Aulas abiertas, puertas cerradas

Los padres de alumnos con trastornos del espectro autista denuncian la falta de medios y la improvisación en la gestión del programa para la inclusión de sus hijos. CSI critica la política de personal

un alumno en un aula, clase, vacía

Redacción

Escuelas de cristal, transparentes e inclusivas, construidas a la medida de cada niño, en las que todos puedan desarrollar sus capacidades desde un punto de partida diferente. Ese es el sueño con el que trabajaban muchas ONG y con el que se despiertan cada mañana los padres con hijos con necesidades educativas especiales. Con ese espíritu nacieron hace tres cursos en el Principado las denominadas Aulas Abiertas, unos espacios de preparación para alumnos con trastornos del espectro autista (Tea), principalmente, que cuentan con personal especializado. El paso del tiempo ha comenzado a poner sobre la mesa toda una serie de carencias que afectan directamente a sus cimientos. Aunque el curso comenzó oficialmente el 1 de septiembre y las clases de Infantil y Primaria el día 10, la plantilla de docentes no se completó hasta el 1 de octubre. Es decir, hubo grupos de estudiantes sin profesor durante tres semanas. El proyecto sigue sin reglamentación y se ordena simplemente con una circular de instrucciones que gana dos folios cada curso. Es más, aunque en el perfil de la plaza se exige que sean funcionarios de carrera con experiencia, las Aulas Abiertas se están completando con especialistas interinos.

Los padres asisten con impotencia a esta situación. Algunas familias se han puesto en contacto con La Voz para denunciar el estado de confusión en el que se encuentran pero prefieren no dar nombres. Las Aulas Abiertas no están funcionando bien pero son un mal menor si la otra opción es que sus hijos pasen a un centro de educación especial, algo en lo que no quieren ni pensar. Como no existe una regulación aprobada y solo depende de los informes de escolarización, temen que si dan su nombre la situación sea reversible. «La realidad es que no sabemos a qué tenemos derecho exactamente, así que si mañana cambian la escolarización de mi hijo no sé si legalmente puedo hacer algo para evitarlo», explica una madre. Pero, lo cierto es que tampoco saben qué va a hacer el niño en el Aula Abierta en el que está asignado. Cuando se va a cumplir un mes del inicio de curso no tiene ni idea de cómo van a trabajar con él, de cuántas horas va a pasar en un grupo ordinario y cuantas en ese aula de transición o de adaptación. No le han contado cómo va a ser su programación,... En resumen, no saben nada.

De las carencias de personal sobre mucho la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI). Mercedes Martínez, una de las integrantes del sindicato, indica que son favorables a mejorar la calidad de la enseñanza pública y a adoptar todas las medidas necesarias para avanzar en la inclusión. Pero matiza que es necesario planificar y que esa es, precisamente, una de las grandes carencias de la actual Consejería de Educación. Pone ejemplos concretos, con sus fechas. La administración esperó hasta el 18 de julio para sacar la convocatoria en busca de profesionales para llevar las Aulas Abiertas. La resolución era de ocho días antes. Estaban en plenas vacaciones y era la primera vez que se seguía este procedimiento, así que no fue capaz de cubrir los puestos necesarios. Exigió inicialmente una serie de requisitos que luego relajó. El titular de cada unidad tendrá un refuerzo a media jornada. Solo pueden trabajar a media jornada interinos, no funcionarios de carrera. En lugar de incluirla en la primera convocatoria de agosto, han ido sacando las plazas en tres convocatorias sucesivas de septiembre. Es decir, ni siquiera estaban contratados cuando los estudiantes llegaron a clase.

