Un científico asturiano halla un tratamiento para una leucemia infantil de mal pronóstico

El equipo de Pablo Menéndez publica los resultados de una nueva diana terapéutica para la que ya ha depositado la patente

El investigador asturiano Pablo Menéndez, en el centro de la imagen, sin bata
El investigador asturiano Pablo Menéndez, en el centro de la imagen, sin bata

La leucemia infantil afecta a unos 400 niños españoles al año. De esos 400, hay alrededor de 10 afectados por un tipo poco frecuente y muy agresivo de este cáncer de los glóbulos blancos. Para esos menores, hay ahora una esperanza. El laboratorio del Campus Clínic-UB del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras, encabezado por el investigador asturiano Pablo Menéndez, ha hallado una nueva diana terapéutica que mejora el pronóstico. Los primeros estudios realizados en ratones demuestran una respuesta al tratamiento más elevada, un retraso de las recaídas y también mayores posibilidades de supervivencia. No supone una toxicidad añadida para el paciente. El equipo ya depositó el año pasado la patente europea sobre el uso terapéutico de este descubrimiento. El trabajo acaba de salir publicado en la revista internacional Leukemia (Nature Research).

Pablo Menéndez Buján es un asturiano nacido en Avilés, en el año 1974, que estudió bioquímica en la Universidad de Salamanca, donde también completó su doctorado en Medicina (Hematología) en el año 2002. Tras completar estudios posdoctorales sobre biología de células madre en Canadá continuó su formación sobre leucemias infantiles en Gran Bretaña. Regresó a España en el año 2011, para incorporarsel al GENyO (Centro de Genómica y Oncología de Granada). En 2013 fue nombrado profesor de investigación en el ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats) y director científico del Campus Clínic-UB del IJC, donde actualmente desarrolla su labor.

El origen

La mayoría de las leucemias en pacientes de edad pediátrica son leucemias linfoblásticas agudas de tipo B. Este es el cáncer infantil más frecuente y tiene un pronóstico de curación favorable, con un índice de superviviencia superior al 80%. Sin embargo, existe un subtipo de leucemia infantil denominada técnicamente MLLr B-ALL con mucho peor pronóstico, ya que los menores no suelen responder a los tratamientos habituales y los que lo consiguen suelen volver a recaer. «Por eso, necesitamos nuevas dianas terapéuticas», señalan las doctoras Belén López Millán y Clara Bueno, del equipo de Pablo Menéndez. Este científico asturiano reconoce que es «fundamental que instituciones públicas y privadas como el Instituto y la Fundación Josep Carreras inviertan en conocer mejor estos subtipos de la enfermedad y abran ventanas a nuevos tratamientos».

El ensayo

Los linfoblastos leucémicos, es decir, las células malignas que se originan en la médula ósea, expresan perfiles anormales de marcadores celulares que pueden detectarse mediante tecnología biofísica avanzada, basada en la utilización de luz láser. Los niños diagnosticados con las variante más agresiva de la leucemia presentan linfoblastos de la leucemia linfoblástica aguda, con alteraciones en un gen, el MLL, que expresan de manera aberrante en la superficie el antígeno NG2 (antígeno-neurona glial-2 o condroitina sulfato proteoglicano-4).

Estos pacientes no responden bien a los tratamientos habituales porque, a menudo, las células leucémicas se infiltran en el sistema nervioso central. El tratamiento que los hematólogos suelen iniciar en estos casos incluye un trasplante de médula ósea alogénico, de un donante familiar o no emparentado, tras conseguir la remisión. El gran inconveniente de este procedimiento, explican los miembros del equipo del asturiano Pablo Menéndez, es que esta remisión «es muy complicada de alcanzar».

En 2017, este grupo que se centran en la investigación sobres leucemias pediátricas, demostró que el antígeno NG2 en este tipo de leucemia está involucrado en su capacidad invasiva. En concreto, consiguieron probar gracias a este antígeno qué blastos son capaces de colonizar el sistema nervioso central, que el santuario típico de los blastos leucémicos, y también que la proporción de células infiltrantes en el sistema nervioso es mayor de lo que se diagnostica.

Tras este hallazgo, las doctoras López Millán y Bueno plantearon cómo se podía bloquear este antígeno para aumentar la efectividad del tratamiento en los niños. Esta estrategia es la que se presenta en el trabajo científico publicado en la revista Leukemia. Su trabajo consiste en bloquear el antígeno NG2 usando un anticuerpo monoclonal o una enzima condroitinasa ABC, asociado al tratamiento estándar del paciente. La respuesta está siendo prometedora. Los estudios realizados ratones así lo confirman. El bloqueador no aumenta la toxicidad del tratamiento ni supone ninguna toxicidad añadida para el paciente.

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