Hasta 190 pacientes participan en ensayos clínicos en Asturias

Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias se encarga de poner a prueba fármacos con el fin de mejorar su efectividad. Hasta el 80% se desarrollan en oncología al concentrar los tratamientos más novedosos

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Investigadores realizando pruebas en un laboratorio

Redacción

Existen pacientes para los que la única posibilidad de ver la luz ante una patología agresiva es participar de manera voluntaria en un ensayo clínico, un proceso de investigación que pone a prueba fármacos en fase de experimentación para su futura comercialización, aunque también existen en fármacos ya comercializados para averiguar si es posible adherirle indicaciones nuevas. Los más comunes se producen en terreno oncológico. En Asturias, en este área se concentran hasta el 80% de los estudios y los encargados de llevarlos a cabo están en el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (IISPA), bajo la gestión de la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Asturias (FINBA), ambas instituciones dirigidas por Enrique Caso, que trabaja mano a mano con el HUCA.

«La actividad de ensayos clínicos y su gestión es una actividad mixta en donde se cubre una parte asistencial y otra de apoyo», explica Caso. La primera se refiere al tratamiento que se le proporciona a un paciente, la segunda a la labor de investigación que normalmente desarrolla un promotor externo, es decir, empresas del sector farmacéutico. «También existen ensayos en los que el promotor es un médico propio hospital, aunque no suelen ser habituales», comenta el director del IISPA. Solo el 20% de los ensayos a nivel nacional se promueven por investigadores en el seno de los hospitales; el resto se desarrollan por la industria farmacética.

Considera Caso que «el instituto es la mejor herramienta para la investigación sanitaria en Asturias», una escisión habitual producida en los hospitales con el fin de concentrar la excelencia científica. «Gracias a ello hemos podido controlar la actividad mediante una gestión administrativa, económica y de calidad», cuenta, cuyo principal valor es el «beneficio social», sostiene. Los proyectos en los que participan tienen un eje multicéntrico, en el que la suma de los diferentes resultados proporcionados por los distintos centros sanitarios que participan en un mismo ensayo garantiza la seguridad del fármaco.

El proceso

Los ensayos clínicos son proyectos con objetivos diversos. Pueden, por ejemplo, tener como fin último proponer el uso de un fármaco con una dosis o bajo una indicación determinada. «Se selecciona al paciente que pueda ser candidato bajo su consentimiento expreso», explica Caso. Si acepta, se le suministra el medicamento bajo unas «fortísimas condiciones de calidad gestionadas a por un Real Decreto de ámbito internacional con el objetivo de que todas las empresas puedan acceder a distintos centros clínicos de una manera más o menos estandarizada», comenta.

La elección del paciente viene determinada por su adecuación a una serie de parámetros, lo que Caso denomina criterios inclusión y exclusión. «Si el paciente cumple todos los criterios de inclusión y no cumple uno de exclusión no puede entrar». Pero por encima de todos los criterios se sitúa el consentimiento. «El paciente debe firmar una serie de documentación que ha de haber leído previamente», sostiene, en la que se indican los riesgos y beneficios estimados por el promotor.

Para poder conseguir resultados valorables, en cada ensayo debe haber un número apropiado de pacientes. La cifra suele variar en función de los objetivos que se pretendan conseguir. No obstante, sostiene Caso que, al tratarse de ensayos multicéntricos, «se permite que cada centro aporte un número determinado y la media global es la que da la estadística del éxito de los resultados».

Los datos

Los datos son el principal valor de cada ensayo clínico, ya que permiten comparar los resultados entre los distintos centros y obtener un resultado final. Garantizar su calidad es, a juicio de Caso, lo más importante de todo el proceso. Tarea bajo la cual se sitúa el monitor, «una suerte de auditor que ha de controlar que todo lo que se dice en el protocolo clínico que hay que hacer, se hace, y que el dato clínico que se aporta es verídico, en tanto que cierto, y válido, en cuanto a que se ha hecho en el momento en el que el protocolo lo ha establecido», argumenta.

Partiendo de esa base, cada pequeño incidente que sufra un paciente ha de ser comunicado en menos de 24 horas al monitor, ya que es importante descartar que, tras una simple caída, no se encuentre un efecto adverso del fármaco. «La calidad y el control es primordial», insiste el director del IISPA.

No es un trabajo sencillo. Requiere de profesionales con una buena formación en investigación. «Es importante saber cómo manejar a un paciente que se somete a un ensayo clínico», cuenta Caso. Los médicos del hospital deben seguir las indicaciones proporcionadas por el instituto, aunque siempre prevalecerá la justificación médica. No obstante, en esos casos en los que el profesional decide saltarse las indicaciones de los investigadores por una causa razonable se ha de valorar si el paciente debe salir del estudio para no influir en la validez de los resultados.

El beneficio

Caso no duda: «El principal beneficio recae sobre el paciente. Sin ensayos clínicos habría enfermos que no tendrían ninguna alternativa terapéutica». Pero hay más. La totalidad de los ensayos clínicos proporcionan al instituto investigador los fármacos de manera gratuita, lo que se traduce en un aporte económico para el hospital, que se ahorra los costes del medicamento y sufraga con los medios de la empresa promotora todos los gastos que conlleva el estudio, desde las pruebas a los salarios de los investigadores requeridos para cada proyecto. 

