No me controles: la Igualdad entra en las aulas asturianas

El Colegio San Miguel es el único de Asturias que ha implantado en Secundaria la asignatura optativa de género ofertada por la consejería

Alumnos de la asignatura de Igualdad, de tercero de la ESO, en el Colegio San Miguel, de Gijón
Alumnos de la asignatura de Igualdad, de tercero de la ESO, en el Colegio San Miguel, de Gijón

Redacción

Ezequiel Iguiniri: «Esta asignatura nos abre la mente». Naira Iglesias: «Es una lección de vida». Breylin Ovalles: «Yo creía que todas las maltratadas denunciaban pero no sabía que había muchas que no lo contaban». Noa Blanco: «Muchas veces dejamos nuestras contraseñas y nuestros móviles a nuestros novios porque confiamos en ellos y pensamos que no pasa nada. No nos damos cuenta de que ellos lo hacen porque están desconfiando de nosotros». Marce González: «Esta clase es muy necesaria porque todos somos iguales y muchas veces haces cosas sin mala intención que pueden ofender a otros». Yanara Ramiro: «No es que les tuviera manía pero no entendía muy bien a gays y lesbianas. Ahora sé que es lo más normal». Desi Fernández: «Un novio que te dice como tienes que vestir o que te pide tus claves no confía en ti y no merece la pena». Irache Teixeira: «La confianza es lo primero en la pareja». 

Estas son solo algunas de las reflexiones que ponen en común los alumnos de 15 y 16 años de tercero de la ESO del colegio San Miguel, de Gijón, los primeros alumnos en Asturias que han tenido la oportunidad de matricularse en la asignatura de Igualdad de Género. Únicamente el colegio San Miguel ha implantado esta optativa desarrollada por la Consejería de Educación del Principado con el objetivo de educar en igualdad a edades tempranas. La administración desarrolló el currículum que aborda desde los estereotipos a la legislación, la violencia sexual o el papel de la mujer en la historia. La clase está a tope. Se han inscrito 30 estudiantes, la mitad de los que cursan tercero de la ESO en este centro. Esta semana están volcados con el 25-N. Pero a lo largo del año afrontan todo tipo de temas algunos tan importantes en su día a día como los micromachismos.

El equipo docente

La docente que está al frente del aula es la orientadora, Lucía Morán, que ha sido la encargada de desarrollar la programación. Morán lleva años trabajando la igualdad con sus alumnos, a través de talleres y charlas, así que la asignatura le ha parecido un reto emocionante, en lo personal, y una herramienta imprescindible, en lo profesional. Se declara «defensora a muerte» de los adolescentes, porque sabe que «tienen mucho que expresar y soportan una mala fama...». Pero necesitan instrumentos para sobrevivir a nuevos fenómenos, como las redes sociales. «Están tan expuestos que no filtran», admite. Así que trata de tomarles de la mano para «que sepan que ser persona es lo primero» y para que tengan puntos de anclaje. Lo fundamental es mostrarles, los conceptos y asegurarles que existe «el buen amor pero también el mal amor».

Lucía Morán tiene detrás el respaldo total de la dirección, sorprendida de que ningún otro centro haya implantado una asignatura que califican de «necesaria». El jefe de estudios, Javier Amores, señala que, en cuanto recibieron la circular de la consejería con las materias de libre configuración y apareció la de Igualdad de Género, no tuvieron dudas. Tenían que ofertarla. «Nos parecía fundamental», argumenta. Así que prescindieron de otra asignatura relacionada con el emprendimiento y metieron esta, en igualdad de condiciones que Francés como segundo idioma extranjero y Llingua asturiana. «Tercero de la ESO es un curso clave. Es muy intenso para todo, para lo bueno y para lo malo. Así que es un año interesante para fomentar el debate, la implicación, la participación», explica.

Los comportamientos y el modo de relacionarse de los adolescentes es motivo de preocupación. Lo reconoce la directora del Colegio San Miguel, Ana Vázquez. «Hablamos con los alumnos y nos cuentan que les parece normal que el novio le haya dado un bofetón por algo que no le ha gustado. O no le dan importancia a que le controlen el móvil. Son cosas que nos parecen imposibles pero que están pasando. Por eso nos pareció fantástico poder implantar esa asignatura», comenta. Su objetivo es correguir un déficit de información y referentes en plena era de la información. Habla incluso del peligro del porno, que consumen sin filtros.

Dentro del aula

El primer brazo tarda en alzarse sólo unos segundos. Pero en cuanto Ezequiel Iguiniri rompe el hielo, el resto comienzan a animarse. Los debates en clase de Igualdad no pasan por momentos de silencio. Lucía Morán no tiene que motivarles para que hablen, más bien al contrario, tiene que ordenar la conversación. Ezequiel se matriculó convencido de que le iba a «abrir la mente» y así ha sido. Otros, en cambio, como Hugo Nachón, lo hicieron por probar suerte, para ver si era fácil y no le daba mucha guerra. Lo reconoce abiertamente, al mismo tiempo, que admite su error. «Aprendo mucho», afirma sin más detalles. Pero ha levantado la mano y ha querido hablar.

Alguno cuenta, tampoco sin detalles personales, que ha vivido de cerca situaciones de maltrato. Más de una chica sabe también del control que ejercen los novios de sus amigas o compañeras sobre su indumentaria o sobre sus redes sociales. Tampoco niegan tener prejuicios contra gays y lesbianas o personas con otras orientaciones sexuales, basados en el desconocimiento. No esperan encontrar una receta mágica en la clase de Igualdad pero sí referentes para afrontar cosas. Incluso comienzan a replantearse principios que antes ni pasaban por su mente. Lo hablan con total libertad en el aula, con una ligera duda y una mirada de reojo a la profesora, cuando pisan un terreno en el que no están muy seguros.

«Estamos centrados en el 25-N por la fecha que es. De hecho, hemos alterado un poco la programación para que coincida con la fecha. Pero luego la temática es muy variada. Les damos conceptos y les transmitimos valores, hablamos de la diversidad sexual, de los micromachismos,... Ellos se muestran repetuosos», explica Lucía Morán, quien entiende que la clave se resume precisamente en un concepto: la empatía.

  

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