Rato pide perdón en la puerta de la cárcel

mercedes mora REDACCIÓN / LA VOZ

ASTURIAS

El exvicepresidente ingresó ayer en la prisión madrileña de Soto del Real, horas antes de expirar el plazo que le habían dado, para cumplir cuatro años y medio de condena por las «black»

26 oct 2018 . Actualizado a las 08:25 h.

Hace ya casi nueve años que Rato desembarcó en la presidencia de Caja Madrid y cuatro desde que el escándalo de las black le estalló en las manos. Y nunca, en todo este tiempo, había el exvicepresidente de Aznar pedido perdón por su gestión o sus más que cuestionables comportamientos al frente de la entidad donde se gestó la calamidad de un fiasco financiero que tardaremos décadas en pagar. Nunca había mostrado arrepentimiento alguno. Ni ante el juez. Ni en el Congreso, donde compareció hasta en dos ocasiones para dar cuenta de sus desmanes. Todo lo contrario. Siempre se había mostrado altanero. Soberbio. Desafiante. Como en sus horas doradas como vicepresidente del Gobierno. Porque, en su opinión, él era una víctima. Una suerte de chivo expiatorio de la crisis, abandonado a su suerte por sus excompañeros del PP y por quienes colocó a dedo en empresas públicas.

Hasta ayer, que admitió su culpa. Justo antes de su entrada en la prisión madrileña de Soto del Real, donde ingresó pasado el mediodía para cumplir la pena de cuatro años y medio de prisión que le impuso la Audiencia Nacional, y confirmó el Supremo, por dilapidar el dinero de la caja con las famosas black. «Acepto mis obligaciones con la sociedad y asumo los errores que haya cometido. Pido perdón a la sociedad y a aquellas personas que se hayan podido sentir decepcionadas. En nombre mío y de mi familia doy las gracias a todos los que nos han apoyado en estos momentos», confesó un Rato desconocido por su tono de humildad.

Nada más dijo. Tampoco contestó a las preguntas de los numerosos periodistas que se habían concentrado a las puertas del penal, donde el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional habita desde ayer. Llegó a la prisión a plena luz del día, sin esconderse, a bordo de su propio coche, conducido en esta ocasión por su esposa. Con pantalones vaqueros, en mangas de camisa y chaleco, y tirando de una maleta y una bolsa de deporte recorrió a pie los 80 metros de explanada que lo separaban de la cárcel. Horas antes de que expirara el plazo que le había dado la Audiencia Nacional para entrar en el penal de su elección. El mismo tribunal que el miércoles echó por tierra su pretensión de seguir en libertad mientras se tramitaba el recurso ante el Constitucional.

Pedir perdón y asumir el delito es imprescindible para solicitar un indulto. A ver cuál es su estrategia para salir cuanto antes de la cárcel.

En la ya famosa prisión de Soto del Real, Rato coincidirá con algunos conocidos suyos, como el extesorero del PP Luis Bárcenas, el exmarido de Ana Mato Jesús Sepúlveda o el ex secretario de Estado de Hacienda Estanislao Rodríguez-Ponga, condenado a tres años y dos meses también por darse la vida padre con su black

«Bastante animado»

Fuentes internas de la prisión explicaron ayer a Colpisa que durante sus primeras horas entre rejas Rato se comportó de una manera «extremadamente cordial» e incluso indicaron que se le veía «bastante animado». Hasta se interesó por el folleto con las instrucciones de cómo funciona el centro, un texto que Interior entrega a los que técnicamente se denomina presos primarios.

Del cielo al infierno

m. m.

La entrada en prisión del, en otros tiempos, todopoderoso Rodrigo Rato pone el punto y aparte a un capítulo de nuestra historia: el del milagro económico español. Él era el artífice. Como en su día, la de Mario Conde: el de la España del pelotazo. Él era su encarnación. También pasó por Soto del Real.

La de Rato, que es la que nos ocupa ahora, hace ya tiempo que dejó de ser una historia de éxito para convertirse en un símbolo de la crisis.