La explotación del sector de la limpieza: 7 horas de trabajo por 29 euros

El colectivo, con 12.000 trabajadores en Asturias, denuncia que es «invisible» pese a realizar una labor fundamental. Cuatro mujeres explican cuáles son sus «vergonzosas» condiciones laborales

Una trabajadora del sector de la limpieza
Una trabajadora del sector de la limpieza

Redacción

Es un colectivo numeroso y fundamental, pero la percepción que tienen sus integrantes es que son «invisibles» ante la sociedad. Es el sector de la limpieza, en el que en Asturias trabajan más de 12.000 personas, mayoritariamente mujeres, en muchos casos con unas condiciones «de vergüenza». Sindicatos y patronal iniciaban el pasado mes de febrero la negociación del convenio colectivo para el periodo 2018-2020. El objetivo de los primeros es mejorar las condiciones económicas y sociales de ese colectivo que resultó muy perjudicado por la crisis. Sin embargo, «la falta de voluntad» por parte de las empresas de desbloquear la situación ha derivado en la convocatoria de una huelga indefinida a partir del día 23 de octubre, salvo que la mediación en el Sasec dé resultado. La movilización es el camino que les queda para poner freno al explotador mundo de la limpieza, en el que la hora de trabajo en muchas ocasiones no llega ni a los cinco euros netos.

Dedicarse a este sector conlleva en muchas ocasiones un esfuerzo que difícilmente lo compensa el sueldo que se obtiene. Madrugones; disposición a pasar por varios centros de trabajo al cabo del día estando contratado por una o varias empresas; apurar para dejar limpio uno de esos centros de trabajo, de grandes dimensiones, en apenas una hora; asumir los tiempos de desplazamientos y las horas muertas que hacen que, al final, pases 12 horas fuera de casa aunque la jornada laboral no llegue si quiera a ser completa; tener que comer durante los desplazamientos para llegar al siguiente centro de trabajo a tiempo; estar siete horas limpiando sin descanso para cobrar 29 euros.

Estas situaciones, que sólo con la exposición de las mismas resultan estresantes, son las que viven cada día cuatro mujeres que se dedican al sector de la limpieza con las que ha hablado La Voz de Asturias. Dada la tensión del momento por la negociación de convenio colectivo y esa convocatoria de huelga, las cuatro prefieren no dar su nombre real, aunque acceden a contar su situación laboral para dar a conocer la precariedad y la invisibilidad que existe en su sector. Pongamos que se llaman Isabel, Pilar, Luisa y María.

Los madrugones de Isabel

La jornada laboral comienza para Isabel a las cinco de la mañana. A esa hora empieza a limpiar en uno de los centro de trabajo que lleva. Cuando termina allí se va otro que está a unos dos kilómetros del primero y allí continúa su jornada durante otro par de horas más. Y cuando acaba en este se va a despachar la tarea que tiene en un tienda de ropa «que es bastante grande». Aquí tiene que hacer todo el trabajo que haya en una hora. Así, antes de las doce de la mañana ya ha limpiado tres sitios, pero su jornada aún no ha terminado. A las dos de la tarde, Isabel vuelve a iniciar otras tres horas de tarea, con lo cual le dan las cinco de la tarde. Es decir, doce horas después de haber empezado la jornada laboral. Pero hay días que su trabajo no se queda ahí porque ha aceptado suplir a una compañera en otro centro de trabajo cuando ésta no puede acudir. Limpiar este último le lleva cerca de siete horas, y por ellas le pagan cada día que lo hace, «exactamente, 29 euros», confiesa.

La razón por la que acepta algunos de los trabajos pese a la escasa remuneración es el temor a que si los rechaza dejen de llamarla. «Los cojo porque si van saliendo centros de trabajo para limpiar, me van llamando, pero a veces ir para una hora es perder parte de lo que gano en el desplazamiento», explica Isabel, que apostilla que ponerse enferma es «un lujo que no nos podemos permitir» por la precariedad de los contratos que les hacen. Según comenta, «los contratos son hasta fin de obra, con lo que te echan cuando les da la gana». No obstante, señala que las empresas que no explotan al personal de limpieza de una forma, lo hacen de otra. «Yo trabajé en otra empresa en la que limpiaba portales de cinco a ocho de la mañana y a las ocho me incorporaba a otro departamento de limpieza que tenía esa empresa. Al final salía a las ocho de la tarde parando apenas dos horas para comer. El caso es que sólo estaba asegurada por cuatro horas», explica para dar cuenta de la situación del sector.

A 10 minutos para la jornada completa

La trabajadora de la limpieza a la que le hemos puesto el nombre ficticio de Pilar apunta que las condiciones laborales en el sector empeoraron desde que comenzó la crisis económica. Según dice, los clientes empezaron a solicitar entonces rebajas en los precios a las empresas de limpieza. «Estas para evitar perder a ese cliente y poder disminuir el precio nos quitaron a quienes trabajábamos ahí tiempo de estancia en ese centro, pero la realidad es que tenemos que seguir haciendo el mismo trabajo, y eso si no te amplían las salas que hay que limpiar. Es decir, que nos aumentan el trabajo pero no el tiempo que tenemos que estar en ese centro de trabajo», protesta.

