Cuando estaba prohibido hablar en asturiano por teléfono

La dirección de correos y telégrafos estableció en 1896 la prohibición de usar «dialectos» vetando todas las lenguas peninsulares salvo el castellano en el uso de los primeros aparatos del país


Los comienzos de la telefonía en España fueron difíciles pero precoces. La dirección de telégrafos nacional tuvo noticia de las primeras pruebas de Graham Bell en 1877 desde La Habana, entonces parte del imperio colonial español y sólo unos seis meses después comenzaron las primeras pruebas de implantación en Barcelona y Madrid. Claro está que en aquella España decimonónica el número de posibles usuarios de tan rompedora tecnología se contaba por unas escasas decenas que podían permitírselo y la compañía pública Telefónica no se fundó hasta 1924.

La regulación del habla a distancia era peculiar y la edición del 28 de mayo de 1896 La Vanguardia recoge la estupefacción con la que se recibió la primera normativa debatida en el Congreso para limitar que se usara el teléfono al uso del castellano prohibiendo los «dialectos» del catalán, el «vascuence», el gallego y, por supuesto, «el bable». Estaba prohibido hablar en asturiano por teléfono bajo pena de que los operadores cortaran la comunicación. Así lo recogió la cuenta en tuiter «El asturiano, lengua histórica» recuperando un fragmento de la edición.

La noticia de la que da cuenta La Vanguardia en 1896 señala que «la dirección general de correos y telégrafos en orden del día 23 de los corrientes, previene a esta sociedad que no permitiendo las disposiciones vigentes el uso de los dialectos catalán y vascuence, ni ningún otro en los distintos servicios que se prestan por las líneas de la red como son el de telefonemas y conferencias, ni otros idiomas que no sean el español, francés, italiano, portugués, inglés y alemán, tomen las medidas convenientes para el exacto cumplimiento de estas disposiciones».

Así se vetó también al asturiano como explícitamente se recoge al señalar que «se prohíbe hablar por los aparatos en catalán, valenciano, vascuence, bable y gallego». En este 'Black mirror' decimonónico e ibérico, al otro lado de la línea los operadores escuchaban las conversaciones para asegurarse de que se desarrollaban en el idioma del imperio, porque en esas fechas España todavía tenía un imperio con Cuba, Filipinas, Puerto Rico y algo de Marruecos y el Sáhara. No hacerlo podía llevar a que se cortara la comunicación. «So pena de ser interrumpidos los comunicantes en su conversación por el empleado de telégrafos que tiene a su cargo el trabajo de escuchar cuanto se dice dentro de los locutorios».

Y de hecho, la propia noticia recoge que la primera víctima de estas interrupciones fue «un conocido fabricante de sederías» que protestó tanto por el corte de la comunicación como por el hecho de que hubiera un operario escuchando los pormenores de una negociación comercial. 

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