Es una prestación de servicios que se ha de rentabilizar. «Ofrecemos nuestro conocimiento y tecnología a cambio de una cuantía», sostiene Caso. Cada ensayo trae consigo una cantidad concreta que se ha de valorar a la hora de aceptarlo. Pero las cuantías no son fijas. «Puede ser algo simple, como una pastilla, cuyo coste y gestión equivalga a unos 50 euros por paciente, o puede ser uno que requiera 5.000 por paciente por el trabajo y dedicación que requiere», explica. Si no se cubren los gastos mínimos el ensayo está destinado al fracaso, ya que no se podrán realizar todos los pasos.

Las condiciones del IISPA

La unidad se empezó a estructurar a principios de 2017, para ponerse en marcha en abril. En junio llegó Caso para dirigir la actividad. Aunque antes de la estructuración del mismo ya se practicaban ensayos en el HUCA, no existía la materia organizada como tal para facilitar el desarrollo de estos proyectos bajo un control más exhausto y con una difusión dinámica. «Ahora, todas las gerencias conocen nuestra labor y en la medida que necesitan soporte estamos a su dispocisión», cuenta.

El personal investigador para cada proyecto fluctúa en función de las necesidades. En la propia unidad hay entre dos y tres personas fijas, el resto son contratos temporales. Explica Caso que, en el área de oncología, donde la mayor parte de los tratamientos están bajo ensayo, el médico necesita que se le recuerden los protocolos, «ya que puede tener varios pacientes con el mismo diagnóstico (cáncer de pulmón) sometidos a distintos tipos de ensayo», mantiene. Por eso tendrá siempre a una persona, el coordinador del estudio, para recordarle las indicaciones concretas en base a un protocolo específico.

En este momento el instituto cuenta con cuatro personas en oncología, otras dos en cardiología, y pronto pondrán en marcha un nuevo ensayo cuya carga requerirá de siete profesionales. Una vez se acaba el proyecto, se acaba el contrato.

El tiempo también es variado. Hay ensayos que pueden durar entre tres y cuatro años, como suele ocurrir en los tratamientos oncológicos y cardiológicos, en los que cada profesional puede estar trabajando en diferentes ensayos simultáneamente; como también pueden existir otros que apenas duren unos meses porque los datos que se solicitan son más sencillos, como puede ser a la hora de conocer la proyección de una vacuna.

Fases del ensayo clínico

Fase 1. Valoración del fármaco: cómo llega al cuerpo, cómo se mueve, qué dosis se ha de establecer. Todos estos aspectos clínicos que previamente se han ensayado en sujetos animales se ponen a prueba en sujetos humanos. Es lo que se conoce como fase preclínica y es el primer paso para obtener un efecto del fármaco en voluntarios sanos.

Fase 2. Evaluación de la eficacia y efectividad de la sustancia en pacientes: obtener información preliminar de la eficacia del fármaco en base a dosis-respuesta. Aquí hay que tener en cuenta que se ha de variar el tipo de pruebas para comprobar cuáles tienen mayor eficacia en función del ensayo. Todo ello permite obtener una valoración de la seguridad del uso del fármaco en las condiciones adecuadas. Se suministra en pacientes y está controlado completamente por el personal médico y de investigación.

Fase 3. Reproducción: intentar reproducir los conocimientos de la fase 2 en el entorno habitual del paciente que, puede padecer una enfermedad pero ya hace vida normal en su casa. Aquí se evalúa si el fármaco mejora significativamente en comparación con otros ya existentes para saber si merece la pena introducirlo o no en el mercado. El número de pacientes es más amplio y representa a un tipo de población más general. Se trata de estudios controlados y aleatorizados, ya que a unos pacientes se les suministra el fármaco estándar y a otros el propuesto a introducir de manera aleatoria para garantizar la efectividad.

Fase 4. Nuevos usos: cuando ya el fármaco está comercializado pero se valoran condiciones de uso distintas para las cuales se creó. Por ejemplo, si después de la experimentación de las fases el fármaco produce algún efecto como estreñimiento, podría plantearse su utilidad como antidiarreico.

Oncología, la patología que más ensayos concentra

A lo largo del año anterior hasta 190 pacientes firmaron su participación en un ensayo clínico, lo que Caso considera escaso para un hospital como el HUCA, si se compara con otros hospitales con más trayectoria, pero es una cifra que esperan aumentar.

Las estadísticas dicen que entre el 80 y 85% de los ensayos clínicos se producen en oncología porque, como mantiene el director del IISPA, un gran desarrollo de la industria farmacéutica va hacia esa dirección. «Hay mucha investigación y la mayor parte de los tratamientos son novedosos en sí mismos, lo que lleva a que un gran volumen de todo tu trabajo se base en ensayo clínico, bien porque sea un fármaco nuevo, bien porque la manera de suministrarlo lo sea o porque la combinación de tratamientos lo es», explica.

Los ensayos oncológicos suelen ser de fase 2. Existen también los de fase 3 y 4 y su objetivo es que, en los próximos años, en Asturias también se desarrollen los fase 1. «Los que más interesan a nivel de investigación son aquellos en los que el factor supervivencia es clave», sostiene, aunque también se llevan a cabo en otras patologías más crónicas con el fin de mejorar la vida de las personas, como puede ser el VIH.

Sin prejuicios. «No existen conejillos de indias», cuenta contundente Caso, quien ha participado como sujeto sano en ensayos clínicos de fase 1 en repetidas ocasiones. «Hay un control muy férreo que aporta garantías al paciente y a las familias», sostiene.

De cara al futuro confía en poder asumir todos los ensayos que tengan lugar a nivel nacional, siempre y cuando existan pacientes, así como poder ofrecer sus servicios en todos los hospitales pertenecientes al Sespa, de tal manera que exista la posibilidad de desplazarse para dar comienzo a un ensayo si el paciente no puede acudir a Asturias.

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