«La ministra Ribera tiene una posición fundamentalista dentro del ecologismo»

El diputado autonómico de IU Ovidio Zapido recela rotundamente de los planes que el gobierno central tiene preparados para el carbón

El diputado de IU Ovidio Zapico
El diputado de IU Ovidio Zapico

Redacción

Para hacer un viaje de vacaciones, el diputado autonómico de IU Ovidio Zapico elige la bici como vehículo. Pero también es el portavoz elegido por la organización para hablar del futuro de la industria asturiana en medio del debate sobre la descarbonización de la economía y la transición ecológica. Receloso de los planes de la ministra Teresa Ribera, prefiere los plazos amplios y soluciones que no aceleren el declive demográfico de Asturias ni desmantelen su tradición fabril, acompañados de los controles más estrictos para asegurar la sostenibilidad y la limpieza de las actividades.

-¿Cuál es el objetivo de la transición energética? ¿Nos referimos todos a lo mismo con ese término?

-Se habla de un horizonte descarbonizado. Nosotros no lo negamos. Se refleja, y está perfectamente establecido y definido, incluso con plazos, en los Acuerdos de París. Nosotros no decimos no en ningún momento ni a esos acuerdos ni a buscar un horizonte descarbonizado para el Estado español.

Pero hay que tener en cuenta que las emisiones de CO2 proceden de actividades diversas y que, aquí, la minería solo representa el 15% del total. Por lo tanto, no se puede poner todo el acento de su reducción en la quema de carbón en las centrales térmicas. Hay otros elementos que producen muchísimo CO2 en España.

-¿A qué ritmo debe abordarse?

-No podemos ser los alumnos más aventajados de la clase. La lucha contra el cambio climático debe ser global. No pasa por acciones individuales y aisladas. De nada sirve la estrategia política de ser los primeros. Lo que debería buscar el Gobierno de Pedro Sánchez es una estrategia conjunta con otros países de la Unión Europea (como mínimo y para empezar). Pero el jueves La Voz decía por dónde van los derroteros en Europa con la minería y la quema del carbón. Además, en el cambio climático poco vamos a lograr si China y otros paises emergentes no hacen un esfuerzo. Aportamos pocas emisiones, pero parece que quieren cargarnos la culpa de muchos males del planeta. Tenemos un porcentaje ínfimo de esa culpa, no más. La Unión Europea necesita una respuesta coordinada de todos sus miembros. Desde que entró esta ministra, estamos en una carrera alocada por ser los primeros. Para Asturias, eso no puede ser bueno.

-¿Se puede separar el problema del cierre de las térmicas del que afecta al futuro del carbón?

-Tiene que haber un nuevo plan para la minería en el 2019. En él deben recogerse los mecanismos necesarios para que un porcentaje del carbón que forme parte del mix energético sea autóctono. Eso es muy importante. El carbón es un recurso estratégico y prescindir de él, darle la espalda y abandonar las minas nos parece una irresponsabilidad política. No sabemos si en algún momento será necesario volver a él. Hay que mantener una parte, aunque sea pequeña.

-¿Deben cerrar cuanto antes todas las térmicas?

-Algunas han hecho esfuerzos por mejorar sus filtros y reducir las emisiones. Otras no los han hecho porque las desanima la coyuntura política, ese caldo de cultivo que lleva a pensar: '¿Para qué voy a invertir dinero si me van a obligar a cerrar en el 2025? Para eso no lo hago y me ahorro el dinero'. Es un problema porque ahí están los datos: un 15% de la producción eléctrica española en un día normal viene de las térmicas, pero en momentos como la reciente ola de calor se dispara al 21-22%. Por mucho que digan, no tenemos energías de respaldo bien desarrolladas para generar ese demanda añadida. Hablamos de seguridad nacional. Si cerramos las térmicas hoy, ¿qué pasaría? Posiblemente habría interrupciones puntuales del suministro. Nosotros estamos a favor de ir hacia energías más eficientes y ambientalistas, pero no estamos a favor de hacerlo de manera alocada. Hay que optar por la seguridad y no dejar a un país expuesto a no poner los ventiladores o, en invierno, a tiritar de frío porque no se puedan poner las calefacciones.

-¿Comparte la idea de que su cierre abre otras oportunidades?

-Hay que invertir mucho en I+D+i. Porque nosotros hablamos con Greenpeace, escuchamos a la ministra o leemos la entrevista de La Voz a [el conservacionista asturiano] Paco Ramos y vemos que asumen, y no les importa, que habrá deslocalizaciones interautonómicas de puestos de trabajo. La ministra habla de territorios perdedores. Paco Ramos dice que, cuando cierre la térmica de Lada, no habrá despidos porque se recolocará a los trabajadores fuera de Asturias. A Greenpeace, con quien me reuní el mes pasado, le planteé esta duda. Sus representantes callaron. Saben que es verdad. Ellos ven la descarbonización desde un prisma global, en el marco del Estado, y hablan de oportunidades. Y es cierto: las habrá para los territorios que tengan ventaja para producir energías renovables. No será Asturias, pero desde su punto de vista da igual, no pasa nada, porque quienes no trabajen aquí podrán hacerlo en otros sitios.

