Las escuchas telefónicas fueron cruciales en la resolución del «caso Ardines»

La investigación, minuciosa y muy sólida, se sustentó de forma esencial en conversaciones mantenidas entre los implicados en la muerte del concejal llanisco

Pedro L.N.A. y Javier Ardines posan en una imagen de grupo
Pedro L.N.A. y Javier Ardines posan en una imagen de grupo

Las conversaciones mantenidas por vía telefónica entre los acusados de la muerte del concejal llanisco Javier Ardines fueron una pieza crucial en la minuciosa investigación que, medio año después del suceso, concluyó en la madrugada de este martes con la detención de tres hombres en el País Vasco y la petición de extradición de un cuarto a las autoridades suizas. Entre el amplio despliegue de líneas de trabajo de la investigación, las escuchas autorizadas por el Juzgado de Instrucción nº1 de Llanes aportaron una sólida base a los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que reveló que el crimen que conmocionó a Asturias se originó en los celos y la venganza de un familiar político de Ardines, la acción de un mediador que le facilitó el contacto con dos criminales a sueldo y la emboscada tendida por estos a su víctima. Pero no ha sido un trabajo sencillo, ni mucho menos, como destacaba en Gijón el teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, Francisco Javier Puerta: una operación «muy compleja», y fruto de la «paciencia y el buen trabajo» que sigue resguardada, no obstante, bajo secreto de sumario.

Ha sido un puzle de miles de fragmentos recolectados en distintos escenarios, reales y digitales. Desde la escena del crimen hasta los datos transmitidos a través de teléfonos móviles y los rastros en redes sociales; desde el entorno de la casa del concejal asesinado en Belmonte de Pría hasta el interior de la Bramadoria, la embarcación de la que era patrón; desde su ambiente laboral en la Casa Consistorial de Llanes hasta los hoteles y hospedajes del concejo, la UCO ha recopilado la información suministada a través de conversaciones, imágenes de cámaras de seguridad o las muestras de ADN -otro de los hilos maestros en el tapiz criminal- encontrados en el lugar donde el pasado 16 de agosto fue hallado el cuerpo sin vida de Ardines, golpeado y muerto por asfixia en el inequívoco escenario de una emboscada.

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La espectacular operación de la Guardia Civil para detener a los presuntos autores de la muerte de Javier Ardines

El trabajo de los investigadores se ha enfrentado durante todo este proceso de recolección y ensamblaje de los fragmentos ocultos del relato a coartadas como la de Pedro Luis Nieva, el amigo y familiar acusado de la autoría intelectual de la muerte de Javier Ardines. El hombre cuyos celos desencadenaron presuntamente la tragedia se cuidó, según la investigación, de estar lejos del lugar de la embosada el día en el que esta se produjo. Se encontraba en su domicilio de Amorebieta, tal y como se registró en el localizador de su teléfono móvil.

Pero la vista, desde una fase relativamente temprana de la investigación, estaba ya fijada fuera de Llanes y lejos del móvil político. El dibujo que empezaba a cobrar forma apuntaba a motivos personales -sentimentales, como algunos de los vecinos de Llanes empezaban a airear sin muchas dudas- y a alguien cercano a Ardines. Alguien con presencia regular, pero no estancia, en el Oriente asturiano. Allegado, amigo, familiar... Resultó ser, según las pesquisas, Pedro Luis Nieva Abaigar, de 48 años, residente en Amorebieta (Vizcaya), gerente de una pequeña empresa de montajes eléctricos, Mugarra, en esa misma localidad, y esposo de una prima segunda de la mujer de Javier Ardines. A él se le atribuye la autoría intelectual del crimen, llevado por los celos, y la contratación de los dos sicarios que acabaron presuntamente con su vida.

Estos dos ciudadanos argelinos, con poseen antecedentes por cultivo de marihuana y relaciones con el mundo del pequeño tráfico de estupefacientes, fueron según las conclusiones de la OCU contratados por un español de 49, J. M. D., detenido en Erandio, según los reajustes de informaciones que ayer eran todavía confusas en los primeros sobresaltos de la noticia. La cuestión clave es ahora si -como era esperable que sostuviese Pedro Luis Nieva- el ataque solo buscaba dar «un susto» a su amigo y familiar para zanjar la presunta relación con su esposa, y la emboscada terminó de una forma que no buscaban, o si los dos criminales a sueldo tenían el encargo de acabar directamente con la vida de Javier Ardines. Serán extremos que irán esclareciéndose, mientras se espera la llegada a los juzgados llaniscos de los cuatro detenidos y nuevas pesquisas, entre ellas la prevista en el domicilio de Nieva, a un centenar de metros de la casa del edil asesinado.

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