Pocos días después de que se conociera el asesinato del Javier Ardines, (el concejal era muy apreciado dentro de la organización y compartía una amistad personal con algunos dirigentes destacados como el excoordinador Manuel González Orviz) a la desolación que cundió en el seno de Izquierda Unida de Asturias se sumó también una cierta presión política. A medida que avanzaban las jornadas, con la incertidumbre sobre las motivaciones del asesinato, se recibió una llamada del Secretario de Organización de la dirección federal, Ismael González, en la que se urgió a la coalición de Asturias a que emitieran un comunicado denunciado que se trataba de un crimen con un trasfondo político, «si no lo hacéis vosotros, lo haremos nosotros». Un requerimiento que se cortó de raíz desde Asturias con una apelación a la prudencia ya que todavía se estaba lejos de conocer el verdadero móvil del asesinato que, finalmente, no tenía relación alguna con la política sino con los celos como finalmente se ha resuelto. La presión se apaciguó definitivamente unos días después. Ardines fue asesinado el 16 de agosto y el día 20, el coordinador federal, Alberto Garzón, sufrió una agresión leve, junto a su pareja en Málaga, por parte de un hombre ebrio que le insultó acusándole de «querer romper España» y afeándole su postura sobre la inmigración, para después abalanzarse sobre él y su pareja. El hombre fue detenido y quedó en libertad con cargos. 

Con todo, a lo largo de los seis meses de indagaciones, aunque los investigadores descartaron muy pronto las motivaciones políticas del crimen de Llanes, fueron frecuentes las suspicacias instigadas desde determinados medios que han despertado un hondo malestar en una población que ve menguada su población cuando termina el verano. Aún este martes, la sección de UGT en el concejo reclamó la dimisión del alcalde Enrique Riestra, por haber permitido «sospechas hacia determinados empleados municipales». 

El manual del presidente

También ha sido noticia estos días la publicación del libro del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, «Manual de resistencia» en el que, además de los análisis sobre que su primera decisión al llegar a La Moncloa fuera la de cambiar el colchón, también se han señalado los ajustes de cuentas con muchos de los dirigentes socialistas que pasaron de amigos a enemigos en la grave crisis interna que atravesó el partido después de su dimisión y regreso triunfal al imponerse en las primarias. Las referencias a Asturias son escasas (con más las dedicadas a la expresidenta de Andalucía, Susana Díaz). Hay muchas para elogiar el papel de la hoy vicepresidenta del partido, Adriana Lastra, como una de las principales impulsoras de que no abandonara su carrera política y también al mítin que ofreció en El Entrego, que logró reunir a un gran número de militantes, y del que menciona que tenía la particularidad de celebrarse en la comunidad gobernada por quien entonces dirigía la gestora del PSOE, el presidente Javier Fernández. Pero se trata de la única ocasión en que le menciona. El libro de Sánchez, por cierto, fue redactado por Irene Lozano.

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El comunicado político sobre Ardines que se apagó en Asturias