Asturias debate prohibir los teléfonos móviles en la escuela

Padres, docentes y expertos educativos analizan si es necesario seguir el ejemplo de Francia o si el futuro pasa por educar, como sostiene el consejero Genaro Alonso

Teléfonos móviles
Teléfonos móviles

Redacción

«¿Necesitas un ordenador para comer? No, ¿verdad? Para comer se necesita un cuchillo y un tenedor o una cuchara. Pues lo mismo pasa con los móviles. ¿Para qué se necesita un teléfono en clase? Si quieren utilizar las nuevas tecnologías que recurran a una táblet que no tiene otras implicaciones y se evitan tentaciones de mandar mensaje». El que se expresa con esta vehemencia es Miguel Silveira, un psicólogo infantil asturiano alarmado por el incremento de casos de déficit de atención que llegan a su consulta. Silveira es un firme defensor de las medidas que quiere adopta Francia, cuyo Gobierno baraja prohibir los móviles en los colegios. Sin embargo, su opinión no es la mayoritaria. Padres y sindicatos consideran que es más acertado permitir su uso y enseñarles cuándo usarlo y cuándo no. Es más, la pedagoga Aquilina Fueyo, experta en tecnología de la educación, considera que puede ser una herramienta muy útil y que no tiene sentido convertir a los centros en una isla apartada de la realidad social. 

Asturias debate sobre el uso de los móviles en los centros después de que el consejero de Educación, Genaro Alonso, tomara partido públicamente esta misma semana en contra de la prohibición. Alonso fue incluso contundente y dio un repaso a las familias. El consejero señaló que la prohibición «va contra la propia naturaleza de los procesos de enseñanza y aprendizaje, que cada vez se apoyan más en plataformas y aplicaciones informáticas». Defendió el uso de los teléfonos de manera «razonable y justificada frente a la prohibición ciega». Incluso, consideró una contradicción de los padres que permiten el uso de los teléfonos en casa y luego quieren que se prohíba en los centros. «Cada palo que aguante su vela», dijo. Los docentes y las asociaciones de padres y madres coinciden en líneas generales con su planteamiento, así lo expresa tanto la presidenta de la Junta de Personal Docente, Emma Rodríguez, como la presidenta del colectivo Miguel Virgós, Clara Díaz.

En la actualidad, los centros educativos asturianos pueden decidir dentro de su normativa interna si permiten o no a los alumnos entrar con los teléfonos. Muchos de ellos, de hecho, tienen regulada esta prohibición y retiran las terminales si los ven a estudiantes con ellas en la mano. En casos como, por ejemplo, el IES Astures de Lugones, se exige la presencia de los padres para devolverlo. Otros, en cambio, proceden de una manera más informal, sin una regulación explícita. El problema parece presentarse en Secundaria. Los centros de Primaria pueden tener casos aislados pero generalizados de uso del móvil.

Los expertos

Silveira cree que solo un Gobierno con fuerza y con las ideas claras se atreve a legislar la prohibición de usar el móvil dentro de los colegios. «Y ese no es el caso del consejero asturiano», sentencia. «¿Para qué se necesita un teléfono en un aula? Qué alguien me lo explique», reclama. Los alumnos están localizables y los padres saben dónde encontrarlos, pasan entre cinco y siete horas en clase, en función de la etapa; los cambios de clases son breves y los recreos el momento para interactuar con compañeros. En resumen, «no lo necesitan para nada», según Silveira, que argumenta que a día de hoy es «el instrumento distractor más importante». En todo caso, sí que entiende el uso de las táblets, que no contienen las implicaciones de los móviles.

Las tesis de Silveira, sin embargo, no parecen las mayoritarias. La pedagoga Aquilina Fueyo está en contra de la prohibición y se basa en tres tipos de argumentos. El primero es que puede ser una herramienta educativa que ayude a despertar el interés del alumno, ya que es una biblioteca, una grabadora, una cámara, un dispositivo con aplicaciones. El segundo consiste en integrar el teléfono como una herramienta de trabajo y no solo como parte del ocio. «Si se introduce en la escuela se les abre otro campo y aprender a hacer una consulta responsable. Tienes que saber apagar cuándo toca», explica. Incluso cree que, dentro de este proceso, las familias también deben recibir formación sobre los pros y los contras de cada acción. «El móvil va a estar ahí. Es inevitable. Así que tenemos que enseñarles a convivir con él. Como no es sano que lo tengan todo el día conectado no es realista que en los colegios esté prohibido. Estás despertando el interés por el objetivo prohibido. Como no se lee una revista en clase, tampoco se mandan mensajes», sostiene. El tercer pilar de su posición se basa en mostrar los usos constructivos y no el mal uso de internet o las redes, para prevenir desde el acoso a la divulgación inconsciente de la intimidad.