Pilar trabaja para dos empresas. Comienza a las cinco de la mañana y termina en torno a las cuatro de tarde. Pese al número de horas que está fuera, no llega a la jornada completa. «Me faltan 10 o 15 minutos para tener las 38 horas y media. Lo que pasa es que tengo bastante desplazamiento entre los centro de trabajo y, normalmente, si no quiero retrasar la vuelta a casa, voy comiendo en el coche para no perder tiempo», relata. Aún así, dice que «no soy de las que peor está», porque su sueldo roza los mil euros y apostilla que en el sector «hay gente muy perjudicada», con lo que admite que le da «coraje que cuando llegan las negociaciones de los convenios las empresas planteen una mejoras que son irrisorias». No obstante, no está convencida de que la huelga vaya a contar con muchos apoyos fuera de centros de trabajo concretos, como pueden ser hospitales o colegios porque cree que los trabajadores pueden temer represalias si se quedan en huelga.

Tres empresas y tres centros de trabajo

Con ella coincide María, que se pregunta si la gente está decidida a meterse en una huelga indefinida «porque las huelgas son complicadas». Ella lleva cuatro décadas trabajando en el colectivo de la limpieza y reconoce que en otras convocatorias que tuvieron llegaron a lograr subidas dignas. «En una ocasión nos subieron 7.000 pesetas de una vez, recuerda, y lo que plantean ahora es un 4% en tres años». A esto añade que con la crisis, a la cual «muchas empresas recurrieron como excusa», se produjeron muchos recortes de personal, mientras que a la gente que quedaba se le ampliaba la carga de trabajo en el mismo tiempo o, incluso, en menos. «Yo estoy en la actualidad cobrando menos que hace cuatro años, porque nos recortaron tiempo de trabajo en algunos centros, te reducen el sueldo, pero el trabajo que haces es el mismo», comenta.

María está contratada en tres empresas diferentes para hacer la limpieza de centros de trabajo diferentes, con desplazamientos entre unos y otros. Por ello, aunque su jornada fuera de casa es larga, ella tampoco llega a la jornada completa, para la que le faltan unos 20 minutos. Trabajando, incluso, algún sábado, su sueldo total no llega a los mil euros. En su opinión, la crisis supuso un grave perjuicio para el sector. «En mi caso me perjudicó en los tres centros de trabajo. En un centro quitaron gente, con lo que tengo más trabajo. En otro me doblaron el trabajo en superficie a limpiar en el mismo tiempo y en el tercero, que es una oficina a la que iba una hora diaria, me redujeron un cuarto de hora con la consiguiente disminución de sueldo y, sin embargo, tengo que hacer más trabajo porque quitaron a los cristaleros». Con estos argumentos, indica que «fuimos hacia atrás» en las condiciones labores y, añade, que «si te quedas de baja, ese mes no comes».

Tres horas de trabajo, dos de desplazamiento

Luisa lleva cerca de cuatro años con un contrato de 12 horas semanales en una empresa de limpieza, por las que cobra poco más de 300 euros al mes. Para cubrir las tres horas de trabajo que hace de lunes a jueves, invierte casi otras dos horas en desplazamientos. Lamenta que, pese a haber mucha gente en esa situación laboral por horas, nunca les amplían horario cuando hay bajas o vacaciones, «sino que lo cubren con gente que les supone un menor coste», denuncia la misma, que considera que en esas contrataciones radican algunos de los problemas del sector. Sin embargo, ve «complicado meterse en una huelga indefinida porque la gente tiene miedo a represalias».

Por lo pronto, el inicio de la huelga está convocado para el próximo 23 de octubre si no da resultado la mediación en el Servicio Asturiano de Solución Extrajudicial de Conflictos (Sasec), y es que, según manifiesta la representante del sector de UGT, Nuria Gago, «la negociación está rota» después del «chantaje» que considera les hizo la patronal en la última reunión. Por su parte, la secretaria de Organización de la federación de Construcción y Servicios de CCOO de Asturias, Verónica González, añade que tras meses de negociación no perciben «voluntad por parte de las empresas de desbloquear la situación» dado el planteamiento que les presentaron en la reunión del pasado 13 de septiembre, en la que les propusieron «una subida salarial del 4% a tres años condicionando las mejoras sociales a aceptar esas mejoras económicas». Para Verónica González, lo que pretende la patronal con ese planteamiento es «negociar como antes de la crisis», lo cual rechazan los sindicatos al considerar que ya les toca hacer «una regulación en condiciones» para el periodo 2018-2020.

«Somos uno de los sectores más invisibles, no se nos ve pese a que somos un sector grande y mayoritariamente de mujeres», comenta la responsable de CCOO, que recuerda que en total son unas 12.000 personas las que conforman este colectivo.

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