Asturias se apunta al bochorno

Las condiciones meteorológicas de este verano disparan la sensación térmica en los días nublados sin lluvia. La colocación del anticiclón no hace prever una mejora a corto plazo

Los peatones se protegen de las lluviosas tormentas de verano que cayeron sobre Oviedo
Los peatones se protegen de las lluviosas tormentas de verano que cayeron sobre Oviedo

Redacción

El anticiclón de las Azores no acaba de colocarse en su lugar. Eso es lo que está provocando que Asturias, y por extensión todo el Cantábrico, viva un verano con una inestabilidad que prolonga el tiempo húmedo de la primavera. Esto ha generado, además, un segundo fenómeno asociado, un incremento de la sensación térmica o, en términos coloquiales, del bochorno. La atmósfera no admite más vapor, así que poco se puede hacer contra esa sensación sofocante y hasta pegajosa. Solo los días en los que se desploman los termómetros, parece existir un poco de alivio. Lo peor es que no parece que vayan a producirse cambios significativos en los próximos días. El anticiclón no parece que tenga intención de moverse.

Lo explica de manera detallada y técnica el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), José Luis Arteche. «La sensación de bochorno resulta, de modo claro y sencillo, porque la humedad de ambiente es muy alta y la atmósfera no admite más vapor proveniente de cualquier fuente de agua, en particular de nuestro sudor», comenta Arteche. En cambio, cuando en verano circula el aire más seco, por ejemplo del este, la humedad en las horas centrales del día es más baja, ya que las temperaturas son más elevadas. En esas condiciones la atmósfera sí está dispuesta a recibir más vapor de cualquier líquido.

Eso es justo lo contrario de lo que este mes de julio está pasando en el Principado. El cielo gris encapotado está presente de manera casi perpetua y, aunque los termómetros apenas pasan de los 20 grados, la sensación de calor es elevada. ¿A qué se llama sensación térmica? La definición que hace Aemet es que se trata de la «sensación aparente de calor o frío prevista que tienen las personas en función de los parámetros que determinan el ambiente (temperatura, humedad y viento)».

Las gráficas de tiempo registrado el miércoles, 18 de julio, en dos puntos tan diferentes como Gijón y Pola de Somiedo explican, sobre el terreno, las diferencias que se están registrando entre la costa y el interior. En las horas centrales del día la humedad relativa en Gijón era superior al 90% y en Pola de Somiedo, cayó casi al 70%. En la primera la temperatura y el punto de rocío rondaba los 20 grados y en la segunda la temperatura alcanzó los 25 grados pero el punto de rocío se quedó en los 20. Todos esos parámetros explican por qué la sensación de calor podía ser superior entre los gijones que entre los somedanos.

La situación meteorológica de estas fechas está siendo de poco movimiento de las masas de aire. Además los suelos están muy húmedos debido a la caída de abundantes precipitaciones, sobre todo, de las tormentas. Por tanto, lo que hay, explica Arteche, es «bastante humedad en el ambiente, aunque solo en algunas zonas disminuye ligeramente durante las horas centrales del día, especialmente en el interior». En los ambientes secos se produce justo lo contrario. El delegado de Aemet lo explica de manera gráfica con algunos ejemplos. Cuando el tiempo es el habitual para el verano el sudor se evapora y en ese proceso consume lo que se denomina calor latente de evaporación. Ese es un calor que se saca del propio cuerpo. «Si soplamos o nos ponemos dentro de una corriente de aire que apunta directamente a nuestro cuerpo sudoroso sentiremos un frescor y ese es un frescor producido por ese calor que nuestro cuerpo está cediendo para la evaporación. Es un mecanismo natural que se usa también para que el agua de los botijos de barro se mantenga fresca incluso a pleno sol», compara.

Previsiones

¿Hasta cuándo seguirá la inestabilidad, el tiempo gris y las tormentas? Aemet no se atreve a precisarlo. Arteche explica que la razón de esta inestabilidad radica en el que el anticiclón de las Azores no ocupa una posición más hacia el este, como es más habitual en periodo estival, lo que proporcionaría, de esa forma, aire seco del este sobre la cornisa. Está sucediendo justo lo contrario. El anticiclón continúa suministrando aire húmedo atlántico y generando «lluvias por estancamiento sobre el Cantábrico». Al mismo tiempo, está dejando pasar depresiones frías en niveles altos que, unidas al calor del interior peninsular en niveles bajos, «crea situaciones de inestabilidad, con tormentas frecuentes en la meseta norte que acaban emigrando por las tardes hacia la costa del Cantábrico, con abundantes precipitaciones». La explicación parece más sencilla de entender que de encajar.

No parece que el anticiclón tenga pensado moverse, al menos, a corto plazo. Así que, pocas novedades en los próximos días. Arteche lo explica en términos profesionales: «Continuará el tiempo con poca estabilidad hasta la próxima semana, lo que hará que se alternen claros y cielos nubosos y algunas precipitaciones débiles. El fin de semana tendrá abundancia de claros. No se esperan tormentas hasta quizás mediados de la próxima semana y de modo muy ocasional». Habrá que confiar en agosto.

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