La imperiosa fortaleza de Allande

El palacio de Cienfuegos de Peñalba es protagonista de una de las estampas más singulares del Camino de Santiago

Allende
Allende

Redacción

Muchos de los peregrinos que se animan a realizar el camino primitivo se topan, a su paso por Allande, con una colina coronada por un palacio del siglo XIV. El palacio de Cienfuegos de Peñalba es el protagonista de una de las estampas más singulares del Camino. Su construcción en altura responde a una necesidad de defensa y su sobriedad resalta su fuerza. Reconstruido en 1520 por Rodrigo González de Cienfuegos y remodelado posteriormente en el siglo XVIII, conserva diferentes detalles de épocas artísticas como su parte baja gótica o su patio con elementos decorativos renacentistas.

El palacio posee de tres torres y una planta en L, lo que denota su carácter de fortaleza defensiva. Su reforma posterior buscó adaptar el lugar como residencia del conde de Peñalba, al que le debe su apellido. Su estructura erige tres torres, cada una con unas características singulares, que dotan de una fuerte monumentalidad al edificio. De las tres, las dos más antiguas son cuadrangulares, mientras que la más moderna presenta una planta rectangular. Esta última adquirió el privilegio de una galería en el siglo XIX.

En su interior constaba de las típicas características de los grandes palacios señoriales. Así, se componía de oratorio, sala, antesala, salón, dos corredores, veintitrés dormitorios, cocina, cuatro chimeneas, caballeriza, cinco establos y una muralla circundante. Nada faltaba en esta imperiosa construcción declarada Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, el 26 de enero de 1994.

A lo largo de los años ha sido objeto de diferentes remodelaciones, ya que actualmente se encuentra en un proceso de ruina progresiva a causa del deterioro producido por las lluvias y las filtraciones de agua. La última restauración data de 2008, cuando se recuperaron las formas y colores originales de la galería de la tercera torre.

Lamentablemente, se trata de un edificio de propiedad privada, por lo que no puede visitarse. Sin embargo, el poso de apreciar su imponente silueta exterior, en la que predomina su austeridad decorativa en torno a un paisaje puro y natural, llevará al viajero a una suerte de ensoñación hacia los tiempos viejos tiempos de señoríos y dominios sobre las tierras.

 

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