Los ecologistas elevan a miles los sondeos en Asturias

La Coordinadora Ecologista denuncia que hay agujeros de gran profundidad que «no están tapados» o que «solo les han colocado una chapa». Alerta además del riesgo de las bocaminas o pozos de ventilación de antiguas explotaciones

Un sondeo cubierto
Un sondeo cubierto

No hay un solo día que no salgan a la luz nuevos casos de pozos ilegales. El trágico accidente del pequeño Julen en Totalán ha destapado una falta de control que señala a distintos responsables: administraciones públicas, empresas y particulares. Asturias no es tierra de pozos para buscar agua como sí ocurre en zonas más secas. Sí lo es, en cambio, de perforar la tierra para buscar minerales, aprovechar la energía geotérmica o para uso minero. Se conocen como sondeos. Mientras el Principado tiene registrados centenares de ellos (se trata de agujeros que pueden alcanzar hasta los 250 metros de profundidad), y asegura que todos ellos están identificados y tapados, los ecologistas elevan la cifra a miles y alertan de que «muchos están al descubierto y en algunos casos solo están protegidos por una chapa». Así  lo denuncia la Coordinadora Ecologista de Asturias que explica que en el caso de las perforaciones que realizan las empresas para buscar oro pueden alcanzar los 200 metros de profundidad y ocupan entre 25 a 30 centímetros de diámetro. «Son sondeos de investigación que en muchos casos no se tapan y se dejan abiertos», matiza el portavoz de la Coordinadora, Fructuoso Pontigo que alerta del peligro que supone para los vecinos. De hecho, son las perforaciones más numerosas en la región. Solo en el occidente asturiano el Principado tiene registrados 468 sondeos desde 1970.

Pontigo asegura que llevan años exigiendo al Gobierno regional que realice un control sobre estas perforaciones sin recibir respuesta y «decir ahora que están todos identificados y tapados es quitarse el muerto de encima con la que está cayendo». Y además alerta de que «hay zonas donde llueve sobre mojado ya que las empresas perforan en la misma franja donde ya han buscado anteriormente oro, cosiendo a Asturias de agujeros». Es el caso, dice, del último permiso concedido por el Principado esta misma semana para explorar un terreno en Ibias. Quieren buscar oro, plata, plomo y zinc en una superficie de 4,8 millones de metros cuadrados. En este proyecto de investigación minera que acaba de recibir la luz verde del Principado, las máquinas realizarán siete sondeos de entre 150 a 250 metros de profundidad. No hay un patrón concreto para buscar oro. El portavoz explica que cada proyecto tiene sus peculiaridades. «Hay casos que basta con tres sondeos y otros en los que tienen que realizar hasta 20».

Bocaminas y pozos de ventilación abandonados

Los sondeos no son el único problema al que se enfrenta la región. Según el portavoz, Fructuoso Pontigo, hay un revés añadido: las decenas de explotaciones mineras abandonadas. «Existen muchas bocaminas y pozos de ventilación que no se han restaurado tal y como obliga la ley y que suponen un gran riesgo para los vecinos». De hecho, en la zona de Cangas del Narcea han denunciado numerosos casos de cabezas de ganado que se han precipitado por este tipo de agujeros. Por eso exige conocer el número de explotaciones y canteras abandonadas que hay en Asturias y la situación real en la que se encuentran.

11 permisos en fase de tramitación

Según datos de la coordinadora, además de los trabajos para buscar oro en Ibias (concretamente en Penedela en la Sierra de Busto entre los ríos Linares y Bustelin), hay hasta 11 proyectos de investigación más en fase de tramitación y pendientes por tanto de la autorización del Gobierno regional para iniciar las excavaciones que afectarían a terrenos ubicados en distintos concejos: Tineo, Lena, Morcín, Quirós, Riosa, Allande, Cangas del Narcea, Boal, Illano, El Franco, Castropol, Valdés y Tapia.

Desde el punto de vista de Pontigo, con estas autorizaciones el PSOE «está hipotecando a los vecinos de las zonas afectadas con estos peligrosos permisos sin que ellos conozcan el riesgo que les viene encima cuando se ponga a explotar las minas como en Belmonte, con el peligro que supone las balsas de residuos de lodos cianurados que tienen una vida estimada de 75 años de toxicidad». En este sentido, indica que la minería de oro precisa realizar grandes movimientos de mineral para conseguir, en el mejor de los casos,  gramos por tonelada. «Se generan importantes movimientos de tierras y numerosos residuos al utilizarse sustancias muy contaminantes para concentrar los metales (en el caso de Belmonte se usan cianuros), procesos muy contaminantes para el agua y suelo, creando hipotecas para decenas de años de los residuos que suponen los lodos cianurados y el arsénico para el suelo y las aguas», recalca Pontigo.

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