Redacción

«Por las buenas es una bellísima persona…», afirman los buenos conocedores (y amigos) de Francisco Álvarez-Cascos. ¿Y por las malas? Cristina Coto debe estar tragando saliva tras su duro comunicado contra el secretario general (o general secretario) del partido. En estos tiempos en los que se precipitan los acontecimientos (que se lo digan a Rajoy) la caída de Cristina Coto en apenas unas semanas no debería sorprender a nadie. Lo que sorprende son las formas: agrupaciones locales que alzan la voz, presuntos casos de explotación laboral en la Junta, ruptura interna del grupo parlamentario. El resultado es una Cristina Coto completamente aislada, a la que Foro relegaba un futuro como candidata de Oviedo, donde el partido ni siquiera tiene representación. Se trata por tanto de una rebelión contra la presidenta de un partido que no preside y que ni siquiera tiene un sector del partido a su lado. Los casquistas apuntan ahora que Coto quiere mover su silla en dirección a Mercedes Fernández, a reunirse de nuevo con su viejo partido. ¿Tiene más balas Cristina Coto en la recámara antes de ser historia en Foro? Algunos creen que sí. Veremos.

El vértigo de la izquierda

En ese vértigo que padece la política en los últimos tiempos, la izquierda gijonesa se mueve como pez en el agua. La moción de censura propuesta por IU ha desencadenado también debates internos en los otros dos partidos. En el PSOE gijonés, donde Josechu Pérez llegó a poner su cargo a disposición tras comprobar oposición interna (y externa) a su figura. Y en XsP ha permitido relucir la fractura entre el sector de Mario Suárez del Fueyo y el de la concejala Verónica Rodríguez. En una moción que requiere unir a las partes, la izquierda se encuentra profundamente desunida. Y no solo en el nivel interno: las relaciones entre los tres partidos está plagada de dientes de sierra. Aurelio Martín (IU) se niega a ser candidato, a Josechu Pérez no le quieren candidato ciertos militantes (no así la ejecutiva) y Mario Suárez no tiene los ediles  necesarios para ser alcalde. La ecuación parece irresoluble, aunque no imposible: que miren de reojo a Oviedo. Moriyón, mientras tanto, sigue a la espera.

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Coto, aislada y con balas en la recámara