¿Qué era ser Principado?

Fundado el el siglo XIV para vincular al territorio al heredero de la corona, la institución se acompañó desde su inicio de la Junta General

Desembarco de Carlos V en Tazones
Desembarco de Carlos V en Tazones

Redaccion

En el presente pocas veces ha formado parte del debate político la definición simbólica de Asturias como Principado, tal y como se recoge en su estatuto, título histórico recuperado en la transición con el propósito, como en origen, de vincular el territorio al heredero de la corona. Se ha apelado, en ocasiones, a su carácter de denominación, sin sin derivadas políticas, a la hora de discutir la legitimidad o no de admitir el uso del término nación en otros estatutos de autonomía. Pero el comienzo, lejano y medieval, del Principado sí tenía más de una implicación; al igual que tendría su papel (muy distinto del parlamento autonómico contemporáneo) la Junta General que surgió a su lado en el siglo XIV.

Los documentos de aquellas instituciones se guardan en el Archivo Histórico de Asturias y se editan de forma periódica por parte de la actual Junta General, en cuya biblioteca trabaja Josefina Velasco, quien antes de dar explicaciones lanza una advertencia: «trasponer al pasado los conceptos que aplicamos en el presente siempre resulta problemático y engañoso».

El Principado de Asturias nace como imitación del Principado de Gales que corresponde al heredero de la corona de Inglaterra, y como en Francia surge el Delfinado. España viene además, en el reinado de Juan I de Castilla, de una larga guerra civil que enfrentó a los Trastamara y a Pedro, «el cruel» para los enemigos, y «el justiciero» para sus partidarios. Pero ganaron los primeros. Creado el Principado, «el territorio permanecía ligado al heredero al trono, una especie de aprendizaje del ejercicio del poder, no había leyes uniformes en todos los reinos, era como dejar un territorio determinado bajo jurisdicción del heredero; aunque al final no fue así porque hubo cesiones y el poder dominante en Asturias acabó siendo el Cabildo, el obispado y acabó haciéndose con el condado de Noreña el que había sido más rebelde y uno de los motivos de la creación de la institución». El que luego sería Enrique II de Castilla fue el primer príncipe de Asturias, y todo ello le acarreaba poseer el título, junto con las rentas inherentes, pues el territorio asturiano les pertenecía como patrimonio.

Los notables de los concejos

Asturias no tenía representación directa en las cortes de Castilla, y el territorio, desde el comienzo de la creación del Principado, un título que enorgullececía a los hombres ilustres del lugar, se organizó mediante la convocatoria de juntas generales, muy distintas de nuestros parlamentos. Primero porque no era una institución permanente, cada junta y se convocaba y constituía en diputación; y, por supuesto, no era una representación de todos los estamentos sociales. Era una «reunión de los principales de cada concejo más los concejos que dependían directamente del obispado, se instituyó como tal en Junta General del Principado de Asturias pretendían que ellos hablaban directamente con la Corona a través del delegado regio que era el corregidor o gobernador», explica Velasco.

En la Junta del presente se han publicado ya varios tomos, accesibles al público, que reproducen lo recogido en aquellas actas, pero con un límite. «No tuvieron una secuencia de actas hasta finales del siglo XVI, que es el final de Felipe II; han salido hasta ahora 10 tomos, desde 1594 hasta 1700, casi hasta el cambio de dinastía de los Austrias a los Borbones» señaló Joséfina Velasco quien añadió que «tenemos el empeño, cuando tengamos tiempo y podamos, de ir hacia atrás porque seguro que dispersas entre la documentación municipal y otros sitios, en archivos nobiliarios, incluso en el archivo de la catedral de León que tuvo mucha vinculación con uno de los nobles más influyentes de la región, el conde de Luna».

Y ¿qué hacía esa Junta? La reunión de notables proponía ordenanzas que tenía que firmar el rey, porque para eso era una monarquía absoluta, y en la práctica las regulaciones de toda la organización del Principado. Alguna hasta llegó a aplicarse sin firma del monarca. Entre sus competencias estaba recabar impuestos de la corona, muchos para ir a las guerras, y por eso muchas de sus intervenciones ante el trono eran para quejarse de no tener dinero; también ejecutaban las levas de soldados, y se encargaba de organizar el arreglo de los caminos, de los puentes y los puertos, o cobrar el impuesto sobre la sal. 

«A mediados del siglo XVII tanto Portugal como Cataluña se levantaron en armas contra el conde duque de Olivares, de hecho Cataluña permanece 12 años ligada a Francia y aquellos momentos, evidentemente , a todos los reinos se les pidió que en función de la población que tenían y de la viabilidad económica de esa población que se allegaran soldados»; explica Josefina Velasco. Es posible ver las reclamaciones del rey con el mandato de reclutar en Oviedo 20 hombres, 3 en Noreña o 15 en Castropol y su comarca. «A esos soldados había que buscarles, había que vestirlos, e incluso buscarles un caballo si lo necesitaba».

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