría de 16 años ver a su ídolo diciendo esa serie de cosas? Me parece bestial incitar a las niñas más pequeñas a que lo vean como algo normal».

Mientras que los colectivos feministas se esfuerzan en llegar a los más jóvenes difundiendo mensajes de igualdad y mostrando cómo debe de ser una relación sana, algunas blogueras transmiten mensajes totalmente diferentes que contradicen todo lo anterior. Ante esta situación, Elisa declara que es algo que «se debería controlar». «La cantidad de cosas que pueden llegar a decir las blogueras, algunas totalmente superficiales, machistas y retrógradas. Al final lo que le dan a las crías es la imagen de que un novio es una persona con la que te haces fotos besándolo y que te tiene que traer regalos. Deberían de ser un ejemplo a seguir y muchas veces no lo son».

No es no

Hace poco, el país entero se conmocionó con el caso de «La Manada», un grupo de chicos que violaron en grupo a una joven diez años menor que ellos. En la manifestación del 8 de marzo, fueron muchas las pancartas que se hicieron eco del caso dando mensajes de apoyo a la víctima. De entre ellos el más común fue «Aquí está tu Manada», pero iba a la par junto con el «No es no», un mensaje que se ha repetido en cada pancarta o grito de protesta feminista desde hace años. Junto con los prototipos de género que se nos enseña desde niños, Raquel opina que a ellos «se les enseña a no respetar» y por ello aún ahora siguen habiendo problemas por ello.

«Una amiga mía de la asociación tuvo un acosador obsesionado con ella» revela Elisa, «por mucho que ella le repitiera que estaba en una relación y que no estaba interesada, él seguía insistiendo. No entendía que no es no. Tuvo que eliminarlo de todas partes: lo bloqueó por WhatsApp porque no paraba de hablarle con cualquier excusa, y tuvo que hacer lo mismo en las redes sociales donde él le escribía a cualquier cosa que ella subiera. Además, no solo estuvo acosada por él sino también por su grupo amigos, que la insultaban a gritos por la calle».

«¿Por qué no juegas al fútbol?»

Recientemente, Asturias ha incorporado una asignatura sobre igualdad de género en los institutos (como optativa para algunos). Aunque esto ha sido un pequeño avance en cuestión de educación, los micromachismos (pequeñas desigualdades machistas invisibles, incrustadas en la sociedad) siguen siendo lo usual. Para Nacho Hernández, miembro del mismo colectivo feminista que Raquel, no es nada extraño este concepto porque es algo que «siempre le ha pasado»: «Nunca me ha gustado el fútbol, no lo jugaba, prefería el baloncesto, y siempre estaba la pregunta: “¿por qué no juegas al fútbol?”» Esto es una situación habitual sabiendo la larga lista de micromachismos que aún se conciben como normales: el alcohol para ellos y el café para ellas, el estar de regla como justificación de que una mujer esté de mal humor, los hombres ayudan en las tareas del hogar (asumiendo que es algo que no es responsabilidad suya, sino de la mujer), ellos más altos y mejor remunerados económicamente que ellas, etc. «El verano pasado fui con mi mejor amiga a cenar a un restaurante, al pedir la cuenta me la dieron a mí directamente. No la puso en medio, me la puso a mí. ¿Por qué?, ¿porque soy un pavo? Es lo mítico de que seas un caballero».

«Una vez, en primero de carrera, cuando de aquella era más inocente que ahora, saqué mi primera matrícula de honor», recuerda Elisa, «estábamos en clase y se colgaron en el corcho las notas de todos. Nos acercamos a mirarlas y se ve. Elisa Costales: Matrícula de Honor, entonces oigo por detrás: “Anda, habrás ido al despacho porque si no, ¿de dónde?” Me pareció una humillación total a mi persona y a mi inteligencia. Le miré fatal y me dijo: es una broma y le conteste. ¿Esa broma se la habrías hecho a un chico?». Para Elisa, el oír este tipo de comentarios no es extraño, para cualquier estudiante femenina que saque notas altas no le es extraño. Este tipo de chistes sexistas, se ubican dentro de los micromachismos aunque a algunos les extrañe o lo consideren «exageración».

Según los colectivos feministas, la educación en la igualdad es la respuesta para evitar estos comportamientos. Aunque es esencial recibirla muy pronto desde casa, no se consigue nada si no se reciben refuerzos desde la sociedad o desde los centros educativos cuando aún se es un niño, desde donde se debe avanzar según vayas creciendo. Tanto para Raquel como para Elisa, la educación es «un sistema machista» que no refleja la igualdad que es necesaria. «No se detienen a pensar en la verdadera importancia que tiene» explica Elisa, «solamente podremos acabar con estas situaciones de desigualdad educando en igualdad, desde niños. En Educación Primaria deberían de quitar el prototipo ese de bombero: chico, enfermera: chica».

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