PSOE y Podemos se ofrecen diálogo a porrazos

Ambos partidos ven en el pacto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias un referente pero escenifican la máxima desconfianza. «Javier Fernández odia a Podemos», dice Enrique Fernández. «Están desnortados», señala Javier Fernández

El presidente del Principado, Javier Fernández, se dirige al estrado del hemiciclo de la Junta General
El presidente del Principado, Javier Fernández, se dirige al estrado del hemiciclo de la Junta General

Redacción

Así empezaron la legislatura y así la van a acabar. PSOE y Podemos se lanzan ofertas de diálogo entre cruces de acusaciones y críticas más o menos gruesas. El último debate de orientación política de Javier Fernández como presidente del Principado no iba a ser menos. En los quince primeros minutos de intervención les ha pegado un buen repaso. Después ha trufado su discurso de peticiones de alianzas e, incluso, de interpelaciones directas a la negociación, ya sea para aprobar un presupuesto regional, para mantener la planta de Alcoa o para sacar adelante las infraestructuras necesarias. Al otro lado del ring, la respuesta ha sido idéntica. Una reacción al espejo. La formación morada quiere hablar y pactar, aunque solo políticas concretas y no artículos que maquillen la realidad social, pero está convencida de que Javier Fernández les «odia». Este fue exactamente el término que ha empleado su portavoz parlamentario, Enrique López, al término de la primera sesión. El bucle en el que llevan más de tres años inmersos se mantiene intacto.

Ahora el acuerdo radica en alabar el pacto firmado entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Ambas partes creen que ese es el camino a seguir y que ese tipo de acuerdos se pueden y deben reeditar en el Principado. Utilizan hasta terminología muy similar para defender esta posición. Pero luego recuerdan viejas heridas, trabas, incumplimientos y la batalla dialéctica vuelve a empezar. Tanto PSOE como Podemos han vuelto a situar las escuelas de Infantil en el centro del debate pero tampoco esto parece suficiente. «Lo que es bueno en Madrid por qué no se puede pactar en Asturias», se ha preguntado Adrián Barbón, secretario general de la FSA, que ha respaldado sin fisuras a Javier Fernández.

La intervención del presidente del Principado, la única prevista en la primera sesión del debate, apenas ha llegado a los 50 minutos. Esto ha servido para que todos los grupos políticos hablaran de su tono de retirada, de su intervención de despedida, de su falta de ganas. Tampoco esto es nuevo. Ya se lo habían reprochado en 2017 y se lo han recordado a apenas siete meses de las elecciones autonómicas. El portavoz del PP, Luis Venta, y el de Ciudadanos, Nicanor García, han hecho hincapié en este aspecto. Gaspar Llamazares, de Izquierda Unida (IU), ha puesto el acento en ese juego cruzado que se traen las otras fuerzas de la izquierda. Llamazares cree que el PSOE está poniendo puertas al campo. Es decir, que no confía del todo en la oferta de diálogo a Podemos, porque no entiende que «les eche todas las culpas de no alcanzar un acuerdo y luego les pida acuerdos. Eso es algo complicado», ha argumentado.

El discurso

No llevaba ni quince minutos en la tribuna y el presidente ya había convertido a Podemos en semiprotagonista de la sesión. Se comentaba a media voz en los pasillos del Parlamento y se esperaba más. Primero Alcoa y después un breve balance. En la parte política, han venido los reproches. «La pluralidad de esta Junta ha sido más yerma que fértil», ha espetado el presidente, al recordar que los 28 escaños de izquierdas no han sido suficientes para aprobar ni un solo presupuesto y que las únicas cuentas que ha sacado adelante han sido con el voto de PP y Ciudadanos. El presidente podría haberse quedado aquí pero ha querido buscar culpables y entonces la diana ha estado en la frente de Podemos.

«La escasez de acuerdos en la izquierda no se debe a la falsa cicatería del Gobierno, ni a la renuencia de la FSA, ni a las exigencias de IU, ni al recelo de los sindicatos mayoritarios ni a la oposición de la patronal», ha ido descartando responsables. Solo quedaba en el tablero uno: «Año tras año los llamamientos corales al consenso, las negociaciones y las cesiones tropezaron con la negativa de Podemos, desnortado por el cálculo político que sostenía que debilitar al Gobierno socialista sería su mejor aval para crecer». Por si este recado no era suficiente, ha agitado el fantasma de Gijón, esa espina clavada desde el inicio de la legislatura. «Miren hacia Gijón, donde han preferido consolidar una alcaldía muy conservadora a facilitar la alternativa de la izquierda», ha reclamado a los diputados.

