Hace veinte años compró nueve fábricas estatales, de las que solamente conserva cuatro


La multinacional Alcoa se quedó con la empresa pública Inespal en 1998 tras pagar por ella 61.500 millones de pesetas. El grupo estadounidense se quedó con cuatro grandes divisiones de negocio, nueve plantas industriales y los servicios centrales de Madrid. De esas nueve fábricas, solo mantiene cuatro, si se tiene en cuenta que en realidad en San Cibrao (Cervo) funcionan dos instalaciones diferentes, una elabora alúmina y otra aluminio primario. Conserva además, de momento, las de A Coruña y Avilés. Por el camino se quedaron las de Amorebieta y Alicante, que Alcoa vendió a un grupo inversor y que ahora funcionan como Aludium. También se desprendió de otra en Sabiñánigo, que adquirió el grupo español Alibérico. Tanto este como Aludium sonaron como posibles candidatos a comprar las plantas de A Coruña y Avilés cuando Alcoa abrió un proceso de búsqueda de compradores, hace un par de años.

Alcoa compró Inespal en condiciones ventajosas. El Estado le garantizó ayudas para costear el elevado consumo eléctrico de las fábricas. Además, la operación de venta coincidió con la entrada en vigor de la nueva ley eléctrica, que consagró la libre elección de suministrador para grandes consumidores.

Pero el maná se acabó a partir del 2015. Los incentivos eléctricos se empezaron a repartir desde entonces en subastas competitivas. Tras la primera, de hecho, la multinacional presentó su primer ERE de extinción, que finalmente retiró. Ahora alega que el coste de la energía ya no es el principal factor que motiva la crisis de las plantas.

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Hace veinte años compró nueve fábricas estatales, de las que solamente conserva cuatro