Enredo burocrático y envíos por fax: el difícil voto de los asturianos en el extranjero

Votantes de más allá de las fronteras españolas censados en Asturias relatan las dificultades, y a veces la imposibilidad, de ejercer su derecho a las urnas


Gijón

«Es como si fuesen indiferentes hacia nosotros o como si les diese miedo que pudiésemos votar. Puede ser que los españoles y las españolas que estamos fuera les recordemos el fracaso de las políticas económicas, les obliguemos a reconocer que las cosas se están haciendo mal, y facilitarnos el voto es arriesgarse a que todo eso les pase factura en las urnas». Este duro análisis lo hace Gonzaga Mérida, un gijonés de 33 años que desde hace uno y medio reside de forma temporal en los alrededores de París enseñando el idioma. Es uno de los más de 117.000 ciudadanos nacidos o censados en Asturias que han recibido la convocatoria de elecciones generales del 28 de abril más allá de las fronteras españolas, y es también uno de los que tenía clara su determinación de ejercer su derecho al voto. Algo que no todos intentarán y que no todos los que lo intenten van a conseguir. Tal y como Gonzaga, muchos relacionan esa situación con el llamado «voto rogado», el procedimiento instaurado para el voto fuera de España desde 2010, al que se responsabiliza de la masiva desmovilización y aumento de la abstención en este colectivo de votantes. Solo por lo que respecta a los asturianos, del 37% de ellos que votaron en 2008 se ha pasado al 3,8% en la última cita electoral, la de 2015: 4.207 de los 108.000 dispersos en esa fecha por el mundo.

Antes incluso del análisis político, está el hecho objetivo de las dificultades para ejercer el voto rogado que denuncian colectivos como Marea Granate. «Yo he tenido suerte y he podido hacer con tiempo los trámites, pero mi caso no representa la mayoría», apunta Gonzaga Mérida. Sus dos empleos a tiempo parcial le permitieron suficiente flexibilidad para acudir al consulado a inscribirse -algo a lo que están obligados previamente los residentes temporales- y a rogar el envío de las papeletas. «Pero eso para la gente con horarios más convencionales no es fácil. El consulado solo abre por las mañanas hasta las 14,30. Alguien con un horario laboral típico no podría, así que tuvieron que habilitar un fin de semana, y aun así hubo gente que no pudo acudir por la distancia», aclara.

«Es un proceso lento y los plazos son muy limitados, y encima te encuentras con que si no estás informado es aún es más difícil. A la falta de de información añádele la falta de personal en el consulado, y a veces son eventuales y becarios que no están familiarizados con el procedimiento», añade. Él evitó esos y otros engorros añadidos que a veces obligan a dar la vuelta y repetir el trámite a algunos de los votantes novatos: «Gracias a Marea Granate tenía algunos consejos de gente acostumbrada a rogar el voto».

Ahora el gijonés espera la llegada de esas papeletas que ya ha rogado, pero todavía no ha recibido. «Hay gente a la que no le llegan hasta el último momento», comenta. Pero también tiene noticia de aquellos,no pocos, a las que les llegan ya fuera de plazo. «Además», advierte,« esta vez hay circunstancias particulares, como la Semana Santa, que se celebra tanto en España como en Francia y que puede retrasar los envíos». Los de ida, pero también los de vuelta en dirección a España. En conjunto, una situación que Gonzaga Mérida ve con disgusto, conocedor como es de la espectacular disminución del voto de los extraterritoriales.

«Cada voto cuenta, en particular en estas elecciones, por eso me sabe mal toda la gente que queda excluida y que por experiencias anteriores podemos esperar que sean un tercio o la mitad. Y lo mismo pienso de los extranjeros residentes en España a los que no dejan votar», agrega. 

«Es mi vínculo con España»

Begoña Fernández Suárez también ejerce desde parís su condición de ciudadana española con voz y voto. Y es de las que piensan, como el gijonés, que esta vez es singularmente importante. De hecho, ya ha conseguido enviarlo. «Voto siempre, y me motiva especialmente porque estoy fuera. Para mí es muy importante, y más en un momento político como el que se está viviendo en España», argumenta. Nació en Bélgica, hija de emigrantes asturianos; su padre era de Tineo y su madre sigue en Luanco. Estudió en Oviedo y ha vivido en distintos puntos de España -está censada en Andalucía- y en Italia antes de afincarse en Francia hace tres años para enseñar español. Como residente estable, ya consta en los registros del consulado, así que se ahorra una parte de las gestiones y requisitos que se exigen por el contrario a los residentes temporales, y que les obligan a largas colas ante las oficinas consulares. 

Aun así, el proceso dista mucho de la sencillez de presentar un DNI y entregar tu voto en la mesa electoral. «En cuanto supe que había elecciones, me puse en contacto con el consulado. Les mandé mi correo electrónico, me contestaron para asegurarse de que seguía viviendo en el mismo sitio en el que me había inscritr y a los pocos días recibí un documento certificando que estaba registrada en el censo de electores», narra Begoña Fernández. Este último documento «viene por correo postal, y para todas estas cosas los plazos son muy apretados, pero tuve la suerte de que lo recibí en su plazo». Ahí se le facilitaba un código para entrar en una web del Gobierno en la que -prosigue Begoña- «tuve que mil datos, fotocopia del DNI y después recibí -el sábado pasado- al fin las papeletas.

