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La bioquímica asturiana Margarita Salas (Canero, 1938), profesora ad honorem del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid, acude cada año al homenaje que Luarca brinda a Severo Ochoa, quien marcó su carrera. Ella fue la primera mujer en recibir, en el 2016, la Medalla Echegaray de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, a la que pertenece. La entrevista discurrió en el Día Mundial de la Mujer en la Ciencia, excelente oportunidad para hablar con la científica que a sus 80 años no ha colgado la bata. Ni, como dice, piensa hacerlo aún.

-¿Cómo se ve a los 80? Los cumplió el pasado 30 de noviembre.

-(Sonríe) Pues yo me veo bien, la verdad. ¡No creo que tenga 80!

-¿Cómo ha vivido el último Día Mundial de la Mujer en la Ciencia?

-Yendo al laboratorio a trabajar, como todos los días. Dirijo un grupo que tengo, seguimos con las investigaciones de siempre. Trabajamos sobre la duplicación del material genético, fundamentalmente. Cómo el material genético se duplica para dar copias iguales a las originales. Utilizamos como modelo un virus que afecta a bacterias. Trabajamos desde hace 50 años con el virus F29, sobre mecanismos de control de la expresión genética, cómo se expresan y duplican los genes, las proteínas implicadas en todos esos procesos... En concreto, hemos descubierto en una de esas proteínas la ADN polimerasa que duplica el material genético. Tiene propiedades que la hacen óptima para su uso en biotecnología. Hemos hecho una patente, se ha explotado y ha dado muy buenos resultados, no solo desde el punto de vista básico, sino también desde el aplicado.

-¿Cuántas mujeres y hombres hay en su grupo de investigación?

-Más o menos, hay paridad. Pero, en general, en los grupos de investigación hay más mujeres que hombres, sobre todo empezando la tesis. Ya en los puestos de dirección sigue habiendo más hombres que mujeres. Durante muchos años, el científico ha sido un mundo de hombres. Por ejemplo, cuando yo ingresé en la Academia de Ciencias, en el año 1988, todos eran hombres y yo era la única mujer.

-Usted pasó por una mala experiencia con su director de tesis.

-Sí, porque no se creía que las mujeres podían hacer investigación, se pensaba que las mujeres no tenían capacidad. En general, cuando empecé la tesis, se pensaba que la mujer no valía para hacer investigación. Ahora, eso ha cambiado y ya se piensa que la mujer es capaz. Pero todavía a las mujeres les cuesta llegar a los puestos más altos de dirección en investigación. Les lleva tiempo. Queda camino por recorrer.

-Todo lo que ha conseguido en su carrera ha sido fruto de...

-Por una parte he tenido suerte, porque he tenido un marido que siempre me apoyó. Él también era investigador y en un momento dado dejó el trabajo que estábamos haciendo en común para dejarme a mí independencia y él, seguir con otro. Después, tuve muy buenos colaboradores y he trabajado mucho. Es decir, ha sido fruto de mucho trabajo, pero también un poco de suerte.

-Era discípula de Severo Ochoa.

-Le recuerdo como una persona muy exigente, muy rigurosa, con un gran entusiasmo y una gran dedicación al trabajo. Siempre hablaba de la emoción de descubrir. Es decir, cuando uno encuentra algo que no se había encontrado hasta entonces se siente una emoción que no se puede describir con palabras. Era también una persona, por otra parte, muy sencilla que decía que no tenía mérito porque había hecho en la vida lo que le había gustado, que era la investigación. Era una persona de mucha valía.

-¿Ha pensado alguna vez en colgar la bata de investigadora?

-No, porque es lo que me gusta. Si puedo, tengo capacidad y salud... ¿por qué voy a dejarlo? Si me dejan trabajar, yo sigo. Llevo jubilada desde los 70 años, pero me han dado el nombramiento de profesora ad honorem en el CSIC y allí sigo trabajando. De momento, no pienso jubilarme.

-¿Siente «morriña» de Asturias?

-Sí, un poquito sí( ...) El 1 de abril voy a Oviedo, pues ponen mi nombre a una plaza. Siempre que tengo ocasión voy a Asturias.

«Si hiciese huelga el 8M sería, si acaso, "a la japonesa"» 

Además de ser miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Margarita Salas también pertenece a la Real Academia Española, a la Europea de Ciencias y Artes y a varias sociedades americanas. Es toda una referencia para nuevas generaciones en su terreno.

-¿Qué le dice a los jóvenes que están investigando con usted? Supongo que la admirarán.

-Les digo que tienen que trabajar con mucho rigor. Y en el caso de las chicas, que crean que ellas pueden, que no están menos capacitadas que los chicos para hacer investigación. Les digo que si quieren, ellas pueden.

-En el pasado día mundial se recordaron figuras como Curie.

-En su época fue una heroína.

-Se acerca la fecha del 8M. Ese día hay convocada una huelga de mujeres de 24 horas. ¿Qué hará?

-Yo no hago huelga. Me parece que hay que ir a trabajar. Si acaso, huelga ‘a la japonesa’. Trabajaré igual que un día cualquiera.

-¿Por qué?

-Me parece que es más positivo que trabajemos, que sigamos adelante. ¿Por qué vamos a hacer huelga? Tampoco estaba al tanto de que se iba a hacer huelga, pero no tengo idea de hacerla.

-¿De qué tipo de lucha femenina es más partidaria usted?

-De una revolución más interior, trabajando y demostrando que podemos llegar a ser lo que queramos en cada caso, ni más ni menos que los hombres. Lo podemos conseguir.

-Su hija, ¿siguió sus pasos?

-No, no es investigadora. Se dedica a la comunicación. De pequeña ella decía que no quería ser como sus papás. Los dos éramos investigadores. Ella lo tenía muy claro. Mi marido, Eladio, murió hace 20 años. Era extremeño. Nos conocimos en Madrid, en la Facultad de Químicas, hicimos la tesis doctoral en el mismo laboratorio, nos casamos y nos fuimos a Nueva York con Severo Ochoa los dos.

-¿Cuáles son sus aficiones?

-Me gusta mucho la música y el arte. Aparte de la investigación, que es mi pasión, me gustan también otras cosas, a las que también dedico el tiempo que puedo.

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«Cuando hice la tesis se pensaba que la mujer no valía para investigación»