El «caso Ardines» pone a prueba a la Guardia Civil

El asesinato del único concejal de IU en Llanes sacude a Asturias y activa una difícil investigación entre el polvorín político del Ayuntamiento y la vida personal de la víctima

Javier Ardines, en su despacho, en la foto de la página web del Ayuntamiento de Llanes, que aún conserva su texto de presentación en primera persona
Javier Ardines, en su despacho, en la foto de la página web del Ayuntamiento de Llanes, que aún conserva su texto de presentación en primera persona

Oviedo

A Javier Ardines lo encontró muerto un vecino poco después de amanecer el día 16 de agosto. Estaba tirado en un camino rural, al lado de su casa, y desde el primer momento fue evidente que había sido asesinado. Era el único concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Llanes y, como responsable de Personal y teniente de alcalde, una figura decisiva en el equipo de gobierno de cuatro partidos formado en 2015 para desalojar al PSOE del poder local. Muchos pensaron en los primeros momentos que el crimen era una consecuencia directa de su actividad política en una casa consistorial donde la tensión se acumula como un escape de gas que cualquier chispazo puede convertir en explosión demoledora. Cuatro meses después, sin embargo, la Guardia Civil sigue enfrascada en una investigación que no se centra de manera exclusiva en las rencillas laborales y personales del concejo, sino que también tiene en cuenta elementos del círculo personal de la víctima.

El caso fue una sacudida en toda Asturias. Ardines era un figura conocida, respetada y querida en toda la organización autonómica de IU, a pesar de que él nunca ambicionó cargos fuera de su concejo. Ni siquiera vivía de la política. No cobraba del Ayuntamiento. Era pescador, tenía su barco y con él salía a faenar para ganarse la vida. Por eso había salido temprano de su casa la mañana que lo mataron. Vivía en el caserío de Belmonte, en la parroquia de Pría, y había cogido el coche para dirigirse al puerto de Llanes cuando se encontró con un obstáculo imprevisto en el camino. Alguien lo había bloqueado con una valla de obra. Al bajarse para apartarla, según creen los investigadores, tres personas salieron a su encuentro y le propinaron varios golpes en la cabeza con un objeto romo. Ardines, sin embargo, era un hombre fuerte con un trabajo que le ayudaba a estar en forma. La autopsia, cuyos resultados trascendieron en octubre, reveló que, después de derribarlo, los agresores lo habían asfixiado en el suelo. El coche quedó en marcha y con la puerta del conductor abierta a sesenta metros del punto donde apareció el cadáver.

Equipo de élite

Se necesitó acudir a las hemerotecas para recuperar casos similares de asesinatos de representantes electos en Asturias. La comunidad, más tranquila que nunca alrededor de las fiestas, el calor y las vacaciones del 15 de agosto, no salía de su asombro. El caso, además, tenía todo el potencial para causar electrocuciones por alto voltaje político, así que la Guardia Civil decidió asignar el caso a su Unidad Central Operativa (UCO), la crema de sus investigadores, que desde Madrid se mueve por toda España para asumir los crímenes más complicados. La resolución de la desaparición y la muerte de la joven Diana Quer, además, les ha situado este año bajo una luz favorable.

Pero incluso ese equipo de detectives con muchos éxitos y muchas horas de vuelo en su historial se han encontrado en Llanes con una labor lenta y fatigosa. Han pasado muchas horas en el camino donde sucedió todo, buscando pistas y haciendo reconstrucciones, encajando las voces que oyó un vecino de madrugada y el relato del testigo que salió a pasear al perro y descubrió el cuerpo. Han recuperado ADN. Han repasado las millares de señales que rebotó aquella noche el repetidor de telefonía móvil más cercano, que da servicio a la cercana Autovía del Cantábrico, muy transitada por los veraneantes que iban y venían a fiestas de prao. Y apenas han hablado. En noviembre, algunos medios publicaron que la Guardia Civil había dejado a un lado el móvil político del crimen, que se decantaba por un asesinato pasional y que había identificado a un sospechoso residente fuera de Asturias pero visitante frecuente de la región. No hay confirmación oficial y, hasta ahora, la muerte de Ardines sigue siendo un misterio.

Oleada de insultos y amenazas en la política local

El asesinato de Llanes sacó lo peor de algunas personas. En Riosa, pocas semanas después del crimen, otra alcaldesa de IU y un concejal de su equipo de gobierno sufrieron daños en un coche y amenazas de muerte que les recordaban el destino de Ardines. En septiembre menudearon las denuncias y los incidentes de acoso que pusieron de relieve una cara fea de la política local en Asturias. Por lo general, se ignora, pero en aquellas semanas alguien sacó de un depósito municipal de Cangas del Narcea el coche de un exalcalde de IU, lo llevó a un monte y le prendió fuego. Pero las víctimas no solo están en IU. La alcaldesa socialista de Ponga lleva todo su mandato recibiendo amenazas que ella atribuye al entorno de uno de sus predecesores en el cargo y la de Ribadesella (Foro) recurrió a los tribunales ante los mensajes de un vecino resentido por problemas con unas licencias urbanísticas.

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