¿Por qué no hay relevo generacional entre los cazadores?

En tres décadas se han perdido más de 20.000 licencias y más de la mitad están en manos de mayores de 55 años. Los expertos achacan la falta de afición, entre otras causas, a que cada vez exige mayor desembolso económico


La caza pierde peso en Asturias. En las últimas tres décadas se han perdido más de 20.000 licencias y las cerca de 11.000 que se solicitaron el año pasado, más de la mitad están en manos de cazadores que superan los 55 años. Una radiografía del sector que poco tiene que ver con lo que ocurría antaño. Ahora encontrar cazadores a edades más tempranas es cada vez más complicado. ¿Por qué no hay relevo generacional? Con el paso del tiempo, el entorno que rodea a la caza ha cambiado. Influyen varios factores: hace décadas, explican los cazadores, en la región existía terreno libre para la caza y ahora está restringido, practicarla supone un mayor desembolso y todo ello influye a la hora de crear afición de generación a generación.

Así lo explican los expertos como José Manuel Huerta, que conoció la caza de manos de su padre hace ahora 62 años, y que desde entonces, no ha dejado de practicarla. «En mi época existía terreno libre donde nos enseñaban. Recuerdo que íbamos cerca de casa, con 8 años ya iba con mi padre. Ahora sería impensable. Se caza en cotos de caza, hay más exigencias y un mayor control y el desembolso es importante. Se puede decir que se ha convertido en un lujo», relata.

Para hacerse una idea de lo que puede costar salir un día de caza, la primera exigencia, cuentan los cazadores, es solicitar a la consejería una cuota de entrada (en el caso del venado o del corzo, por ejemplo, supone un primer desembolso de 300 euros). Si obtienes el permiso y consigues matar una pieza, hay que pagar otros 350 euros por el trofeo. Suman más de 750 euros. «Para un padre de familia o un joven que accede por primera vez al mundo laboral con los sueldos que hay hoy en día es imposible cazar. No pueden hacer frente, y por eso cada vez hay menos licencias y existe menos afición. Se está perdiendo. Cazar es más caro y los sueldos son cada vez más bajos. Si el padre no lo practica, ¿cómo puede aficionar a su hijo?», preguntan.  Otro ejemplo: las batidas de jabalí pueden superar los 1.000 euros. Ser socio del coto cuesta en torno a 500 euros y los gastos de los monteros rondan los 500 euros. Y si se trata de una cabra hispánica, explican el precio se dispara. Además de los gastos para practicar la caza, hay que sumar el equipo. Y, aunque, como en otras disciplinas, depende del bolsillo de cada uno, hay un mínimo.

Además, desde que se pusieron en marcha las autonomías, las licencias también se han acotado. Antes de crear esta figura, el permiso era nacional y se podía cazar en cualquier punto del país. Sí es cierto que ahora existe una modalidad que se conoce como interautonómica que ronda los 71 euros y con la que se puede practicar la caza diferentes comunidades. Solicitar al Principado la licencia autonómica cuesta 40 euros.

En Asturias existen 55 cotos regionales (tres de ellos gestionados por la consejería), 10 reservas regionales de caza, 17 refugios de caza y 17 zonas de seguridad, a los que se suman el coto privado de Pandemules y tres cercados y vallados.

Comentarios

¿Por qué no hay relevo generacional entre los cazadores?