El fotógrafo que inmortalizó la vida asturiana en el siglo XX «por casualidad»

El libro «Fotografía, industria y trabajo» recopila todos los archivos que José Zamora capturó con su cámara


Redacción

Si a cualquier asturiano le preguntasen por el nombre de José Zamora Montero, se podría apostar prácticamente a ciegas que no conocerían nada de su persona. Y no es de extrañar, pues era un capataz de minas procedente de Murcia que emigró a Asturias a finales del siglo XIX, tras el esplendor de la metalurgia del zinc. Sin embargo, y a pesar de ser un desconocido (hasta la fecha), dejó sin habérselo propuesto un archivo de más de 2.000 fotografías. La sociedad de su tiempo, que vivió una guerra y sus secuelas, los trabajos en la mina, la industria y su evolución y su entorno más cercano fueron capturados por su cámara Vollenda y su afición. 

«Una aportación totalmente casual», tal y como lo describe Juan Carlos de Madrid, avilesino licenciado y doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, diplomado en Cinematografía por la Universidad de Valladolid y especialista en Gestión Cultural y Territorio; coautor junto a su compañero el gijonés Alfonso García Rodríguez, dedicado a la archivística en el sector privado, con más de dos décadas de experiencia en la recuperación, inventariado, clasificación y gestión de documentación empresarial. Ellos conocen muy bien la figura de este fotógrafo al que, gracias a una investigación de casi tres años, llevan estudiando. La importancia de esta documentación radica en el legado que aporta, dando testimonio de la historia de la región de la mejor manera posible: a través de imágenes. Por ello, ambos quieren darle a Zamora la notoriedad que merece y ponerle nombre y apellidos a unas fotografías anónimas, ya que el autor borraba su firma sin querer. Fotografía, industria y trabajo es el libro creado con esta intención, en él recopilan más de 700 de las imágenes que el murciano dejó para la posteridad. Este volumen saldrá a la venta el jueves y será presentado a las 7 de la tarde de ese mismo día en el museo de Bellas Artes de Oviedo

El hombre detrás de las fotos

José Zamora nació en 1874 en Murcia y falleció en 1953 en Galicia, aunque la tierra que más le marcaría sería Asturias, donde pasó la mayor parte de su vida y donde trabajó como capataz minero. Así lo constatan sus fotografías, a las que Juan Carlos de Madrid y Alfonso García llegaron por casualidad. «Estábamos haciendo un trabajo sobre el fichero de trabajadores de la Real Compañía, que se hizo en los años 30 con unas fichas de unos 1.500 trabajadores para reconstruir las condiciones de trabajo y la industria», explica de Madrid. Las imágenes que acompañaban la documentación de cada trabajador les llevaron a hacerse una pregunta obligada, ¿quién había hecho las fotografías? Tras una ardua investigación el nombre de Zamora apareció entre los archivos. «Él hacía fotografías pero no era fotógrafo, era empleado de la fábrica», añade el avilesino que junto a su compañero fue reconstruyendo su vida, que a su vez descubría otras de sus coetáneos.  

La curiosidad les hizo continuar tras las huellas del capataz llegando hasta sus nietos que aún viven en Galicia. Este trabajo exhaustivo se prolongó durante tres años, haciendo que todas las piezas del puzle de su biografía encajaran a la perfección y se convirtieran en un libro. «Si pudiera ver este libro se sorprendería. Primero porque se hable de su vida, que aparentemente era normal y segundo, que se hable de él como fotógrafo, cuando era su afición», describe de Madrid y añade que Zamora era un alto cargo, que realizaba las fotografías por ser una persona de confianza de la dirección de la fábrica, que eran los que le encargaban los trabajos. 

Una aportación patrimonial desconocida

«Este descubrimiento es una aportación de un fotógrafo hasta ahora desconocido al patrimonio español, con un archivo minero difícil de encontrar en esta cuantía», así lo describe el avilesino. Y no es para menos, el libro sirve como hilo conductor para reconstruir la vida laboral de la época, entre otras cuestiones. Trabajos como el de los fundidores cuyos turnos eran de 24 horas los días alternos. También los retratos de los obreros, a los que también se les han puesto nombre y apellidos, así como a su familia y su entorno. 

Y por supuesto, la historia de Asturias, como las imágenes de la colonia de Salinas y la construcción de su club náutico, en pleno auge cuando llegó Zamora, en 1903. O el tranvía eléctrico de Avilés, la colección de fotografías más famosas del autor. «Incluso siendo desconocido, fueron vendidas y editadas como postales», cuenta de Madrid. Aunque su anonimato y su olvido pasarán a ser parte del pasado gracias a la investigación de estos dos asturianos.

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