Expectativas frustradas

Las expectativas para este curso 2017-2018 eran, sin embargo, buenas. Los padres recibieron a final del curso pasado un cuestionario en el que se les preguntaba cómo había ido el año y qué se podía mejorar. Lo cumplimentaron con la sensación de que las cosas iban bien y de que su opinión iba a ser tenida en cuenta. Las familias, en su mayoría, reconocieron que era un buen programa para avanzar en la inclusión pero también reclamaron más medios. Sin medios toda tentativa de inclusión tiene escasos visos de éxito. Sobre todo, hablan de que debe haber más personal en el aula, una programación y también una normativa estable, como la que rige en Aragón desde el año 2013. De hecho, el resto de comunidades ya han hecho un esfuerzo normativo y el Principado va a la zaga.

Otro motivo de esperanza fue la ampliación del número de unidades, de las siete Aulas abierta del curso pasado, a las doce de este. En concreto, cuentan con este programa piloto dos centros de Oviedo, cinco de Gijón, y uno en Avilés, Castrillón, Navia, Pola de Laviana y Villaviciosa. Diez de ellos son colegios públicos y dos escuelas de educación infantil. El programa, por tanto, se asienta sobre las etapas de Infantil y Primaria.

Lo ocurrido en el primer mes del curso ha rebajado sus ilusiones. Las plantillas no se completaron hasta el 1 de octubre. Los interinos han ido llegando de manera escalonada en sucesivas convocatorias. Los padres carecen de programación. Los centros se han ido arreglando como han podido. Mercedes Martínez, de CSI, explicada que cada colegio o cada escuela se ha ido arreglando «como ha podido». Unos han trasladado a sus especialistas de Pedagogía Terapéutica (PT) o de Audición y Lenguaje (AL) para atender temporalmente el aula. Otros lo han hecho con interinos. En teoría, explica Martínez, las plazas de titular del Aula Abierta eran para especialistas con trayectoria, funcionarios de carrera con destino que pedían una comisión de servicio y presentaban un proyecto. Como en la convocatoria del 18 de julio no se completaron las plantillas, se ha ido cubriendo de otro modo, uno que CSI no puede precisar con exactitud. «Sabemos que otros años llamaban a profesionales directamente y les animaban. Este curso no tenemos claro cómo se han arreglado allí donde quedó vacante», insiste Martínez. Su sindicato tiene pedida una reunión con la Consejería de Educación para hablar del tema.

Toda esta información no tranquiliza nada a los padres. Las familias que ya estuvieron el curso pasado se conocen entre sí. Pero este año han entrado muchas más. Su idea, lo que les gustaría, es organizarse un poco y poner en común experiencias para conseguir la inserción real de sus hijos en los centros. Quieren saber con exactitud cuáles son sus derechos y qué programación tendrán sus hijos. «Todos los padres saben desde el primer día el horario de sus hijos. Yo todavía no sé nada del mío», explica una de las madres a La Voz.

Y esto no es un tema menor. «Todos los niños necesitan una rutina, sobre todo en el inicio de curso, y en estos niños con trastorno del espectro autista es especialmente importante. El periodo de adaptación es crucial por su edad y por sus circunstancias», argumenta. Siente mucha «impotencia» y reconoce que pensó en no llevar a su hijo a clase hasta que no estuviera todo el personal necesario para atenderle. «Pero claro la escolarización es obligatoria y podría tener algún problema», explica para ejemplificar el callejón sin salida en el que se encontró durante las primeras semanas del curso.

Ahora con todo el personal incorporado, la ratio ha disminuido y el programa está echando a andar nuevamente. Pero el camino que tienen por delante es largo y arduo. «El fracaso escolar está siempre rondando a nuestros hijos. Lo que queremos, lo que necesitan, es todos los medios necesarios para que se desarrollen y aprendan hasta el límite de sus posibilidades. No queremos que los den por perdidos desde el principio. Pero somos conscientes que tenemos una educación del siglo XIX en pleno siglo XXI», argumenta una de las madres afectadas. Lo que reclama son mejoras a nivel curricular y aprendizajes más individualizados. Con lo que sueñan las familias es con un sistema realmente inclusivo, en el que sus niños compartan aula con el resto y no necesiten puente ni etapas intermedias como estas Aulas Abiertas.

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