Los otros protagonistas de una mañana de devoción principesca

Los asistentes se armaron de paciencia para aguantar el intenso sol de septiembre, criticaron algunos aspectos del protocolo y recibieron inesperados o curiosos saludos de los monarcas


Covadonga

Los cientos de personas que esta mañana han subido hasta el Real Sitio de Covadonga para ser partícipes de una mañana singular en la historia asturiana y española no solo han transmitido calor a la Princesa de Asturias y al resto de la familia real: también lo han padecido, y un poco más tiempo del que preveían. El retraso en la llegada de la comitiva real ha alargado al final casi una hora los tiempos previstos y el radiante sol que ha brillado este mediodía en Covadonga ha puesto a prueba la devoción monárquica o la simple curiosidad de los asistentes. La mayor parte de ellos han aguardado pacientemente con sus banderas, algún paraguas a modo de parasol y no pocas de las gorras del merchandising covadonguista -con los colores de la bandera española y la leyenda 'Cuna de España`- la salida de los reyes de la misa solemne y su paseo hasta el museo de Covadonga. Porque a la ida eso no ha sucedido, y no a todos les ha gustado el protocolo en este punto.

«Esperábamos que recorriesen el camino entre la Cueva Santa y la Basílica a pie, pero no lo han hecho y al final en conjunto hemos tenido que esperar aquí cinco horas para verlos de cerca», se quejaba al final de los actos Nuria, una madrileña de Colmenarejo que se ha acercado a Covadonga junto a su familia, aprovechando que tienen casa en Ribadesella.

Grupo multicultural

Otros venían de algo más lejos, como los cincuenta integrantes de la Hermandad de la Señora de los Milagros de Castellón. Pero no son castellonenses de nacimiento, sino «una mezcla de ucranianos, colombianos y sobre todo peruanos» organizados como grupo desde el Secretariado de Migración, explica uno de ellos, Guillermo Chang. La celebración religiosa les ha traído hasta el Real Sitio tanto como la institucional, y aprovechan para hacer una petición a la joven Princesa de Asturias «aprovechando que ella misma es todavía casi una niña»: «Nos gustaría que se ocupase de los niños de España, sobre todo de su educación», reclaman.

Una bicicleta que despierta la curiosidad real

Más lejos aún, y en el medio más singular de los que hoy se han visto en Covadonga, ha llegado hasta la montaña Milos Smilnak que, a pesar de una partición que lleva en vigor décadas, sigue definiéndose a sí mismo como «checo-eslovaco». Su montura, en la que viaja con su pequeña perra, es una bicicleta construida por él mismo a la que ha bautizado como 'Vueltalinda ' y que tiene dos hermanas: 'Girolinda' y 'Tourlinda'. Queda claro por qué motivos y qué es lo que hace que Smilnak esté estos días en Asturias. Pero lo curioso es que -admite- «me he equivocado de día». «Creía que hoy era la llegada de la etapa de la Vuelta a los Lagos, pero me he encontrado con todo esto», relata. Su error, no obstante, ha tenido una compensación: «El rey se ha fijado en mi bicicleta, me ha estrechado la mano y se ha acercado a preguntar por ella. Eso me ha hecho muy feliz y me ha honrado mucho», explica en inglés. Lo que no ha conseguido es que añada su firma a las que salpican toda su peculiar bicicleta, cuya versión española incluye un mapa de la península, pitones de toro por manillares y castañuelas por pedales.

Respecto a las edades del público, han sido de lo más variadas. A los mayores quizá les ha costado un poco más aguantar la real solana y otros, mucho más jóvenes, lo han llevado mejor. Es el caso de tres amigos de Salinas de 16 años, a quien la ceremonia les ha parecido «muy bien», y no solo por la organización, sino en su trasfondo institucional. «Es importante que la princesa Leonor empiece cuanto antes a tomar sus responsabilidades y se haga a ellas. Si es la reina del futuro es bueno que vaya habituándose a este tipo de actos, a la vergüenza a estar en público...», señala con absoluta seriedad Fernando Vázquez Cuervo-Arango, a quien acompañan sus amigos Victoria Rubín Lombardía y Javier Cabal García.

El caso es que, fuera del calor y de las colas, ya un tanto pesadas, para regresar al mundo al pie de la montaña santa en los autobuses gratuitos, la mañana ha dejado buen sabor de boca y todo el mundo ha sacado algo en claro. Como poco, el paisaje, como mucho un saludo real o principesco vis a vis y entre medias, algún gesto de los monarcas. Como el de la espectadora que, al final de la solemne ofrenda a Pelayo no ha podido evitar lanzar un irreprimible «¡Hola, Leti!» que ha hecho volverse a toda una reina y arrancarle un sonriente saludo con la mano a la confianzuda súbdita.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Los otros protagonistas de una mañana de devoción principesca