Rato pide perdón en la puerta de la cárcel

El exvicepresidente ingresó ayer en la prisión madrileña de Soto del Real, horas antes de expirar el plazo que le habían dado, para cumplir cuatro años y medio de condena por las «black»

Rato entra en Soto del Real La nueva caída a los infiernos del hombre que fue ministro milagro y terminó en decepción nacional. Hoy ha pedido perdón y ha dicho que ha «asumido los errores cometidos»

redacción / la voz

Hace ya casi nueve años que Rato desembarcó en la presidencia de Caja Madrid y cuatro desde que el escándalo de las black le estalló en las manos. Y nunca, en todo este tiempo, había el exvicepresidente de Aznar pedido perdón por su gestión o sus más que cuestionables comportamientos al frente de la entidad donde se gestó la calamidad de un fiasco financiero que tardaremos décadas en pagar. Nunca había mostrado arrepentimiento alguno. Ni ante el juez. Ni en el Congreso, donde compareció hasta en dos ocasiones para dar cuenta de sus desmanes. Todo lo contrario. Siempre se había mostrado altanero. Soberbio. Desafiante. Como en sus horas doradas como vicepresidente del Gobierno. Porque, en su opinión, él era una víctima. Una suerte de chivo expiatorio de la crisis, abandonado a su suerte por sus excompañeros del PP y por quienes colocó a dedo en empresas públicas.

Hasta ayer, que admitió su culpa. Justo antes de su entrada en la prisión madrileña de Soto del Real, donde ingresó pasado el mediodía para cumplir la pena de cuatro años y medio de prisión que le impuso la Audiencia Nacional, y confirmó el Supremo, por dilapidar el dinero de la caja con las famosas black. «Acepto mis obligaciones con la sociedad y asumo los errores que haya cometido. Pido perdón a la sociedad y a aquellas personas que se hayan podido sentir decepcionadas. En nombre mío y de mi familia doy las gracias a todos los que nos han apoyado en estos momentos», confesó un Rato desconocido por su tono de humildad.

Nada más dijo. Tampoco contestó a las preguntas de los numerosos periodistas que se habían concentrado a las puertas del penal, donde el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional habita desde ayer. Llegó a la prisión a plena luz del día, sin esconderse, a bordo de su propio coche, conducido en esta ocasión por su esposa. Con pantalones vaqueros, en mangas de camisa y chaleco, y tirando de una maleta y una bolsa de deporte recorrió a pie los 80 metros de explanada que lo separaban de la cárcel. Horas antes de que expirara el plazo que le había dado la Audiencia Nacional para entrar en el penal de su elección. El mismo tribunal que el miércoles echó por tierra su pretensión de seguir en libertad mientras se tramitaba el recurso ante el Constitucional.

Pedir perdón y asumir el delito es imprescindible para solicitar un indulto. A ver cuál es su estrategia para salir cuanto antes de la cárcel.

En la ya famosa prisión de Soto del Real, Rato coincidirá con algunos conocidos suyos, como el extesorero del PP Luis Bárcenas, el exmarido de Ana Mato Jesús Sepúlveda o el ex secretario de Estado de Hacienda Estanislao Rodríguez-Ponga, condenado a tres años y dos meses también por darse la vida padre con su black

«Bastante animado»

Fuentes internas de la prisión explicaron ayer a Colpisa que durante sus primeras horas entre rejas Rato se comportó de una manera «extremadamente cordial» e incluso indicaron que se le veía «bastante animado». Hasta se interesó por el folleto con las instrucciones de cómo funciona el centro, un texto que Interior entrega a los que técnicamente se denomina presos primarios.

Del cielo al infierno

m. m.

La entrada en prisión del, en otros tiempos, todopoderoso Rodrigo Rato pone el punto y aparte a un capítulo de nuestra historia: el del milagro económico español. Él era el artífice. Como en su día, la de Mario Conde: el de la España del pelotazo. Él era su encarnación. También pasó por Soto del Real.

