Ojo, que viene Bruselas

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Rajoy ya tiene Presupuestos. Dos años más de vida... política, se entiende. Pero bien sabe el presidente que no por eso va a navegar su balsa en un mar de aceite. Y si no lo sabe, ya está Bruselas para recordárselo. Que en los despachos de la capital belga son mucho de aguar las fiestas. Sobre todo, si son caras. Y a ojos de Europa, las cuentas de Montoro son «expansivas». Que es como en Bruselas se refieren a eso de gastar más de lo que se debiera.

Quiso el destino que la aprobación de los Presupuestos coincidiera ayer con esos exámenes económicos que hace el Ejecutivo comunitario de vez en cuando. Y que, en el caso de España, qué casualidad, incluían ayer la opinión sobre las cuentas que tanto le ha costado al Gobierno sacar adelante.

No han tenido reparos los funcionarios comunitarios en dejar entrever que no les ha gustado ni un pelo la subida de las pensiones pactada con el PNV para adecuarlas al IPC. Este año y el que viene. Ni en desvelar sus dudas sobre el compromiso del Gobierno con la reforma de las pensiones. Es más, de sus palabras se deduce que creen que España está desandando el camino recorrido en ese terreno. Y eso que el ministro Román Escolano se afana en asegurar, una y otra vez, que el Gobierno no ha aprobado una contrarreforma. No se lo creen.

Y avisan: como nos desviemos del objetivo de déficit, ya podemos ir preparándonos porque no les temblará la mano a la hora de exigir recortes. Si eso se produce, dicen, Rajoy «debe estar listo para tomar medidas adicionales».

Y no van desencaminados en los despachos belgas cuando recelan. Saben que el Ejecutivo ha puesto toda la carne del déficit en el asador del crecimiento. Y puede que el carbón no llegue. Con el petróleo por las nubes y la subida de tipos del BCE cada vez más cerca, los famosos vientos de cola -a los que tanto se refería el exministro De Guindos- que impulsaban la economía patria ya no soplan como antes. Más bien llegan por la proa.

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