«El entrenamiento de la mina me sirvió para reaccionar en el accidente de avión de Durango»

Carmen Liedo

ASTURIAS

José Manuel Pulgar
José Manuel Pulgar Carmen Liedo

José Manuel Pulgar, el lenense de 43 años que sobrevivió al siniestro aéreo que tuvo lugar en México el pasado 31 de julio, trata de superar las secuelas físicas, psíquicas y el papeleo para «normalizar» su vida tras el suceso

08 oct 2018 . Actualizado a las 12:15 h.

No mucha gente puede contar cómo es sobrevivir a un accidente de avión. Menos aún cuando el balance de ese siniestro aéreo es cero víctimas. José Manuel Pulgar, lenense de 43 años, es uno de esos afortunados porque además de salir con vida del suceso que tuvo lugar en Durango (México) en pasado 31 de julio, ayudó a otros pasajeros a dejar el aparato, oscuro y lleno de humo. «Salvando las distancias entre lo que es la mina y un accidente de avión» -deja claro antes de proseguir-, explica que ser minero le ayudó a saber cómo actuar partiendo de que «ningún minero deja a un compañero atrás». Dicho esto, Pulgar señala que «el entrenamiento que tengo de la mina me sirvió para reaccionar en el accidente». Gracias a él otras cuatro personas se salvaron, y lo sabe porque tras ayudar a salir a otra pasajera «miramos atrás y nuestros asientos se estaban quemando». Por tanto, se alegra infinitamente de que no hubiera víctimas mortales, pero reconoce que le quita el sueño pensar «que un nenu que iba en el avión estuviera quemado en el 25% de su cuerpo. Eso me duele». Pese a esas secuelas psíquicas, las físicas en forma de dolores de espalda y de cabeza, y el papeleo, José Manuel Pulgar trata de «normalizar» su vida tras el suceso.

«Llevo dos meses sin parar entre médicos, psicólogos, abogados y arreglar documentos», dice con cierto agobio José Manuel Pulgar, que aunque admite que tiene dolores de espalda y de cabeza (que nunca tuvo) como consecuencia de que una vértebra le quedó afectada por el accidente, está ansioso por volver al trabajo y a practicar deporte como lo ha hecho siempre. «Quiero normalizar mi vida», reclama este lenense al que, a pesar de las circunstancias por las que está así, comenta que le hace sentir fatal estar de baja por enfermedad. «En los 25 años que llevó trabajando, jamás cogí una baja por enfermedad, y es que me da hasta vergüenza», indica. Tal es así que reconoce que está «agobiado» y, en ocasiones, hasta malhumorado, «con lo que mi mujer está padeciendo lo mismo que yo», dice apesadumbrado por ello «porque yo no era así» y piensa que «si recupero mi vida normal, me recuperaré antes». No obstante, su otro ‘yo’ sabe que tiene que recuperarse bien física y psicológicamente para seguir adelante porque tiene dos niños y «ellos me dan la vida. Si no los tuviera la cosa hubiera sido distinta». Así, espera con resignación a que le llamen para hacer una resonancia que determine finalmente el grado de lesión en su espalda.

El avión y la mina

Distinta hubiera sido su reacción en el accidente seguramente si su profesión hubiera sido otra, pero ser minero y tener cierto entrenamiento e interiorizados algunos comportamientos le hicieron tener una actitud heroica en el siniestro aéreo de Durango. Deja claro que «salvando las distancias de lo que es un accidente de avión y el interior de una mina» sí percibió en aquel momento crucial cosas comunes, como la oscuridad y el humo que invadía todo. «No tiene nada que ver uno con otro, pero en aquel momento y gracias al entrenamiento que tengo de la mina, supe como actuar», comenta antes de precisar que «tenía miedo y estaba nervioso, pero oí que una mujer pedía ayuda y fui sin tener la sensación de peligro. Reaccioné así yo creo que por el entrenamiento de la mina, entrenamientos de rescates, y porque ningún minero deja a un compañero atrás. No conozco a ningún minero que no hubiera reaccionado así», comenta sin querer darse importancia por haber ayudado a otras cuatro víctimas del suceso.

Pero, desde luego, su actuación fue fundamental. El centrarse y a pesar del nerviosismo y el miedo reconocer «cosas que me resultaban familiares, como la oscuridad y el comportamiento del humo y el oxígeno» sirvió para que en el balance final no hubiera que lamentar víctimas mortales, porque «cuando salimos, al mirar atrás, nuestros asientos se estaban quemando», recuerda José Manuel Pulgar quedándose con la parte positiva de la desgracia: «después del accidente, cuando me di cuenta que estaba vivo, la alegría fue tremenda».

En Durango se quedó el equipaje de este lenense -que no ha conseguido recuperar- y el gusto por volar. «Algo que me apasionaba y de lo que disfrutaba, se ha convertido en una pesadilla», manifiesta este superviviente, para quien el viaje de regreso a España resultó muy duro tras un suceso tan traumático, porque para llegar a Asturias tuvo que subirse y bajar de cuatro aviones. «Cuando me subí en el primer avión pasé miedo, sobre todo en el despegue, y eso que me sirvió mucho que ya vinieran conmigo mi mujer y mis hijos. Aún así, cuando aterricé vomité, yo creo que por lo nervios», relata Pulgar, que destaca la atención que tuvo por parte de las compañías aéreas Air France e Iberia y del personal que le acompañó de las mismas durante el regreso a Asturias.

Ahora lo único que quiere es «normalizar» su vida: poder volver a trabajar al Nicolasa, hacer deporte, retomar los partidos de fútbol con los amigos, poder visitar a los familiares que tiene fuera de Asturias a los que tanto echa de menos y terminar el último libro de Juego de Tronos tras conseguir un nuevo ejemplar, porque el que empezó a leer se quedó entre las llamas del avión siniestrado en Durango.

La actitud heroica de José Manuel Pulgar ayudando a salir a otros pasajeros de aquel vuelo con destino a México D.F. será reconocida en el concejo lenense en los próximos días con un homenaje que, aunque agradece, toma con modestia. A su entender, el municipio tiene una gran cantera de deportistas a los que reconocer por sus logros, aunque asiente cuando se le recuerda que «no todo el mundo saca a cuatro personas de un avión accidentado todos los días». Concretamente, él lo hizo un 31 de julio, fecha en la que su familia ha decidido celebrarle su segundo cumpleaños porque ese día de 2018 José Manuel Pulgar volvió a nacer.