Malestar en la familia de Ardines por las especulaciones sobre su vida sentimental

La familia ruega que no se especule con la intimidad del fallecido y sus allegados, mientras asimila la atribución de la culpabilidad última de la muerte del concejal a quien fuera amigo muy cercano y vecino durante años

Las viviendas de Javier Ardines y Pedro Nieva, en una captura de Google Maps de Belmonte de Pría
Las viviendas de Javier Ardines y Pedro Nieva, en una captura de Google Maps de Belmonte de Pría

La familia de Javier Ardines está viviendo horas muy amargas después de la detención de cuatro personas acusadas de la muerte del concejal llanisco, entre ellas Pedro Nieva, amigo y familiar político, a quien se atribuye la planificación y encargo del crimen. Y no toda su angustia se debe a la confirmación de que la desgracia se gestó prácticamente en el ámbito familiar, por parte de alguien con quien el asesinado y los suyos compartían desde hace años amistad, viajes, diversiones e incluso vecindario en la tranquila localidad de Belmonte de Pría. Las especulaciones acerca de la presunta relación amorosa que Nieva atribuía a su esposa, Katia, y a Ardines -desencadenante del crimen- y sobre otros aspectos íntimos de la vida sentimental del concejal están causando un hondo malestar en sus allegados. Hasta el punto de que han lanzado un ruego a través de las pantallas de televisión, y a través de una de las reporteras que está cubriendo estas intensas horas sobre el terreno, para que cesen las conjeturas -aseguran de forma categórica que sin ningún fundamento- que están haciendo aún más duras las horas transcurridas desde la detención de Pedro Nieva y los otros tres implicados en el suceso.

El mazazo que, según allegados a la familia, supuso la confirmación de la participación del primo político de la esposa de Ardines ha sido proporcional a la cercanía que compartían los dos matrimonios. Hace unos años, Pedro y Katia adquirieron como segunda residencia una vivienda muy próxima a la de Javier y Nuria, y acudían a ella con frecuencia desde Amorebieta para compartir sus vacaciones y descansos con sus «pandilla» asturiana. Las dos edificaciones distan poco más de 100 metros, por lo que el contacto era prácticamente permanente cuando la pareja visitaba Belmonte. 

Esa proximidad extrema fue justamente uno de los elementos relevantes que fijó la atención de los investigadores de la Unidad Operativa Central (UCO) de la Guardia Civil en Pedro Nieva. A ellos, tanto como a la propia familia de Javier Ardines, les llamó la atención que la pareja se ausentase de forma repentina e interrumpiese llamativamente el contacto con sus amigos y familiares llaniscos después de la tragedia. Estuvieron en Belmonte en los días previos a la emboscada, aunque Pedro Nieva marchó a su casa en Amorebieta inmediatamente antes del suceso; según los investigadores, en busca de una coartada que le alejase del escenario del crimen que presuntamente encargó a los dos argelinos acusados de la ejecución material del ataque que costó la vida a Ardines.

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