«La chulería de la cliente de las plantillas le costó la denuncia»


La empleada del bazar chino que relató en redes sociales la odisea se siente «abrumada» tras constatar que superó los 55.000 «retweets» de internautas


Oviedo

Andrea Menéndez Faya no sale de su asombro. Se encuentra «abrumada» y totalmente sorprendida por la reacción que ha provocado el relato que hizo en la red social Twitter con la odisea vivida con una cliente que se negaba a abonar los 0,75 céntimos de euro que costaban las plantillas que, tras retirar el envoltorio de plástico, se había puesto en los zapatos y con las que pretendía, disimuladamente, abandonar el bazar chino donde ella trabaja como empleada, en Gijón.

En los cuatro años que lleva en el establecimiento, ha visto muchas situaciones de personas que intentan pasar desapercibidas perpetrando pequeños hurtos, pero nunca había llegado al extremo de que una de ellas se empecinara no sólo en eludir su previo paso por caja, sino que incluso negara lo evidente con «chulería», a pesar de que las cámaras de vigilancia la habían grabado en plena acción. Un empecinamiento que acabó con la intervención policial y la denuncia, de oficio, de los propios agentes que se desplazaron hasta el local. Más de 55.000 «retweets» de internautas convirtieron su comentario en «trending topic», tema de tendencia en las redes sociales. Hasta el exfutbolista del Real Madrid y el West Ham United, Álvaro Arbeloa, contribuyó a su difusión con un «retweet».

«Esta vez explotamos»

«Me va a reventar el móvil. Llevo todo el día recibiendo llamadas. No me esperaba que se fuera a liar de esta manera. Cuando escribí el tweet y abrí hilo lo último que pensé es que fuera a tener esta trascendencia», reconocía Andrea Menéndez, después de una jornada laboral donde era el foco de atención de medios de comunicación regionales y nacionales.

La joven asegura que los pequeños hurtos en los establecimientos regentados por ciudadanos de nacionalidad chinos son más habituales de lo que parece y, en la mayoría de los casos, el valor de los productos sustraídos es de escasa cuantía. Pero lo que no es tan frecuente es que los clientes, una vez que se han visto sorprendidos por los propietarios o empleados, nieguen la mayor y se enfrenten abiertamente con ellos, pese a que su imagen sea captada por las cámaras de vigilancia de los locales.

«La cliente con la que se ha celebrado el juicio por las plantillas ya la conocíamos de otras veces. Y esta vez explotamos. A otra gente que ha venido a robar les pillas con los botes de colonia en la mano y unos te piden perdón; otros lo niegan; pero esta vez la chulería le costó la denuncia», explica Andrea Menéndez.

Las comparaciones con Cifuentes

La empleada habla maravillas de su jefe, el propietario del bazar, un hombre normalmente de carácter tranquilo que, en esta ocasión, «explotó» harto de ver cómo la cliente que había sido sorprendida en cinco ocasiones anteriores en situaciones similares en la tienda no sólo no pensaba abonar las plantillas que llevaba puestas, sino que incluso se encaraba con ellos y con los policías que acudieron a la intervención. Andrea Menéndez afirma que está «encantada» con la actuación policial, ratificando la versión del propietario y refutando la de la cliente.

«Hay clientes que vienen con frascos de ambientador a la mitad para recargarlos aquí o han cogido dos agujas de una caja», comenta la empleada que incluso escuchó varios comentarios donde comparaban el caso de la cliente con el de la expresidenta de la Comunidad de Madrid y del Partido Popular, Cristina Cifuentes, por el famoso vídeo que le costó su carrera política y donde se la ve con un par de cremas de una superficie comercial que no habían sido previamente abonadas.

La vuelta a la normalidad

«Yo normalmente en Twitter escribo alguna cosa de fútbol o tonterías y tengo cuatro o cinco retweets y algún que otro comentario, pero lo que me ha pasado ahora es lo último que me esperaba. Estoy desbordada. Al principio cuando vi que había mil retweets pensé que era gracioso, pero cuando vi que iba subiendo ya estaba atacada», admite.

Confía en que esta situación poco a poco vaya sosegándose y pueda recuperar el ritmo normal de su actividad diaria. «No quiero que vengan a mi trabajo ni a cotillear, ni a molestar. Aquí estamos trabajando. Es un barrio tranquilo y queremos que así siga siendo».

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