Tras el azote, la llamada al consenso. El presidente ha asegurado que volverá a llamar a Podemos para sentarse a negociar y ha prometido «flexibilidad». Ha insistido en que no trazará «líneas rojas». De hecho, esta misma expresión la ha repetido varias veces en su intervención, siempre que ha hablado de negociar. La prioridad es, a día de hoy, consensuar un proyecto presupuestario para Asturias. El modelo es el pacto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Tras defender una «moción de censura totalmente legítima», ha alabado el cambio de criterio de Podemos nacional, que facilitó la investidura de Sánchez y que ha conseguido superar lo que ha denominado «episodios de tensión». Eso es lo que Javier Fernández ha dicho que quiere para el Principado. Tener como aliados a antiguos enemigos políticos «no es un suceso extraño ni inédito en la política», ha recordado.

Respuesta contundente

Parece que en Podemos Asturias también lo entienden así. El problema está en que no coinciden en el análisis de responsabilidades. La formación morada cree que «el principal obstáculo es el propio Javier Fernández que odia a Podemos». Así lo ha dicho Enrique López al término de la sesión, sin paños calientes. López también ha pedido altura de miras, negociaciones sin líneas rojas, unos presupuestos de izquierdas,... Pero el punto de partido no parece ser el mismo. El primer requisito es que todas las medidas que se pacten sean concretas y sirvan para resolver problemas reales. No quiere ni oír hablar de «maquillajes políticos». Cuando se ha referido a medidas concretas ha puesto como ejemplo la subida a 900 euros del salario mínimo, algo de manera inmediata notarán los bolsillos de los ciudadanos. 

Al margen del propio Javier Fernández, otra barrera importante para Podemos es el escaso espíritu crítico del Gobierno. Esto es algo en lo que también ha coincidido Gaspar Llamazares. El análisis de situación realizado por el presidente ha sido demasiado «complaciente» para ambos. Enrique López ha explicado que no se ha descrito la realidad que los asturianos se encuentran en la calles y Llamazares ha echado en falta una aproximación más realista. 

Otros temas en el aire

Quedan por delante dos días más de sesiones del debate de orientación política en los que la oposición tendrá más voz. De momento, se han conformado con replicar en los pasillos y ante los medios. Pero ya han dejado claros sus planteamientos. Javier Fernández ha cerrado la puerta a la reforma del Estatuto y eso no le ha gustado nada a sus colegas de la izquierda. No es algo nuevo pero forma parte del mismo bucle de falta de entendimiento. El presidente ha reconocido que es algo que hay que hacer pero que queda pendiente para el próximo mandato. IU y Podemos han explicado que todavía tienen tiempo para sentar unas buenas bases y no entienden ni comparten lo que consideran una renuncia innecesaria. 

No ha habido ni una sola frase para la cooficialidad del asturiano, algo íntimamente ligado a la reforma del Estatuto y que en la actual legislatura ha recobrado toda la tensión política y la actualidad social. La FSA es partidario de abrir el debate. El actual Gobierno, no. Así que no está sobre la mesa de debate pese a que sus dos socios de la izquierda gozan de un pleno entendimiento en esta materia.

No lo ha echado de menos Adrián Barbón, el secretario general de los socialistas asturianos, que ha apoyado sin fisuras la mano tendida de Javier Fernández a Podemos y que tampoco se ha referido a la cooficialidad. No le ha puesto ni un pero a la intervención del presidente. Javier Fernández ha asegurado que agotará la legislatura hasta el final y Barbón ha coincidido en el que «el tiempo no se ha agotado». Queda mucho por hacer. Ha citado la cuestión de la financiación, la planificación energética, Alcoa, la cuestión demográfica,... Pero el PSOE necesita socios. No puede sacar todo esto adelante con solo 14 diputados. «En la cuestión del presupuesto parezco un monje tibetano con el mantra. Pero la izquierda en la Junta tiene 28 diputados y solo ha pactado los créditos extraordinarios. Esto es inaceptable y todos los partidos políticos tienen que tener claro que el tacticismo se paga», ha advertido.

Javier Fernández marca como prioridad revertir la situación de Alcoa

Susana D. Machargo
Manifestación convocada por el comité de empresa de Alcoa para protestar contra el anuncio de cierre de esta planta y de otra más en Avilés (Asturias)
Manifestación convocada por el comité de empresa de Alcoa para protestar contra el anuncio de cierre de esta planta y de otra más en Avilés (Asturias)

El presidente del Principado se muestra esperanzado en que «todos estén a la altura de la gravedad de la situación»

Javier Fernández ha marcado sus prioridades desde el primer minuto en su último debate de orientación política: revertir la situación en Alcoa. El presidente del Principado aspira a convencer a la multinacional para que reconsidere su postura y ha dejado claro que sus esfuerzos en los próximos meses se centrarán en conseguirlo. 

Fernández ha iniciado su intervención en su último debate de orientación política recordando las movilizaciones para defender el empleo de la factoría y la solidaridad en nombre de todo el Gobierno del Principado. El presidente ha asegurado que que el Gobierno asturiano seguirá trabajando para intentar que Alcoa revierta su decisión. «No cabe duda de que este será, y así debe ocurrir, uno de los grandes asuntos de esta sesión», ha dicho Javier Fernández que ha mostrado su esperanza y deseo de que «todos estén a la altura de su gravedad».

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