Dos años sin Andreas: la paciente con meningitis que murió atada a una cama del HUCA

La familia de la joven, que pasó cuatro días ingresada en Psiquiatría, confía en que el proceso penal en el que está inmersa confirme que fue un caso de mala praxis ocurrido en abril de 2017


Han pasado dos años desde que la pesadilla dio comienza y Aitana Fernández todavía no puede descansar. Quiere que se haga justicia con su hermana, quiere que los médicos den todas las explicaciones ante un tribunal y asuman la responsabilidad por la muerte de una joven de 26 años, sana hasta el 19 de abril de 2017, que pasó cuatro días atada a una cama de la unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario Central de asturias (HUCA) y que falleció de una parada cardiaca de la que el personal no se dio cuenta hasta media hora más tarde porque no estaba monitorizada. Andreas Fernández tenía 26 años y una meningitis linfocitaria sumada a una miocarditis que no fue diagnosticada pero que su autopsia sacó a la luz. Su hermana Aitana Fernández mantiene abierta la batalla judicial contra siete médicos. El caso se cerró por la vía administrativa pero, con todas las consecuencias, se ha enganchado a un proceso penal. Su nueva abogada, Alejandra Gutiérrez, consiguió reabrir el caso en febrero de 2018. El proceso está en fase de instrucción, a la espera de que se emita el informe forense final.

Esta joven sostiene que Andreas tendría que haber ingresado en la UCI del HUCA y no en la unidad de Psiquiatría, pero una cadena de errores terminó de la peor forma posible. «Fuimos varias veces a Urgencias porque ella tenía amigdalitis aguda y porque empezó a oír ruidos en su cabeza. Cuando vieron en los antecedentes familiares que mi madre tiene esquizofrenia, dieron por hecho que Andreas también tenía una patología mental. En realidad se estaba muriendo por una meningitis, que era la que causaba los ruidos que escuchaba. No hicieron nada para salvar su vida y por eso he denunciado a siete médicos por la vía penal, acusados de homicidio por imprudencia profesional grave», relata en una declaraciones al periódico El País.

Los hechos

Aitana estaba de viaje, fuera de Oviedo, aquel mes de abril de 2017, cuando su hermana comenzó a sentirse mal. Le escribió unos whatsapp en la que se lo comentaba, Acudió a su centro de salud donde le diagnosticaron una amigdalitis aguda y le prescribieron antibióticos. Pero no surtieron efecto. Así que a la vuelta de Adriana decidieron ir a Urgencias del hospital. Era la madrugada de un martes, 18 de abril. Los informes médicos que ha recopilado y en los que confía para que la verdad salga a la luz cuentan que tenía esa amigdalitis y fiebre y el análisis de sangre revela que había valores por encima de lo normal de la proteína C reactiva, de los leucocitos y de los neutrófilos.

No pasaron ni 24 horas antes de que tuviese que volver al HUCA. Entonces, Andreas ya comentó a los médicos que escucha ruidos, como un barrullo o incluso la alarma del móvil. «... Haciendo crítica de irrealidad», señala el informe que se le realiza en esta ocasión. También insiste en la amigdalitis aguda y con placas pustulosas y, por primera vez, hace referencia a los antecedentes familiares, a la esquizofrenia de su madre y a la depresión de su padre. 

Las visitas al médico se suceden en las siguientes horas. Andreas vuelve la madrugada del miércoles. Ese informe ya apunta que presenta «un cuadro de ansiedad». Regresa al día siguiente, el 20 por la noche. La atienda la psiquiatra de guardia y propone ingresarla en Psiquiatría. Andreas acepta porque considera que, por fin, van a hacerle todas las pruebas necesarios. El informe que custodia su hermana vulelve a citar los antecedentes familiares y ya habla de un «episodio disociativo y personalidad frágil».

El ingreso es, por tanto, voluntario pero unas horas después, el viernes por la mañana, quiere irse. El informe médico que reproduce El País dice lo siguiente: «Comienza una escalada de gritos y quejas. Da patadas en la puerta y exige que la dejemos irse. Imposible tener una conversación con ella». Ese es el momento en el que decide recurrir a la contención mecánica. Es decir, ese viernes por la mañana, 20 de abril, deciden atarla a la cama. «Ese día llamé al hospital. La psiquiatra Beatriz Camporro, que estaba al cargo de mi hermana, me dijo que le habían aplicado contención mecánica. Yo quería sacarla de allí, pero me dijo que la potestad sobre ella ahora la tenía el hospital», explica Aitana a El País, que no ha conseguido hablar con ninguno de los médicos implicados en la denuncia ni tampoco ha conseguido que responda el Comité de Ética del HUCA.

Andreas permaneció atada más de 72 horas, desde ese viernes 21 a las 13.38 -la hora que aparece en el informe, hasta el lunes 24, a primera hora de la tarde, cuando falleció. El lunes por la mañana, Aitana acudió al HUCA y se reunió con la doctora Camporro. «Ne dijo que le diese un beso a mi hermana. Y que Andreas tendría que luchar por su vida. Me dio un ataque de ansiedad y me tiré al suelo. Le decía: ‘¿Qué habéis hecho? ¡Os dije que tenía algo orgánico!’. Ella me dijo: ‘Aquí no estamos para tratarte a ti, sino para tratar a tu hermana», refiere con dureza. Unas horas después la llamaron por teléfono. Andreas había fallecido.

Andreas tenía 26 años, era licenciada en Psicología y estaba preparando oposiciones. Han pasado dos años desde entonces pero todo está aún muy reciente para su familia que no podrá cerrar la herida hasta que los tribunales hablen.

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