La Moncloa encumbra a Lastra y Carcedo

Raúl Álvarez OVIEDO

ASTURIAS

El candidato a la Secretaría General del PSOE Pedro Sánchez (c), acompañado de la diputada asturiana Adriana Lastra (d), que coordina su candidatura, y la senadora María Luisa Carcedo (i), durante el acto de campaña celebrado en Gijón
El candidato a la Secretaría General del PSOE Pedro Sánchez (c), acompañado de la diputada asturiana Adriana Lastra (d), que coordina su candidatura, y la senadora María Luisa Carcedo (i), durante el acto de campaña celebrado en Gijón Alberto Morante

Las dos asturianas del círculo más estrecho de Pedro Sánchez cogen vuelo desde sus cargos de portavoz parlamentaria del PSOE y ministra de Sanidad

02 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Nadie en Asturias pasa más tiempo bajo la lupa que Adriana Lastra. Desde su encuentro político con Pedro Sánchez, ha compartido con él la ruta accidentada de curvas, ascensos y descensos que llevó desde la defenestración de Ferraz a la vida de poder y BOE en La Moncloa. La vicesecretaria general del PSOE y portavoz del partido en el Congreso recibe luz de focos situados en cualquier dirección que mire. Sale en todas las listas de mujeres poderosas o de personas poderosas sin distinciones de género. Las revistas de colorines y estilismos escudriñan sus camisetas y sus cazadoras vaqueras, los analistas políticos interpretan sus acciones y sus omisiones o retuitean sus recomendaciones musicales, se pelea con la oposición en el hemiciclo y los columnistas refractarios a los cambios sociales en España la convierten en heredera de Leire Pajín o Bibiana Aido al concentrar en otra socialista joven toda la inquina que les producen las novedades.

La moción de censura que expulsó a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno y convirtió a Sánchez en su sustituto supuso el acceso al último círculo del poder para la nueva hornada de dirigentes socialistas que se pusieron del lado de Sánchez en las controversias -a veces casi teológicas y en otras ocasiones humanas, demasiado humanas- por definir el alma del partido. Lastra estuvo en todas desde el principio, aunque no por decisión propia en los momentos iniciales. Cuando el primer Sánchez ganó las primarias a Eduardo Madina, el candidato favorito de la FSA, Javier Fernández negoció la presencia asturiana en la ejecutiva y ahí surgió su nombre como secretaria de Política Municipal. Lastra, sin embargo, pronto se sacudió el control de Oviedo para convertirse en colaboradora leal y convencida de Sánchez. Le apoyó cuando los barones de desembarazaron de él, dejó que la temperatura de su trato con Fernández cayera hasta quedar apenas unas décimas por encima del cero absoluto y creyó en la segunda venida del secretario general.

Acertó. El 1 de junio el Congreso votó por la expulsión de Rajoy y el encumbramiento de Sánchez. El presidente prefirió no sentarla en su gabinete y encomendarle, en cambio, la tarea fundamental y delicada de gobernar un grupo parlamentario en el que no todos los diputados le son fieles. Al mismo tiempo, azota a la oposición desde la tribuna y, entre bambalinas, hace prácticas de diplomacia parlamentaria para sumar los apoyos que los escuálidos 84 diputados socialistas necesitan para sacar adelante su agenda. No está en el Ejecutivo, pero sí en las reuniones semanales donde se deciden sus prioridades y sus actuaciones. Desde los tiempos de Francisco Álvarez-Cascos (una comparación que horripilará a Lastra) como general secretario del PP de José María Aznar, no se recuerda a nadie nacido en Asturias con tanto poder e influencia en la escena política nacional.