En cambio, Miguel Silveira cree que esa labor corresponde más a los padres que a los docentes. Es decir, que tiene que ser en el ámbito familiar cuando se dedica en qué momentos está conectado y dónde, como pasa con el ordenador o con una consola. «Tienen horas de sobra a lo largo del día o del fin de semana para usar el teléfono. Los padres tienen que decidir», explica. Se muestra, de hecho, «escandalizado» con los cuadros diagnósticos que se está encontrado en su consulta, con niños de tercero y cuarto de Primaria, con menos de 10 años que ya tienen su propia terminal. Le cuesta, muchas veces, mantener el contacto ocular, que es la técnica básica para comenzar a mejorar la atención. «Existe un déficit de atención galopante. Se distraen constantemente. La tecnología no es la única causa pero contribuye bastante», insiste.

Familias y docentes

Clara Díaz, la presidenta del colectivo Miguel Virgós, mayoritario en la escuela pública asturiana, asegura que «no se pueden poner puertas al campo». Díaz es partidaria de «educar, educar y educar, no prohibir». Lo dice una madre con un hijo y una hija, de 15 y 13 años respectivamente, que todavía no tienen móvil. «Es difícil ir contracorriente. Sé que es raro. Pero hay que explicar mucho, explicar y dialogar», reconoce. Pese a su postura personal no es partidaria de que las administraciones metan mano. Tienen que ser las familias las que actúen. «Igual que no llevan la guitarra al colegio porque no la pueden tocar, que no lleven el teléfono. Pero eso es tarea de los padres», reconoce. Del mismo modo que cree que son las familias las que tienen que corregir el mal uso que se realiza de las redes sociales, «ya que una infracción puede cometerse dentro o fuera del recinto».

Esto es así porque entiende que algunos colegios pueden usar las terminales como herramienta pedagógica, ya que las nuevas tecnologías son algo imparable. «Un alumno tiene que cumplir las normas del centro y respetar al profesor. Eso es lo que tienen que hacer tanto con los móviles como con el resto», afirma.

La Junta de Personal Docente no Universitario no tiene ningún pronunciamiento expreso sobre el uso de los teléfonos dentro del recinto educativo pero sí que tiene uno de apoyo a los profesores que sufren casos de acoso como consecuencia del mal uso de los dispositivos móviles. Es una realidad que también hay que tener en cuenta cuando se analiza la relación de tecnología y educación. «Cuando a un docente le toca algo así es muy duro. Algo incontrolable. Si suben fotos, mensajes. Te rebajan a un mono de feria. Minan tu autoridad moral», detalla Emma Rodríguez, la presidenta de la Junta. 

Rodríguez es maestra de Primaria en Bimenes. En su centro no han registrado ningún problema pero sabe de compañeros, también de Primaria, con casos sangrantes. «Una compañera me contó que quitó el móvil a un niño que lo estaba usando y al día siguiente llegó con otro» relata. Esta docente, portavoz de SUATEA, reconoce que es un asunto complejo. No es partidaria de prohibir pero precisa que se necesita la implicación de los padres. «En los colegios no compramos móviles a los niños», razona. Los maestros pueden vigilar pero no pueden estar presentes en cada rincón en cada momento para ver qué están haciendo los alumnos. Al igual que Aquilina Fueyo, Emma Rodríguez es más partidaria de educar, darles herramientas para hacer un buen uso de todos los dispositivos y también prevenir malos comportamientos.

En su caso, sí que cree que el móvil puede ser útil. No tiene pizarra digital, así que muchas veces lleva su propio ordenador o una táblet. «Por qué no un móvil si es útil para un caso concreto», razona.

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