Las cabinas se quedan fuera de línea

El Gobierno estudia exonerar a Telefónica en el 2019 de la obligación de mantener teléfonos públicos en la calle. En Asturias quedan 378 que apenas tienen uso ante la competencia del móvil

Cabina telefónica en Arriondas
Cabina telefónica en Arriondas

Redacción

Se recordarán las cabinas de teléfonos como artilugios del siglo XX. Desde algunos años antes del 2000, la irrupción galopante de los móviles empezó a arrinconar a esos elementos tan integrados en el paisaje urbano que no hacía falta reparar en ellos y siempre estaban a mano cuando hacían falta. Hoy son ya una rareza. Telefónica ya solo mantiene 378 en Asturias, según el último recuento de la empresa, y es muy posible que ninguna sobreviva más allá del próximo 31 de diciembre. Con el 2018, acabará la prórroga a su existencia concedida por el Gobierno y el gabinete parece inclinado a no renovarla. De momento, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ya ha elaborado un informe en el que declara que, por su parte, no existen objeciones a la desaparición de los teléfonos públicos de las calles ni de las guías con los números de los abonados.

La ley que regula el servicio universal de las telecomunicaciones está sometida a un proceso de reforma y su puesta al día significa que el Estado dejará de considerar esencial el acceso a la telefonía fija y a la información sobre los números. Es una reacción a la realidad que ya se vive en España. En su informe, la CNMC cita un Eurobarómetro realizado con datos recogidos en el 2014. Ya entonces, el 88% de la población española afirmaba no haber usado nunca una cabina. Otros países europeos (Bélgica y la República Checa, por ejemplo) ya las han eliminado por completo. En España, sin embargo, ante la negativa de otros operadores a asumir el servicio, el Estado ha obligado a Telefónica, la antigua compañía pública, a mantenerlo. Fuentes de la empresa señalan que, económicamente, ese compromiso no tiene justificación. En todo el país quedan aún unas 18.000 cabinas cuyo mantenimiento exige una inversión superior a los cinco millones de euros al año. Apenas generan ingresos, dado su desuso generalizado.

En Asturias, la compañía concentra en las principales ciudades de la comunidad autónoma más de la mitad de las cabinas que aún siguen en pie. Hay 92 en Gijón, 75 en Oviedo y 29 en Avilés, lo que suma 196 entre las tres localidades. Las otras 182 se reparten por el resto del territorio, pero no existe ningún desglose disponible de su reparto por los otros 75 concejos. Telefónica no hace ningún seguimiento de los terminales de uso público instalados en bares o tiendas. Los establecimientos los adquirían en propiedad y no eran competencia de la compañía. Los locutorios privados, que durante algunos años también florecieron, se hallan en claro retroceso. Si a partir del 2019 siguen existiendo cabinas, ya no serán parte del servicio público. La CNMC estudia alternativas para las que aún están en la calle. En Andalucía se ha lanzado una propuesta para convertirlas en puntos de recarga de los móviles.

Un usuario, utilizando una cabina telefónica en Pola de Siero
Un usuario, utilizando una cabina telefónica en Pola de Siero

Más móviles que habitantes en España

Aunque la última palabra la tiene el Gobierno, no se espera una nueva moratoria que salve las cabinas. Habrán pasado 90 años desde la instalación de la primera en el parque madrileño del Retiro (funcionaba con fichas, no con monedas) hasta la decisión de desenchufar las últimas. Ya solo serán viejas estampas de la ciudad, imágenes como la larga fila de teléfonos instalada en la plaza Porlier de Oviedo. Allí estuvo y funcionó el primer locutorio de Asturias en un edificio propiedad de Telefónica que después cambió de uso y se convirtió solo en un centro administrativo. A lo largo de su fachada, sin embargo, se dispusieron varios cubículos para dar servicio a los clientes acostumbrado a hacer sus llamadas desde el edificio. Como muchos otros teléfonos callejeros, han desaparecido en silencio, sin que nadie se diera cuenta. En el 2006, el número de líneas de teléfonos móviles en España superó al de habitantes del país. Aunque la crisis económica puso poco después coto al crecimiento del mercado de los móviles, aún hoy el número de líneas está por encima de 50 millones. Sigue habiendo más de una por habitante.

Los nostálgicos del siglo XX o los padres que quieran enseñar a sus hijos el mundo anterior a la revolución del celular en el bolsillo tienen estas semanas la oportunidad de hacerlo en el Museo de la Historia Urbana de Avilés (calle de La Ferrería). Hasta el día 2 de septiembre permanece abierta en él una exposición de fotografías cedidas por la Fundación Telefónica que documentan la extensión por España de los postes y los hilos que llevaron la telefonía a todo el país. Fotógrafos de la época documentaron los trabajos y el enorme cambio que supusieron. La muestra, de acceso gratuito, se llama precisamente 'Transformaciones'. Refleja los tiempos en que el teléfono era tan elitista que, al solicitar una llamada internacional, la empresa ponía a disposición del cliente un coche para trasladarlo hasta la centralita desde donde podría hacerla. Antes de la expansión universal de los móviles, hubo un tiempo, a principios de los años 30, en que todo los abonados de la provincia de Asturias cabían en un listín telefónico que solo ocupaba una página y media.

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