-¿Nos pilla el toro a los asturianos después de tantos años de reconversión incompleta?

Quiero dejar claro que Paco Ramos, con el que colaboramos en muchos aspectos de la realidad medioambiental asturiana y con quien coincidimos en muchas cuestiones, tiene todo el respeto de Izquierda Unida. Encontramos puntos de encuentro incluso en el marco global de lo que plantea. Pero usa este argumento: llevamos 30 años en un escenario de transición y fin de la minería, un periodo más que suficiente para haber planteado un tejido económico e industrial alternativo. Bien, pero la realidad es que no lo tenemos. Soy de Laviana, de 1971, y estoy fartucu, desde chaval, de ir a manifestaciones. ¿Es culpa de los territorios esa falta de alternativa? No, es culpa de quienes han gobernado este país en estos 30 años, que nunca ha sido Izquierda Unida. Si, hablando en general y admitiendo excepciones, las políticas planteadas en estos territorios han fracasado, no podemos hacer recaer las responsabilidades sobre quienes seguimos viviendo aquí, porque eso ya significa eliminarnos. La sangría demográfica es terrible. Hasta en Oviedo, que ha perdido 5.000 habitantes en los últimos años. La transición energética va a acelerar ese proceso de caída de la población. Si no lo reconducimos, vamos a acabar como una comunidad de 600.000 o 700.000 habitantes. Aquí conviene una reflexión política. Ya en la transición, el expresidente Pedro de Silva escribía y se planteaba esa cuestión: los asturianos debemos decidir si queremos ser una comunidad política, un sujeto político, o si ya hemos dimitido de esa vocación histórica. Ahora mismo, cuarenta años después, esos pensamientos vuelven a tener valor. O somos una realidad política y social con un papel relevante en el Estado del que forma parte o nos entregamos y pasamos a ser una provincia cualquiera, sin peso ni relevancia especial. Eso nos jugamos.

-¿Ve una Asturias en el 2050 en la que se hayan cumplido las peores proyecciones demográficas?

-Eso es inasumible. Izquierda Unida se revela ante la idea de que el 30% de la población asturiana del 2020 no vaya a estar en el 2050. Eso sería un fracaso colectivo como Pueblo asturiano con pe mayúscula. La realidad de la transición energética debe marcarla cada territorio. En la próxima década, con la Universidad como cabeza tractora, debemos sentar unas nuevas bases económicas para Asturias. Tenemos que mantener nuestra raíz industrial, aunque con industrias del siglo XXI. Porque imaginemos que, como consecuencia indirecta de la descarbonización, se pone en riesgo la continuidad de la siderurgia en Gijón y Avilés. Sería un mazazo tremendo. Por supuesto, no ponemos en duda que esa nueva industria deba ser sostenible medioambientalmente. La presión política y ciudadana ha logrado avances e inversiones en procesos productivos más limpios, con menos emisiones.

-¿Dejará Asturias de ser un lugar donde se produce energía?

Me niego a que dejemos de ser productores de energía para pasar a ser importadores. Eso es casi tanto como robarnos. Produciremos energía más limpia, pero seguiremos produciéndola. No se trata de compensaciones económicas, de que alguien nos traiga no sé qué para que lo dejemos. En todo caso, se trataría de cerrar lo que hay para abrir otras formas de producir energía que den empleo a la misma gente. Se habla de la energía eólica. Está en el Occidente y poco margen de desarrollo le queda. ¿Hidraúlica? Tenemos. ¿Solar? En otros lugares salen con ventaja. ¿Molinos en alta mar? Están bien. En los mares del norte de Europa funcionan porque el lecho marino es poco profundo. Aquí no se da esa condición. Los expertos tendrán que ver nuevas posibilidades, pero de momento no creo que podamos renunciar al carbón y entregarnos al gas, que es el heredero más plausible de su posición en el mix. Es problemático: no es un recurso nacional, se encuentra en países con inestabilidad política y deja la primacía energética en manos del País Vasco, donde se concentra. No podemos perder la condición de productores de energía.

-¿Existe una visión compartida por todos de hacia dónde debe ir la comunidad?

