Las incógnitas que encierra Santa María la Real

Claudia Granda REDACCIÓN

ASTURIAS

Monasterio de Tineo
Monasterio de Tineo Alejandro Badía

El monasterio situado en Obona data del siglo IX y su historia guarda más de un enigma

02 jul 2018 . Actualizado a las 11:24 h.

Tal vez los monasterios sean de las construcciones que más historia guarden entre sus cuatro paredes. Su antigüedad, su belleza y su arquitectura, víctima del paso de los años y de las diferentes manos por las que han pasado, hacen de ellos lugares mágicos. Al igual que el monasterio de San Salvador de Cornellana, el de Santa María la Real de Obona, en Tineo, guarda más de un secreto que no dejará indiferente a nadie.

La primera incógnita que rodea a este monasterio es su origen. Se cree que Santa María la Real de Obona fue fundada en el siglo IX por el príncipe Adelgaster y su mujer, doña Bruñilde. De este soberano, que se dice habría sido hijo del rey Silo, no existen apenas referencias documentales por lo que hasta su existencia es a día de hoy dudosa. El documento fundacional del edificio es considerado por muchos una mera falsificación destinada a concederle al lugar una impronta de la que habría carecido inicialmente. Aún así, dentro de la iglesia, en el muro septentrional del altar mayor existe una lápida funeraria que indica el lugar en el que se encuentra sepultado Adelgaster. Tras el altar, una tabla de madera muestra una pintura en la que, según cuenta, aparece representado este príncipe. 

Interior del Monasterio de Santa María la Real de Obona, en Tineo
Interior del Monasterio de Santa María la Real de Obona, en Tineo Daniel Martín

En el siglo XII el monasterio era un importante centro benedictino masculino compuesto por un templo, un claustro, dependencias conventuales y hospedería. Actualmente es la iglesia, construida en este siglo, el elemento que más antiguo de la construcción. Un templo románico que se conserva con escasas modificaciones y que aúna la arquitectura benedictina con la estética cisterciense, basada en la carencia de decoración y en la austeridad mural. La planta basilical se divide en tres naves de cinco tramos, rematándose en una cabecera triple, precedida por un tramo recto, donde la capilla mayor es mucho más grande que las laterales. Esta iglesia está dedicada a San Antolín y en su interior guarda una talla sobre el Altar Mayor del Santo Cristo de Obona.