El hombre del legado tangible

La larga extensión de sus mandatos, sumando 24 años al frente de Gijón y el Principado, permitió a Areces marcar profundamente la transformación de la Asturias postindustrial

Vicente Álvarez Areces
Vicente Álvarez Areces

Redacción

En la hora de la despedida, la mayor parte de las valoraciones de recuerdo al legado de Vicente Álvarez Areces, recordaron su «capacidad de trabajo» o el haber sido un dirigente «histórico». El reparto de sus mandatos entre la alcaldía de Gijón y el gobierno del Principado suman casi un cuarto de siglo, doce años en cada puesto, lo que supone un plazo suficientemente amplio como para dejar su huella. Y tanto adversarios como compañeros de Areces le reconocieron esa impronta en el día de su muerte.

Claro que lo que para unos fue una iniciativa transformadora para otros es un legado faraónico. Después de haber sido un reforzado alcalde de Gijón por tres mandatos, Tini Areces se lanzó a encabezar la carrera de la presidencia de Asturias en un momento en que los hados de la política le guiñaron un ojo. El PSOE se disponía a disputar al PP el Ejecutivo asturiano que le había sido arrebatado por primera vez en la democracia en la segunda mitad de la década de los 90. Areces se enfrentó a un consevadurismo totalmente dividido, que vivía la primera de sus dos grandes escisiones contemporáneas después de la estrepitosa ruptura entre Sergio Marqués y Francisco Álvarez-Cascos con lo que venció con mayoría absoluta.

A esa fortaleza legislativa se le acompañó un ciclo de victorias socialistas en España, con la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, en un contexto de crecimiento económico y una inversión presupuestaria por parte del Estado en Asturias con cifras que hoy son casi inimaginables, en algunos años los fondos destinados al Principado desde el Ejecutivo central multiplicaban por diez las medias de lo que Asturias ha recibido en los años de la crisis. Fruto de esas posibilidades y también de un declarado afán por modernizar a su modo una Asturias que todavía no había terminado de digerir la más cruenta reconversión industrial, afrontó una serie de construcciones y desarrollo de infraestructuras que marcaron su legislatura junto a una actividad frenética que rozaba la adicción al trabajo. Tini Areces contaba su agenda diaria con hasta cuatro actos oficiales y fue un presidente muy viajero que visitó una treintena de países y recorrió más de 700.000 kilómetros en coche, según recordaba ayer el perfil elaborado por la agencia EFE.

Algunas de esas grandes obras fueron también éxitos grandes, otras resultaron fiascos que en los más crudos años de la Gran Recesión quedaron a los ojos del público como un recuerdo del despilfarro. Bajo el mandato de Areces se puso en marcha la construcción del Hospital Universitario Central de Asturias, el HUCA, que abandonó los terrenos de El Cristo para instalarse en La Cadellada. Es un edificio moderno y funcional, al que se le demoraron algunas conexiones de comunicación y que, aún con problemas puntuales, es el buque insignia de un sistema público sanitario asturiano que tiene una elevada valoración de los usuarios.

Con Areces se inició la reforma del Museo de Bellas Artes aunque no se concluiría hasta muchos años después, en materia de museos la joya de su mandato es la puesta en marcha y apertura del centro del Jurásico, entre Colunga y Lastres, que año tras año ha revalidado sus cifras como uno de los museos que más visitas atrae del Principado. Otras iniciativas similares no tuvieron tanta suerte o buen hacer.

La Universidad Laboral de Gijón, uno de los mejores ejemplos de arquitectura fascista española, era un leviatán de piedra casi abandonado en las afueras de la ciudad y Areces puso todo su empeño en rehabilitarlo. Allí se abrió un centro de arte contemporáneo con muy desiguales resultados, la escuela de artes escénicas y un teatro pero sobre todo y por encima de todo, el aledaño exconvento de las Clarisas pasó a ser sede del abierto bajo su mandato ente autonómico de radiotelevisión, la TPA en detrimento de la capital y centro administrativo de la comunidad, en Oviedo.

Fue con Areces cuando se puso en marcha la AS-II, conocida como Autovía Industrial destinada a descongestionar el tráfico en la Y y mejorar la circulación, esencialmente, entre los grandes polígonos del área central. A su lado en el debe está  la Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA que nunca llegó a consolidarse precisamente por la falta de conexiones. Una suerte semejante sufrió otra de las grandes obras de su mandato, la regasificadora del Musel, paralizada por pleitos judiciales y la propia ampliación del puerto que aún está inmersa en una investigación por corrupción que llegó a alertar a la OLAF europea.

Para los detractores de Tini Areces quedó también como marca de su época el caso Marea, uno de las investigaciones de fraude más relevantes en la historia del Principado que puso en cuestión todo un sistema de adquisiciones de material escolar y que llevó a la cárcel al que fuera su consejero de Educación. y también amigo personal desde la juventud, José Luis Iglesias Riopedre.

En Avilés se abrió el Centro Cultural Oscar Niemeyer, la mayor y más importante obra del arquitecto brasileño en Europa. También sus gestores han tenido que recorrer los juzgados, pero la obra cambió por completo el paisaje y también la autoestima de una ciudad castigada por el declive industrial no sólo con un cambio radical estético de la ría sino por una programación de actividades que abarca del cine al teatro, pasando por exposiciones y conciertos.

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