-Hay que pedir al PSOE, tanto en Asturias como a su organización federal, que se aclare y hable con una sola voz. Un día [el exalcalde de Lena y actual secretario de Estado de Medio Ambiente] Hugo Morán dice una cosa y, al día siguiente la ministra [para la Transición Ecológica, Teresa Ribera] dice otra en un tuit. Yo quiero saber quién manda ahí, si vamos a ir al modelo express, que va significar una ruptura y, por lo tanto, a suponer un desastre económico y social para Asturias, como plantea la ministra, o si se va a plantear una transición más pausada y serena. Si treinta años han sido pocos, igual hay que ir a cincuenta. Los Acuerdos de París abarcan hasta el 2050, no hay que alcanzar en el 2020 el nivel de emisiones que fijan como objetivo.

-Hay, sin embargo, una carrera de cierres en toda Europa. El presidente Macron los ha acelerado en Francia.

-Macron adelanta cierres de térmicas, pero no dice nada de las nucleares, que son su respaldo energético. Las térmicas son el objetivo fácil. Pero para nosotros, hoy en día, aún son imprescindibles en el mix energético. No tenemos capacidad técnica para renunciar a ellas.

-Con la ministra Ribera en sus posiciones actuales y el poco tiempo que queda antes de que se cumpla el plazo a fin de año, ¿habrá una solución para que las minas sigan abierta a partir del 1 de enero?

-No depende de ella. El ministerio de Industria tiene la palabra y nos consta que hay contradicciones entre los dos departamentos, las dos ministras. Además, otros países se van a arreglar para soslayar esa decisión. Nosotros no podemos ser menos. Tenemos que garantizar tanto la continuidad de la empresa pública, de Hunosa, como la de la minería del Suroccidente. Ese carbón tiene que encontrar su hueco dentro del mix. Los sindicatos negociarán el porcentaje, si sube, baja o se queda igual. Con esta ministra, a veces, se nos ponen a veces los pelos como escarpias a todos. Tiene una posición fundamentalista dentro del ecologismo. Aunque discrepemos de ellos en esta ocasión, entendemos a Ecologistas en Acción o la Coordinadora Ecoloxista, que tienen que ser contrapesos de otras opiniones. Pero que esté en esas posiciones una ministra, que debe conciliar intereses económicos, laborales y medioambientales... Tendría que ser una balanza que buscara el equilibrio. Es la obligación y la responsabilidad que se le supone a un Gobierno. Ella, sin embargo, elige un lado del columpio y bascula todo el peso hacia allá.

-¿Puede decir eso en todos los ámbitos de su organización? ¿Lo entenderían en Equo, el partido verde con el que tienen acuerdos?

-Izquierda Unida de Asturias no está con Equo, que está en Unidos Podemos. Nosotros tenemos claro lo que somos: una fuerza medioambientalista, porque defender y proteger el medio ambiente es capital, pero también con vocación industrial. Queremos la continuidad de la industria. No nos cansaremos de clamar que es posible. Llevamos años defendiendo un pacto contra la contaminación en el que participen todos los agentes sociales y estamos seguros de que es posible una industria sostenible que armonice nuestra condición de potencia industrial con nuestro corazón de paraíso natural. Es posible hacerlo, claro que sí.

-Pero en Asturias dicen una cosa y en Madrid firman otras. No solo IU, sino todas las organizaciones de la izquierda.

-Es cierto que la izquierda tiene perspectivas diferentes según se aborde el problema desde los territorios o desde las direcciones federales. Hay contradicciones. Nosotros tenemos la ventaja de haberlas abordado ya con Izquierda Unida federal. Fui a una reunión con nuestros diputados en el Congreso y nuestra gente en Madrid sabe que nosotros tenemos un límite político que no podemos traspasar y también entiende que no se puede abandonar los territorios a su suerte. Hay que dotarlos de oportunidades reales de seguir produciendo, creando empleo y teniendo vida.

-Incluso discrepó abiertamente en público de la diputada Sofía Castañón.

-La posición de Sofía Castañón, dentro de Unidos Podemos, con ese proyecto que presentan, a nosotros no nos gusta. Volvemos a lo mismo, a querer ser los alumnos más aventajados de la clase. Nos parece un tic de la peor política, por nueva que sea: la entrega de territorios a cambio de un voto urbano ecoliberal. Así lo vemos y no estamos dispuestos a consentirlo. Por eso levantamos la voz contra ello. Quien más acentuado tiene el problema, de todas maneras, no es Izquierda Unida, ni Podemos, ni Unidos Podemos. Es el PSOE, que tiene esas posiciones internas en puestos clave: la ministra, el presidente del Gobierno. Ese lacónico 'tomo nota' al presidente del Principado cuando se reunieron el mes pasado nos preocupó mucho. La FSA tiene un papelón. El actual Gobierno regional tiene una posición muy clara en cuanto a la transición energética, que el grupo parlamentario de Izquierda Unida, con algún matiz, comparte. Compartimos lo que dicen y la radiografía que hacen el consejero Isaac Pola y el presidente Javier Fernández. Pero tenemos que ver la candidatura futura de la FSA y ver qué posición toman Adrián Barbón y quienes le acompañen, porque este debate va a durar más que la legislatura y va a ser la piedra angular de la campaña electoral autonómica. Espero que tomen partido con firmeza contra las posiciones de la ministra. Mi compañera María José Miranda y yo acabamos de reunirnos con la delegada del Gobierno. Ella comparte nuestra radiografía y lo dijo públicamente. Llegado el momento, exigiremos a la FSA que haga frente al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez si las cosas llegan a los extremos.

