Asturias teme por el futuro de su industria

Los anuncios del cierre de la térmica de Lada, los pozos de Hunosa y la fábrica de Alcoa en Avilés desatan el miedo a una cuarta reconversión que merme el PIB y cueste miles de empleos

Una chimenea industrial
Una chimenea industrial

Oviedo

Otro ciclo de pesimismo económico atrapa a Asturias. Mientras en el resto del país, conjurada ya la recesión aunque no todas sus consecuencias sociales, las comunidades autónomas empiezan a transmitir reactivación y futuro, el Principado sigue en su bucle melancólico de reconversiones, pérdidas de empresas, reducción de la población activa, envejecimiento y emigración forzosa y abundante de jóvenes titulados. La psicología de crisis instalada en la región desde las reconversiones de los 80 se aviva en 2018 con una nueva sacudida: la marcha de Alcoa y los problemas de la gran industria del metal, ávida consumidora de electricidad para alimentar su procesos, con una factura energética disparada.

Todo se curva en un círculo vicioso de problemas. Iberdrola cierra sus térmicas (Lada, en Asturias) para apuntarse a la transición energética, baja la demanda de carbón para una Hunosa ya amenazada por el fin de las ayudas públicas a partir del 1 de enero y, a la vez, el recibo de la luz vuelve a subir para las fábricas que más dependen de ella. Ha sido un año de preocupaciones constantes en el que se han publicado pronósticos funestos. El sindicato CCOO teme que si la decisión de Alcoa ?muy contestada pero irrevocable por ahora? de cerrar la factoría de Avilés se pone finalmente en práctica, el contagio a las otras multinacionales del metal que operan en la comarca acabe en una carrera de deslocalizaciones que se lleve por delante 60.000 puestos de trabajo, aproximadamente la sexta parte de toda la población activa de Asturias. Los estudios económicos, en sus peores escenarios, también consideran posible que una nueva crisis productiva se lleve por delante el 10% del PIB regional.

La energética, según algunas versiones, será la cuarta reconversión de una región que ya ha reducido en las últimas décadas el tamaño y el empleo de la minería, el sector naval y la siderurgia y ahora lleva camino de perder las centrales térmicas. El fin de la extracción de carbón pesa por su valor simbólico, pero, en términos económicos y de empleo, ya no es el desastre que fue hace 30 años: el sector aporta menos del 1% del tamaño de la economía regional. Sin embargo, la acumulación de golpes pone en riesgo el carácter de región industrial que desde hace más de un siglo y medio es el sello de Asturias. El 22% de su PIB se genera en las fábricas. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, es vista como una amenaza por su apoyo a una descarbonización acelerada.. Al Gobierno central tampoco le ha granjeado amigos el olvido del Principado en el reparto de fondos estatales para la reindustralización.

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