Después de un proceso similar, y muy a su pesar, su anterior voto rogado para unas generales entró en estas estadísticas de la abstención involuntaria. «Hice todas las solicitudes en el plazo», relata, «pero las papeletas no me llegaron a tiempo». Esta vez todo parece ir mejor. Ha puesto ya sus papeletas en el correo hacia España, aunque no las tenga todas consigo.  «Fui a Correos y deposité el sobre, pero eso no me garantiza que mi voto llegue a destino. Eso es lo que me resulta complicado. No solo las gestiones, que pueden ser engorrosas o complicadas, sino la incertidumbre. En España, pones tu voto en la urna, lo ves entrar. Aquí, mis papeletas quedan en manos de Correo Francés, del consulado español... Me queda la incógnita de saber si llegarán o no».

A Begoña Fernández, que ya ha rogado el voto para el 16M, todo esto le resulta «incomprensible en nuestra época». «Podemos pagar multas por internet, podemos hacer la declaración de la Renta, pero no podemos votar. Si esto es aquí es porque alguien quiere que sea así. Estoy segurísima. Los que puede cambiar esto, saben que no les beneficiaría hacerlo», concluye, y deja caer un aspecto nada baladí. No solo es el ejercicio más o menos formal de un trámite o un derecho: «Es mi vínculo con España».

Su compañero, el gijonés Héctor Amez, está en una fase anterior de la incertidumbre, mucho más material. Sacó tiempo de su horario laboral para inscribirse en el consulado -es residente temporal- y solicitar el voto, pero aún no ha recibido sus papeletas. Y no recibirá, con seguridad las de las municipales y autonómicas. Sencillamente, no ha tenido tiempo de repetir el trámite para solicitarlas.

Un fax desde Hong Kong

«Hola! Alguien ha intentado enviar por fax el documento para rogar el voto + pasaporte con éxito? Yo terminé escaneando el documento y pidiendo que me lo enviaran desde un fax de España porque comunicaba continuamente y tenía que pagar cada intento internacional.... He intentado 5 veces el sábado y otras 5 justo ahora y el fax intenta enviar pero se desconecta y el receptor no lo recibe. El sábado pensé que quizá es que lo habían desconectado al ser fin de semana, pero a estas horas debería estar funcionando sin problemas». Este es el mensaje que hace apenas unos días colgaba, en busca de ayuda, un aguerrido votante en un grupo de whatsapp de españoles en Hong Kong, al que pertenece Isabel Fueyo. Esta periodista asturiana no tuvo que preguntar nada. Ella lo había intentado, sin éxito, dos veces. No volvió a probar suerte. Tampoco nadie puedo ayudar al que reclamaba consejo.

Isabel Fueyo no votará, aunque no era ni mucho menos de ese 40% de indecisos que ha detectado el CIS. Sabe perfectamente a quién hubiera apoyado si el voto rogado no se hubiese interpuesto en su camino. Pero ya ha desistido. Es la segunda vez que la pasa. En junio de 2016, se estrelló con este sistema electoral para los españoles que residen en el extranjero. «En las elecciones generales anteriores me llegaron las papeletas dos días antes de que venciera el plazo. A mi marido, después. ¡Después de las elecciones!», comenta con sarcasmo. En esa ocasión sí consiguió rogar el voto pero no llegó a tiempo con las papeletas. En este abril de 2019, no ha conseguido ni empezar. «Es que no es fácil dar con un fax en 2019», reflexiona desde una de las cunas chinas de la tecnología.

No ha perdido la curiosidad ni el interés por la campaña electoral. Sigue asombrada todos los acontecimientos, pero es como si estuviese viendo los toros desde la barrera. No porque esté en una ciudad situada a miles de kilómetros de distancia de su casa sino porque el enrevesado sistema de voto que se ha aprobado la alejado realmente de su país.

Engorroso, confuso, pero necesario

Ángela Iglesias ha recurrido por primera vez al voto rogado, y de momento parece que todo está en orden. Lo solicitó desde Bruselas, donde reside desde hace 20 años. Gijonesa, profesora en un centro de inserción socioprofesional y periodista free lance, se ha estrenado con un sistema que le resultó «algo engorroso» porque encontró «las instrucciones algo confusas», aunque le llegó todo «a tiempo»: «Empezaron a enviar el voto al extranjero el 8 de abril y a mí me llegó el 11», comenta.

Iglesias es de las que tiene la impresión de que a los promotores del voto rogado con su configuración actual «no les interesa poner las cosas fáciles porque no interesa que vote la gente que está fuera», aunque admite que en su caso en el lío burocrático algo ha tenido que ver «la falta de práctica». Nada que la arredrase a la hora de buscar ruta hasta España para su voto, puesto que en su opinión «la situación lo merece».

«Una de las informaciones confusas en mi caso es que me dijeron que tenía que enviar el voto por correo ordinario sin franqueo al consulado, y en el siguiente párrafo me ponía "asegúrese de que en el sobre aparece el matasellos con la fecha de envío"», narra. Lo importante es que su voto está, o debería estar, ya en España: «Yo eché el sobre en el buzón dentro del plazo, desde luego», reitera Ángela Iglesias, que se permite una broma tomada de una famosa cita de José Luis Cuerda para defender la importancia de su voto rogado: «¡¡Otros votos son contingentes, pero el mío es necesario!!»

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