Cuatro alojamientos «detox» para desconectar del mundo virtual

Sin Wifi ni cobertura, los huéspedes que allí acuden no tienen más opción que hablar entre ellos

Refugio del Meicín
Refugio del Meicín

Redacción

Resulta complicado salir a cualquier lugar, incluso a uno mundano como un supermercado, sin ver a alguna -normalmente más de una- persona con su teléfono móvil en mano, bien sea porque está enviando un WhatsApp, subiendo un storie a Instagram, revisando su timeline en Facebook o ideando algún tuit ingenioso para convertirse en la nueva estrella de Twitter. No cabe duda, pues, de que el móvil se está convirtiendo casi en una extensión más de los brazos. Sobre este panorama, existen una serie de alojamientos en Asturias que renuncian a la hiperconexión y abogan por esa arcaica costumbre que obligaba a los seres humanos a hablar entre ellos. Estos son los cuatro imprescindibles para desintoxicarse del mundo virtual.

Refugio Brañagallones

Situado en el circo de Brañagallones, un entorno natural único y excepcional, que es, además, Reserva de la Biosfera, se encuentra el Refugio Brañagallones. Dirigido por Diego Prado y su padre, es imposible encontrar cobertura en un radio de unos cuatro kilómetros. Tal y como explica Prado, sí que cuenta con conexión Wifi cerrada para uso interno. Esta es por satélite, con megas limitados y supeditada las condiciones climatológicas. Es para uso exclusivo laboral y no se facilita a los clientes.

Refugio de Brañagallones
Refugio de Brañagallones

Cuando un huésped llega y se encuentra con la desconexión total, cuenta Prado que suele haber dos tipos de reacciones. Por un lado, el montañero, que suele ser conocedor de las limitaciones de estos servicios en la montaña, «por lo que no les sorprende», cuenta. Por otro, el familiar o los iniciadores en actividades de naturaleza y montaña, «que se suelen sorprender, aunque la mayoría de las veces terminan agradeciéndolo». Un poco más alterados son los adolescentes y la gente joven que, dice Prada, «a veces entran en crisis».

A pesar de esta limitación tecnológica, Prado lo tiene claro: «No veo ningún motivo, a corto y medio plazo, por el que debiéramos de cambiar». No obstante, confiesa que se plantearon esa posibilidad al principio «pero después de ver los derroteros de la sociedad y lo bien que nos va así», no cabe en su imaginario. Para sus clientes es, a su vez, una ventaja pues, a falta de redes sociales, «se acaban por unir grupos de desconocidos, de distintos lugares, que interactúan y charlan sobre sus excursiones y los motivos por los que vinieron».

Refugio del Meicín

En el corazón del macizo de Ubiña, a una altitud de 1560 metros, el viajero se topa con el refugio del Meicín. En este caso, Tania Plaza, guarda titular del refugio, comenta que solo disponen del teléfono del refugio por satélite para las reservas, pero que «para los clientes no hay ni Wifi ni cobertura». Habituados a la conexión constante, asegura Plaza que, muchos de sus huéspedes, nada más llegar, lo primero que preguntan es si tienen internet «y al decirles que no, los hay que se extrañan y los hay que se alegran pues así la desconexión será total». Abstenerse a subir una fotografía estando en un paraje tan espectacular puede ser deporte de riesgo hoy en día, por eso, muchos también les preguntan si hay alguna zona en el monte donde coger algo de cobertura. «Ahí es cuando nos damos cuenta del enganche a internet que sufre la sociedad», asevera Plaza.

Refugio del Meicín
Refugio del Meicín

Por eso no quiere animarse a homogeneizar la conexión al Meicín pues, «aunque la gente lo agradecería, estoy segura de que, entonces, se perdería la magia del refugio, la gente dejaría de hablar con desconocidos o de compartir las aventuras del día aquí arriba».

Refugio Urriellu y Jou de los Cabrones

Estos dos refugios viven bajo la atenta mirada de Sergio González, guarda titular de ambos. El Urriellu se encuentra a los pies del pico del que toma el monte y cuenta con 96 plazas en literas corridas, repartidas en 4 habitaciones de 24 plazas. El Jou de los Cabrones se halla en el Macizo Central de los Picos de Europa, a una altitud que supera los 2.000 metros. Quizás por eso es considerado como el refugio de montaña más aislado de España.

Refugio Jou de los Cabrones
Refugio Jou de los Cabrones

Al igual que los anteriores, en el refugio Urriellu la conexión es de uso exclusivo para la gerencia y únicamente para casos de trabajo o emergencias. Si bien, tal y como asegura González, «la conexión rural no es muy buena». En el Jou de los Cabrones ni siquiera el guarda puede estar conectado para gestionar las reservas, sino que «hay que desplazarse caminando unos 200 metros para conseguirla», cuenta.

Refugio de Urriellu
Refugio de Urriellu

Todo aquel que llega a estos refugios ha de saber que se trata de una «zona descontaminada de tecnología», comenta González. De hecho, tienen un cartel que indica que «no tenemos Wifi, por favor, hablen entre ustedes». Esta manera de llevar el negocio, lejos de importurnarle, le encanta, «así no vivimos con tanto tráfico de WhatsApps y líos», sostiene. A sus huéspedes, en cambio, no siempre les encanta tanto. No obstante, una vez superan ese primer choque contra el mundo real, González asegura que «en lugar de estar con el móvil se conocen entre ellos, comentan las rutas que están haciendo y viven más la experiencia» lejos del mundo virtual, con los pies en la tierra y los ojos mirando hacia la naturaleza sin pantallas.

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