-¿Acierta entonces el Gobierno asturiano?

Una cosa es lo que dice y otra lo que hace. Creo que debería ser más proactivo, encabezar un acuerdo muy amplio de la sociedad asturiana en cuanto se abra el curso político en el otoño. Ahí tienen que estar el Gobierno regional, los grupos políticos, los sindicatos, los empresarios y todo el tejido civil en defensa de Asturias como sujeto político, de nuestra actividad económica y social y de la armonización de la transición energética. Además, esa alianza debería servir para tejer otras más amplias con otros territorios que están igual que nosotros. No somos una isla. Aquí cerca tenemos León. Y también está Aragón. Y no estaría de más ir de la mano con las regiones de Europa que van a soslayar los cierres.

-¿Corre la izquierda el peligro en este debate de acabar en una posición conservadora, de defender el pasado a costa del futuro?

-No defendemos el pasado a costa del futuro. Defendemos el presente y, al menos la izquierda que yo represento, por la que puedo hablar, está dispuesta a abordar el futuro desde la investigación y el desarrollo. Pero a partir de realidades y de cosas tangibles. A lo que no estamos dispuestos es a tomar como base las quimeras. Quienes no pueden salir derrotados del proceso de descarbonización son Asturias en cuanto sujeto político ni la clase trabajadora. Los trabajadores no pueden ser los damnificados de la transición energética. Si la izquierda deja de ser la defensora de sus intereses, ¿quién los va a defender? Esa pregunta, desgraciadamente, ya tiene respuesta en Francia. Los cinturones rojos de Marsella, Toulouse, Lyon o París se han ido hacia el Frente Nacional. Es terrible. Eran bastiones comunistas y, en menor medida, socialistas. Nosotros no vamos a cometer el error de abandonar a nuestra gente, nuestra clase. Queremos seguir siendo su referencia porque formamos parte de ella y tenemos claro nuestro compromiso.

-¿Vive Asturias en una contradicción entre el orgullo por su tradición industrial y la imagen verde asociada al eslogan del Paraíso Natural?

-Tenemos 10.500 kilómetros cuadrados de territorio. Es compatible mantener la industria y, un poco al norte de Arcelor, conservar maravillas como Xagó y el cabo Peñas. Hay que estar atento a las inversiones cuantiosas anunciadas en mejorar las emisiones. Arcelor y EDP se han comprometido. Seamos optimistas sobre la compatibilidad de la industria y el paraíso natural. No me duelen prendas en reconocer que ha habido avances en la materia. En el último año, el Gobierno regional ha cogido el pulso y la forma de tratar con la industria. Y el meollo de las emisiones está en la movilidad. Ahí es donde está el esfuerzo. Necesitamos como el comer la apertura de la variante ferroviaria, un tren de altas prestaciones, y reducir todo lo posible el uso del avión. En muy pocos días, Barajas llega al nivel anual de emisiones de una térmica. Y hay cuestiones locales pendientes, como las ayudas a las comunidades de vecinos para la adaptación de calderas a modelos modernos y sostenibles. Es un grano de arena, pero también hay que ponerlo. Hay mucho que hacer en vivienda y en transporte.

-¿Mantiene el optimismo cada vez que ve la foto de una nube negra que se traga barrios enteros de Gijón?

-¿Una foto destruye avances? Puede ser, pero creo que las nuevas baterías, que entrarán en servicio en el 2019, además de una garantía de empleo y desarrollo industrial, significarán también una mejora medioambiental importante. Hay que estar encima de la empresa para que las nubes negras cada vez sean más espaciadas en el tiempo hasta que se conviertan en verdaderas anomalías, hechos aislados. Porque es cierto que los fallos ahora son continuos. Pero también tenemos que mimar a nuestra industria electrointensiva. Es nuestro corazón industrial y tiene futuro. El acero se va a seguir produciendo en el mundo y sería muy importante que se haga en Asturias. Pero claro que, al mismo tiempo, debemos tener parámetros medioambientales estrictos y obligarles a invertir en cumplirlos. No se avanza tanto como nosotros quisiéramos en esa materia, pero no se puede negar que se avanza. Las baterías, de entrada, son muy eficientes, reducen el consumo y garantizan el suministro de agua en Asturias y desecha la amenaza medioambiental que suponía el proyecto del pantano de Caleao.

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