«Mi hija entró con latido y se murió en el Huca»

Una mujer denuncia la muerte del bebé del que estaba embarazada de 39 semanas cuando ya había ingresado en el hospital. Acusa a los facultativos de homicidio imprudente profesional en contra el criterio de los forenses y la fiscal


Redacción

Anca Vasile afrontaba la recta final de su embarazo. Estaba en la 39 semana de gestación cuando, el pasado 6 de marzo, acudió al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo, con un diagnóstico de «sensación de dinámica uterina, con estado prodómico (propio) de trabajo de parto». Los facultativos que le atendieron, por la mañana, le recomendaron volver a urgencias ginecológicas si las contracciones se repetían «cada 3 ó 5 minutos». Y volvió por la tarde porque notaba que «empezaba a encontrarse mal».

¿Qué pasó en esa media hora?

El informe de exploración obstétrica a la que fue sometida certifica que a las 20.09 horas de ese mismo día se constataba una actividad cardiaca «positiva fetal» y, sin embargo, apenas media hora más tarde, a las 20.33 horas, la actividad cardiaca ya era «negativa». El parto se produjo esa noche y la niña que esperaba, para la que había escogido el nombre de Sofía Nicoleta, nació muerta. Tres semanas después, Anca Vasile denunciaba, por la vía penal, a «la matrona, la ginecóloga y al resto del personal del Huca» del que pudiera derivarse su responsabilidad en la muerte de su pequeña. Su abogado calificó los hechos como un delito de homicidio por imprudencia profesional.

Un mes y medio después del parto ya había resolución judicial. La magistrada-juez Simonet Quelle Coto, titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Oviedo, dictaba un auto, el pasado 27 de abril, por el que decretaba el sobreseimiento provisional de las actuaciones. Su decisión contaba con el respaldo de la fiscal Carmen Rodríguez, quien a su vez se apoyaba en los informes emitidos por dos médicos forenses que avalaban que la actuación médica «en el seguimiento del embarazo fue la adecuada tato en forma, como en tiempo, con los controles, analíticas y pruebas para garantizar un buen embarazo».

«Las matronas me mandaron a casa»

Los forenses advertían en los informes que el 6 de marzo «el feto estaba vivo» y que la ecografía y exploraciones ginecológicas practicadas, así como las monitorizaciones efectuadas eran «las habituales en el seguimiento de un embarazo», concluyendo que la actuación médica fue «la adecuada a una lex artis médica normal y correcta».

Anca Vasile no puede evitar las lágrimas cada vez que rememora cómo fue su traumática experiencia en el hospital y revive cómo afrontó su parto en esos duros momentos. «Yo tengo otra hija de siete años y cuando fui la primera vez al Huca, el 6 de marzo, porque me encontraba mal, las matronas me dijeron que si no sabía qué eran las contracciones y me mandaron para casa. Volví a las siete horas de nuevo a Urgencias. Cuando llegué al hospital mi hija tenía latido y sólo me hicieron una ecografía, en vez de monitorizarme, y media hora después no tenía latido. Mi hija se murió en el Huca», incide.

Su principal queja parte de la falta de empatía que considera que se dio en su caso, especialmente en esos primeros momentos «cuando se sufre una pérdida tan grande. Las madres que pasamos por estas situaciones nos encerramos en el duelo, en el dolor, y no nos quedan fuerzas para luchar por nuestro derecho a recibir una buena atención médica y una buena justicia», lamenta.

«Denunciar a los médicos decían que era complicado»

Está muy dolida por las dificultades que ha encontrado para denunciar a la institución médica y a los profesionales que le atendieron. Afirma que contactó con varios abogados para llevar esta causa por la vía penal y encontró muchas reticencias a ofrecerle el asesoramiento que precisaba, porque alegaban que «era complicado ir contra los médicos por el corporativismo que existe. Decían que iba a ser muy difícil». Ella, sin embargo, no tiró la toalla y siguió adelante hasta conseguir su objetivo de emprender acciones penales porque está convencida de que le asiste la razón. Se apoya en el hecho de que, cuando llegó al Huca, «mi hija estaba viva, porque tenía latido» y cuando abandonó el centro, «mi hija estaba muerta. Incluso el informe de autopsia señala que hubo sufrimiento fetal», expone mientras exhibe la documentación que corrobora sus palabras.

Anca Vasile no entiende cómo la titular del juzgado no ha visto la posible existencia de una actuación profesional negligente en la atención inicial recibida, ni comprende que los forenses no apreciaran la existencia de mala praxis. Sólo está satisfecha del trato que tuvo cuando entró en la sala de partos. «Ahí la atención fue correcta. Fueron más amables conmigo en esos momentos tan difíciles». Ella se sintió una «afortunada» porque le dejaron vestir a su bebé muerta «con su ropita, pude guardar su gorrito y un mechón de pelo. En esos momentos con respirar ya es bastante», comenta agradecida al personal asignado a partos.

No tiene la misma buena opinión de que el Huca le pusiera a su disposición a una psicóloga al día siguiente del parto. «Después de que pasara todo, ya de nada me valía. Tenía que haber sido el mismo día», explica.

«No era un feto, era mi hija»

Su malestar es más que evidente por la falta de tacto que dice que sigue notando en los profesionales del centro hospitalario. «El otro día fui a hacer unas pruebas de hematología y el medico hablaba de mi hija Sofía como un feto. Pero yo le dije que era un bebé, era mi hija, yo la parí, no era un feto. Es durísimo todo esto», dice entre lágrimas mientras confía en que el caso no se sobresea definitivamente y llegue a agotar todas las vías judiciales posibles.

«Si hubieran venido tres médicos. Se hubieran sentado conmigo y me hubieran dicho que hay veces que pasa esto y me lo hubieran explicado, no hubiera seguido adelante, pero no pueden limitarse a decir que son casos que pasan y no decirte por qué se murió si tenía latido cuando estaba en el hospital», sostiene Anca Vasile, mientras reitera que luchará hasta el final para hacer justicia a «mi hija, a mi Sofía Nicoleta».

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