Así fue el asombroso milagro de supervivencia de Cheluis

El parapentista logró aguantar bebiendo y comiendo lo que podía, soportando temperaturas de -15º y sin dormir. Consiguió mantener en activo la batería de su radio hasta que contactó con un joven argentino

Chelui en uno de sus viajes
Chelui en uno de sus viajes

Nueva Delhi

«Quédate tranquila que voy a vivir cien años», le dijo antes de salir de España a su esposa José Luis Bernal, que hace una semana era un maestro de 60 años jubilado de una escuela secundaria en Asturias, y hoy es el hombre que sobrevivió cinco días perdido y solo en la cordillera del Himalaya. Bernal despegó la mañana del 19 de octubre junto a sus amigos desde el monte Bir Billing, en el estado norteño indio de Himachal Pradesh, pero un par de horas después solo cinco parapentes aterrizaron. Los cinco compañeros con los que viajaba perdieron comunicación con él. «Ese fue el día D», dice Bernal a Efe, que ha perdido la noción del tiempo desde que una nube súbita le sacó del trayecto de vuelo haciéndole ascender 5.000 metros hasta un lugar remoto de la cordillera del Himalaya de la que tardaría en saber cómo volver.

«Yo subía de forma descontrolada, subí hasta los 5.000 metros o más, sin ver, por lo que no sabía para donde me llevaba, y cuando recuperé la visibilidad estaba en un sitio del que no tenía ni idea», recuerda rodeado de sus amigos y sin dejar de reír. La nube sacó a Bernal de la zona habitual de vuelo hasta los valles «totalmente inhóspitos, salvajes, imposibles» de la cordillera india del Himalaya a la que acceder o salir caminando es casi imposible, y que al ver desde el aire le hacían solo pensar cómo podría él poner los pies en el suelo. «Yo solo pensaba en no lesionarme, porque me decía: si haces esto y te pasa algo en las piernas, estás muerto», dice el parapentista que no sabía aún que pasaría allí cinco días con sus cuatro noches. Sin comida, abrigo, ni el equipo necesario, el maestro asturiano intentó durante días y sin éxito, subir las empinadas montañas del norte indio en su intento por volar hacia algún lugar, cualquiera que fuera.

Con cinco kilos de peso menos, Bernal «bebía lo que encontraba, cuando podía, porque a partir de cierta altura era hielo, cuando estaba en una zona baja podía beber agua de río, pero aun así fui aguantando», apunta al tiempo que recuerda esta como la única experiencia que ha tenido desde que era un niño y trepaba las montañas con sus amigos llevando solo un cacho de pan en los bolsillos. La inmensidad de las montañas y el confuso transcurrir del tiempo hacía tambalear al esposo y padre de dos hijos entre la esperanza y la resignación. «Yo me repetía: no, esto es imposible, es inhumano salir de aquí, y por otra parte me decía no, si no sales tú solo, no te van a sacar», rememora. La aventura de dormir perdido y sin equipos en las montañas se trata, dice, de apañarse, «echarte en el sitio que te pilles, meterte debajo de una piedra o buscarte un pequeño refugio entre las paredes de piedra que te encuentres, allí te tumbas con todo el equipo rodeándote para aguantar la noche». «Aunque dormir, dormir no puedes porque la temperatura se desploma a menos 10 o  menos 5 grados centígrados y yo eso no lo tenía previsto», agrega.

Lo que él no imaginaba es que sus cinco amigos, su esposa, todos sus estudiantes y compañeros estaban moviendo todo cuanto podían para hacerlo volver, tocando puertas y haciendo enlaces que fueron claves para encontrarlo. En las desesperantes 24 horas que sus amigos debieron esperar para que Bernal pudiera ser considerado como desaparecido y se comenzara una búsqueda formal de las autoridades, estos corrieron la voz en el poblado de Bir, en las embajadas, en la India, en Asturias y más allá. Así que, después de tres días en los que «Chelui», como le llaman sus amigos, había guardado con cuidado la batería de su radio en el bolsillo para que el frío no la descargará, y tras varios intentos fallidos por comunicarse, Bernal escuchó su primera voz. «Cristian ¿me escuchas? esto es vital, dile a mis amigos que estoy vivo, que estoy en un pico de 4.300 metros y que sigan intentando buscarme», fue lo primero que dijo a un chico argentino que había puesto su radio en la frecuencia que los compañeros del asturiano habían difundido con la esperanza de que alguien les pudiese ayudar. «Dios mío voy a salir de aquí, no me lo puedo creer, voy a seguir vivo», fue, según recuerda, lo segundo que dijo luego de hablar con su primer y único contacto con el argentino, con quien después intentó volver sin éxito.

Con humildad, el parapentista se maravilla más con la pancarta que ha visto hoy publicada en internet por los 700 alumnos del instituto del que se jubiló el año pasado en la que se lee «Bernal, te esperamos», que con el propio hecho de haber sobrevivido todos estos días sin encontrar ni siquiera una baya en el camino. «Han lanzado esa foto a internet, esto es increíble, estoy muy emocionado, esta es una segunda vida», dice conmovido. El espíritu de Bernal sigue alto, y tras cinco días perdidos ya ha vuelto a preguntar a sus amigos: «Bueno, cuándo vamos a volar. Porque es que a mi no me pasa por la cabeza decir, que le den por saco, o a la porra, claro que quiero seguir volando».

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