Este bicho vale un euro

El parásito para acabar con la avispilla del castaño se ha de comprar a otros países. Su coste corre a cargo de cada comunidad autónoma hasta que no se legalice la suelta generalizada en España

Torymus Sinensis
Torymus Sinensis

Redacción

La Avispilla del Castaño llegó de Asia como vienen haciendo otras especies invasoras desde hace un tiempo lleno de desesperación para los productores. Su expansión es especialmente virulenta en Galicia, región que se encuentra invadida casi al completo. En Asturias, en cambio, se concentra principalmente en la zona central y, a diferencia de la comunidad vecina, su impacto no es tan virulento como se podría esperar. No obstante, la única manera de acabar (o controlar) la plaga es mediante la suelta de Torymus Sinensis, una especie de avispa parasitoide que se encarga de poner sus huevos en las larvas de las invasoras para, literalmente, devorarlas sin compasión. Cada uno de ellos mide medio milímetro y su precio es de un euro por unidad. Un coste que Jesús Casas, Director General de Desarrollo Rural del Principado de Asturias, califica de «excesivo».

«El conocimiento que tenemos de la Avispilla del Castaño en Asturias es de 2014», cuenta Casas. Pero a España llegó por Cataluña en el 2012. Su presencia en los ecosistemas nacionales va aumentando con el paso del tiempo y en el Principado se concentra en toda la zona de la montaña central, «desde Belmonte, hasta Laviana y desde Oviedo, hasta Lena», comenta. La diferencia entre la extrema preocupación por la avispilla en Galicia y la aparente calma en Asturias se debe a una cuestión básica. Como bien explica el director de Desarrollo Rural, «la plaga afecta fundamentalmente a la producción de fruto. Sin embargo, aquí el castaño no se destina a fruto, sino a madera». De alguna manera la gran presencia de las agallas de la avispilla en los castaños puede debilitar el árbol e incluso contribuir a que su crecimiento se reduzca ligeramente, pero nada de ello afecta a la calidad final de la madera.

Las agallas se rompen cada primavera, lo que significa que nace una nueva generación de avispillas cada año. Para combatirlas, es evidente que no se pueden emplear medios químicos, ya que se corre el riesgo de dañar tanto al árbol como a las distintas especies que pululan a su alrededor. Pero «la naturaleza es muy sabia», sostiene Casas «y a lo largo de toda la evolución se han creado mecanismos de control para que ninguna especie se desmande». En el caso de la Avispilla del Castaño, los elementos de control naturales son otras avispillas, mucho más pequeñas.

El Torymus Sinensis

Esta avispa parasitoide, como no podría ser de otro modo, también viene de Asia. Lo que significa que para poder obtener estos torymus solo hay dos opciones: comprarlos o producirlos en laboratorios. En España todavía no está legalizada la suelta generalizada de la especie, por lo que lo único que se permite son las sueltas experimentales. Para ello, cada comunidad ha de solicitar permiso al Ministerio de Medioambiente, comprar los torymus a otro país que sí los produzca, soltar un número determinado y justificado según el impacto de la plaga en el territorio, y mantener un seguimiento activo.

«Soltar una especie exótica siempre tiene sus riesgos ambientales», mantiene Casas. «Si bien, lo que nos va diciendo la experiencia de otros países es que esos riesgos no son tantos en este caso en concreto». Las consecuencias son reducidas. Bien puede suceder que estos torymus desplacen a los autóctonos (que hasta ahora, al no conocer a la Avispilla del Castaño, no ponían sus huevos en ellas) o que se acostumbren a parasitarla del mismo modo que hacen con otras avispillas.

En cualquier caso, «esto es una cuestión de tiempo», mantiene Casas, «en otros países está ya funcionando». Según su criterio, la suelta generalizada debería autorizarse. «Entiendo que desde el Ministerio de apliquen el principio de precaución y que se sitúen en la seguridad», explica, «pero, mientras tanto, tenemos que comprarlos a países donde es legal producirlos, básicamente Italia, y son muy caros: cada bichito de medio milímetro cuesta un euro», argumenta. Un precio que se vería reducido en el momento en el que fuese  legal. Entonces, habría entidades públicas y privadas que empezarían a cultivar el torymus asiático, «bajarían los precios y sería mucho menos oneroso el tratamiento».

En 2017 se soltaron en Asturias un total de 35 dosis (cada una equivalente a un tubo de ensayo) de 6.650 torymus. Este año se soltarán 116 dosis de 22.000. Cada número se traduce en un coste que se asume de los presupuestos generales de cada comunidad autónoma. «Nuestro objetivo es seguir haciendo sueltas experimentales hasta que se legalice formalmente», asegura Casas.

En Asturias, un problema temporal

Pese a que no deja de ser una plaga, el horizonte se ve bastante despejado, al menos en Asturias. «Estamos comprobando que los torymus autóctonos empiezan a parasitar a la avispilla, lo cual es muy estimulante», cuenta el director de Desarrollo Rural. «Cuando abres las agallas salen muchos torymus incluso en zonas donde no los hemos soltado». Es la señal definitiva de un cambio halagüeño.

«La plaga será un recuerdo en un periodo de 5 a 10 años», afirma con seguridad Casas. Lo que no quiere decir que se vaya a erradicar por completo. «La avispilla ha llegado para quedarse, pero tiene un controlador natural que acabará legalizándose. En cuanto podamos utilizarlo no habrán graves problemas económicos y, además, quizás lo mejor, nuestros torymus están aprendiendo que la larva de la avispilla del castaño también está buena para depositar sus crías». Todo ello le lleva a concluir que, aunque durante unos años se verá cómo crece la población de la especie, después tenderá a la estabilización. «La naturaleza está de nuestra parte», sostiene. Si a ello se le suma que en el Principado, dado el fin que se deriva de los castañales, apenas se percibe un impacto económico notable, Casas no duda en afirmar que esta historia tendrá «un final feliz».

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