La princesa Leonor reclama su lugar en Asturias

Los actos del 8 de septiembre, la primera aparición institucional de la heredera del trono español, lograron un seguimiento masivo y subrayaron el vínculo de la familia real con la comunidad autónoma. Pero también hubo protestas

La familia Real en los Lagos de Covadonga
La familia Real en los Lagos de Covadonga

Oviedo

Entre aplausos monárquicos y protestas republicanas, Leonor dejó de ser una princesa de Asturias solo nominal y empezó a ejercer sobre el terreno en el día de la fiesta oficial de la comunidad autónoma. Como su padre, el rey Felipe VI, 41 años antes, la heredera de la corona española hizo su primera aparición institucional con protagonismo propio en Covadonga. Era un 8 de septiembre con acumulación de celebraciones en lo que se denominó el año de los tres centenarios: los 1.300 años del establecimiento envuelto en leyenda del Reino de Asturias, la efemérides religiosa de la coronación de la Virgen hace un siglo y la creación laica del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, embrión del actual Parque de los Picos de Europa en 1918. A todas esas celebraciones y a la inauguración de un mirador bautizado con su nombre en la subida a los lagos se sumó Leonor, acompañada por sus padres y por su hermana Sofía, en una jornada que selló su vinculación con Asturias.

Las protestas no pasaron de Cangas de Onís por decisión gubernativa. A una parte de la sociedad asturiana la simbiosis de religión y monarquía no le cayó bien y salió a manifestarse en favor de otro régimen político. Asturies nun tien rei, proclamaba la marcha republicana. Pero otra parte de la sociedad sí se sintió identificada con los actos, y de ningún modo a regañadientes. Hubo mucha gente en Covadonga aquel día, gente que vitoreaba a la familia real, escuchaba la homilía del arzobispo de Oviedo y se emocionaba con la gaita de José Ángel Hevia.

A la heredera del trono se la esperaba en Asturias casi desde su nacimiento. Ya hace años que comenzaron las cábalas acerca de cuándo visitará Oviedo en octubre para presidir la entrega de los premios que concede la fundación que lleva por nombre su título. Ya está alcanzando la edad que tenía su padre cuando tomó la palabra por primera vez en el Teatro Campoamor y hay quien desea verla todos los años en la ciudad de su madre.

Por los senderos del Parque de Picos

Si el acto de Covadonga debía servir como prueba o termómetro, quizá esa presencia se acelere. La princesa y la infanta fueron el centro de atención, aguantaron el tipo y el protocolo, regalaron a las cámaras una colección de imágenes de postal, dejaron una impresión grata y a mucha gente satisfecha. El Ayuntamiento de Cangas de Onís regaló a Leonor una yegua de raza asturiana de montaña y toda la familia recorrió los senderos del parque nacional hasta una foto de grupo a la orilla del lago Enol. Se ayudaban para caminar de unos cayaos tallados expresamente para la ocasión por un artesano de Caín.

En 1977, cuando su hijo recibió la Cruz de la Victoria en Covadonga, Juan Carlos I dijo en su discurso que el símbolo advertía también al niño que un día le sucedería de la carga de ser rey. El monarca emérito, cuestionado de nuevo por sus amistades saudíes en un año de extremo desprestigio para la familia real árabe por el asesinato de un periodista crítico con sus abusos, la sintió al abdicar en Felipe. A Leonor le tocará en el futuro heredar esa carga y, con ella, inclinar la balanza de la opinión hacia quienes subieron a estrecharle la mano o quienes, a distancia, la abucheaban.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

La princesa Leonor reclama su lugar en Asturias