La de Rato, que es la que nos ocupa ahora, hace ya tiempo que dejó de ser una historia de éxito para convertirse en un símbolo de la crisis.

Pero antes de eso lo fue casi todo. Menos presidente del Gobierno. Por los pelos, eso sí. O mejor dicho, por un dedo. El de Aznar, que no lo señaló como sucesor. Se le considera el español que más alto ha volado en el panorama económico internacional. Director gerente del Fondo Monetario Internacional. Casi nada. Con categoría de jefe de Estado y todo. Un cargo con el que España nunca antes se había atrevido a soñar. Hasta que dimitió precipitadamente en junio del 2007. Por razones nunca explicadas del todo. La versión oficial: cuestiones personales. La de las malas lenguas: en el FMI le señalaron la puerta después de que una auditoría interna desvelase movimientos extraños de sus empresas en fondos buitre. Presuntamente, blanqueaba dinero mientras dirigía la organización internacional.

Voló alto, sí. Pero más grande ha resultado la caída. Nada queda ya de aquel halo de impecable gestor que lo envolvía en sus días de gloria.

A su precipitada vuelta del FMI le esperaban la división internacional del banco de inversiones Lazard y los consejos de administración de Criteria (el grupo La Caixa) y de Telefónica. En ello anduvo hasta que en enero del 2010 le ganó el pulso a Ignacio González y se alzó con el mando de Caja Madrid, después reconvertida en Bankia. Dos años después llegaría el principio del fin, con su dimisión como presidente del banco y el posterior rescate de la entidad. Dos días antes de abandonar aquella poltrona dorada, todavía tuvo tiempo Rato de retirar 1.000 euros en efectivo con su black y hasta de pagar una comida de casi 400 euros.

En total se gastó algo más de 44.000 euros. Poco dinero para una persona nacida en el seno de una familia rica originaria de Asturias y con varios títulos nobiliarios. Pero suficiente para haber acabado de un plumazo con su imagen de ministro milagro y para acabar dando con los huesos en la cárcel.

Primera salida, dentro de un mes para asistir al juicio por el debut de Bankia en bolsa

j. m. camarero

Rato ha elegido la prisión de Soto del Real, en la sierra norte de Madrid, para favorecer sus futuros desplazamientos a la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares (Madrid), donde el 26 de noviembre comienza el juicio por la salida a bolsa de Bankia. Es su próxima cita con la Justicia. Así que dentro de un mes podrá realizar su primera salida para sentarse de nuevo en el banquillo. El juez le imputa los delitos de estafa a inversores y falsedad en las cuentas del 2010 y el 2011, con las que se presentó para convencer al accionista del salto al parqué de la entidad. El juicio se extenderá al menos hasta junio de 2019. Está por ver si Rato se ve obligado a acudir desde la cárcel a todas las sesiones o podrá hacerlo solo cuando sea necesario. Además, el Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid prosigue su investigación para indagar en el origen de su fortuna. Le atribuye delitos de corrupción y fiscales, además de blanqueo de dinero.

Un capítulo más de los muchos desmanes que se cometieron en las cajas, incluidas las gallegas. De hecho, los primeros responsables que cruzaron las puertas de una cárcel fueron los exdirectivos de Novacaixagalicia. Fueron condenados a dos años de prisión acusados de administración desleal al apropiarse de 22 millones de euros entre planes de pensiones e indemnizaciones por despido cuando la entidad ya había recibido la primera de las tres inyecciones de dinero público que fueron necesarias para salvarla.

En una situación similar se encuentra el expresidente de Catalunya Caixa, Narcís Serra, quien se sienta en el banquillo desde el pasado 5 de octubre por los sueldos cobrados por los ejecutivos de la entidad, cuando la caja también estaba en pleno declive. Serra se enfrenta a una pena de cuatro años de prisión por dos presuntos delitos de administración desleal a petición de la Fiscalía. Otra causa, la de las preferentes de la CAM, fue suspendida en verano por la Audiencia Nacional, después de que las acusaciones particulares se retiraran y solicitaran el sobreseimiento alegando la doctrina Botín.

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