La tormentosa relación de Postigo con la exdirectora de los apartamentos de Roquetas de Mar

Daniela Ángela Cosbuc relata en una carta la «atracción personal» que sintió el expresidente del Montepío por ella. La hizo pasar de recepcionista a directora. Cuatro años después la despidió por despecho

Postigo, a su llega a la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo
Postigo, a su llega a la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo

Redacción

Las investigaciones y la recopilación de material en torno a las causas que tiene abiertas el expresidente del Montepío de la Minería, José Antonio Postigo, tras haber regularizado éste a la vez que el exlíder sindical del SOMA, José Ángel Fernández Villa, miles de euros durante la amnistía fiscal de 2012 y haber sido imputados ambos por «el indiciario desvío, apropiación y ocultación de fondos» públicos concedidos por el Instituto del Carbón en 2009, está generando un volumen de documentos impresionante que incluye hasta una dura e íntima carta escrita por la que fuera entre 2006 y 2011 la directora de los Apartamentos La Minería de Roquetas de Mar, Daniela Ángela Cosbuc.

Este escrito, del que eran conocedoras diferentes personas, fue aportado en 2015 junto a otros por Laudelino Campelo cuando éste fue llamado a declarar por la Fiscalía Anticorrupción. En dicha carta, a la que ha tenido acceso La Voz de Asturias, y que Daniela Ángela Cosbuc titula «Hablar sin ataduras y sin tapujos», describe lo que le supuso la llegada de Postigo al cargo. Cómo pasó de ser la recepcionista de dichos apartamentos a ser la directora «por una caprichosa atracción personal» del entonces presidente de la entidad mutualista para con ella y cómo después de cuatro años fue despedida. «Me convertí en el pagaré de los errores que no pudo superar para hacer frente a la avalancha de imputaciones, cartas, llamadas a casa y amenazas ajenas», relata la exdirectora.

Tras una breve introducción en la que además de presentarse critica los «excesos, tanto patrimoniales como retóricos» cometidos «en defensa de la bendita autonomía sindical», la exdirectora de los Apartamentos de Roquetas de Mar cuenta como «el recién nombrado presidente se quedó prendado de mi nada más pisar en el inmenso hall de la Minería en Roquetas. Desplegó toda su amabilidad en hacer pasitos tímidos hacia mí. ¿Por qué me rehúyes?, pregunta que dejaba caer dulce», señala la misma antes de añadir que «le importó tres cominos mi certificado de matrimonio, lo mismo que el suyo». Así, cuenta las «repetitivas» palabras de Postigo: «A ti que no te falte de nada», «No me hables, vida, del trabajo, háblame de nosotros».

Daniela señala que quiso desempeñar su puesto lo mejor posible «regalando lo mejor de mis cualidades de trabajadora innata a la empresa» y expresa que el grado de confianza del expresidente del Montepío en ella fue tal que «tenía acceso a la caja fuerte (personal de su despacho), conocía secretos de alcobas (personales y ajenas)» y que incluso firmó «la hora de conformidad de la obra» que se realizó en el complejo vacacional en 2010.

Lo que cuenta a continuación en esa carta es como unos meses después «con gélida seriedad y fuerte síntoma de impaciencia» Postigo utilizó «un discurso inseguro, retorcido y confuso» primero con ella y después con los trabajadores de los apartamentos que finalmente terminó con su despido porque, según añade, «el hombre estaba dolido y le resultó difícil expresar un mal de amores en términos laborales», dando a entender que la decisión fue consecuencia de que ella no accediera a determinados requerimientos de carácter personal.

La exdirectora de los apartamentos de Roquetas de Mar explica también como Postigo «mostró un deseo inexplicable de arrastrarme a la ruina, como demostración personal de que «sin mí eres nadie», hasta el punto de que asegura que le ofreció «como liquidación unos 900 euros» después de preguntarle si le iba a firmar la carta de despido; que exigió que su hijo dejara el puesto de socorrista o como contactó con su exmarido para que éste le echara una mano «en el proceso de mi hundimiento, a cambio de ofrecerle, al pobre parado, trabajo y mil favores». «Cuatro años al lado del Sr. Postigo me hicieron comprender que ganó su lugar con ingeniosa ingenuidad… y las dudas no dejan de golpearme la cabeza ¿cómo puede ser tan peligroso siendo tan vulgar?... Por cierto, afortunadamente, no conozco a nadie que mienta como el Sr. Postigo: con tanta disciplina, precisión y sinceridad», escribe.

Pero Daniela Ángela Cosbuc no fue la única que sufrió el carácter de Postigo. «La pandemia de despidos no terminó conmigo. Pobres ignorantes, encontraron el destino «en la putita calle» por no entender que el halago es como una droga y el Sr. Postigo la necesita, para alimentar su vanidad que no tiene límite», escribe en la carta en la que también precisa palabras que le dedicó el ex presidente de la entidad mutualista. «Me dijo torpe, poco inteligente, que tampoco entiende mi castellano (…), que no soy capaz de escribir una carta (…) A lo mejor estas palabras forman parte de un vocabulario sindical intimidador», indica en el escrito Daniela, que apostilla que «me hubiera gustado llamarlo «acoso laboral», pero es que de laboral no tiene nada».

Las últimas palabras de su carta son para criticar «los abusos, privilegios y excesos, que ensucian la labor del sindicato. El silencio se tiene comprado», comenta Daniela Cosbuc, quien antes de terminar plantea la duda con la que se queda: «¿Es el sindicato quien decide?».

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