«Acompañar a una mujer porque tiene miedo es una anormalidad que debemos corregir también con el urbanismo»

Sonia Puente Landazuri hace balance de los tres años que ha pasado al frente del Colegio Oficial de Arquitectos

Sonia Puente Landázuri
Sonia Puente Landázuri

Le quedan apenas unas horas al frente del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias. Ha sido la primera decana y ha dejado una huella de género en su gestión que agradece a todo el equipo. Sonia Puente Landazuri se va con la satisfacción de haber cumplido el programa con el que concurrió a las elecciones y con la sensación de haber sabido conjugar la defensa de la profesión, en un momento crítico, con la asesoría a la sociedad civil, en temas fundamentales para el futuro del Principado. Ha vivido momentos amargos, como la cuestión de confianza, pero lo entiende como una parte consustancial al cargo. Parte de su equipo repite con Alfonso Torre. Alaba su capacidad de sacrificio y les desea suerte. 

-Es momento de hacer balance. ¿Con qué sensación abandona el decanato del colegio?

-Satisfacción es la primera palabra que me viene a la mente. Tengo la sensación de que nos vamos con el deber cumplido; de haber iniciado un cambio, que a partir de ahora debe consolidarse. Tenemos una profesión en crisis y la institución debe responder a los cambios que necesita. Llegamos con un programa para tres años y lo hemos llevado a cabo prácticamente en su totalidad. Todo esto ha sido gracias a todo el equipo de la junta de gobierno, a los empleados y muy especialmente  a los colegiados que nos han dado su incondicional apoyo. Sin toda esta red, nuestro trabajo no hubiera sido posible.

-¿Cómo le gustaría que recordaran su mandato, por qué motivos?

En este mundo de inmediatez como el que vivimos, no sé si creerme que se nos vaya a recordar por algo. No obstante, haciendo un ejercicio teórico, hemos sido honestos. Lo que proponíamos lo hemos llevado a cabo, con mayor o menor acierto. Nos hemos puesto a ello sin mirar de perfil. Hemos tomado la iniciativa y sentado las bases de un colegio de futuro. Ese creo que puede ser el legado del equipo.

- Ha tenido dos fases dentro de su mandato, una primera más tranquila, más social, y una segunda más convulsa, con una cuestión de confianza incluida para poder sacar los presupuestos. ¿Qué sucedió? ¿A qué se debió ese malestar entre una parte de los colegiados?

-Tengo que decir que un episodio de no aprobación de presupuestos es algo muy habitual dentro de nuestro colegio. Le ha pasado a la práctica totalidad de las juntas desde la constitución del Colegio. Y nuestros estatutos determinan que llegado este punto, debemos pasar una cuestión de confianza. Ni siquiera permiten una segunda oportunidad. Una barbaridad que creo deberíamos cambiar, por el déficit democrático que ello supone en nuestros estatutos. Y contestando concretamente a la pregunta, las personas por naturaleza somos reacias al cambio. Nosotros hemos realizado una reestructuración interna para ser una institución más eficiente, de cara a los colegiados y a la sociedad. Y la gestión del cambio es muy compleja. Pero de no haberlo hecho, habríamos sido un fraude.

- ¿Se va con un regusto amargo? ¿Entiende las críticas por la subida de las remuneraciones de los miembros de la Junta Directiva justo en el momento en el que se modificó el sistema de cuotas?

-Qué va. Todo lo contrario. Nos vamos, como le decía al principio, muy satisfechos, y me atrevo a hablar por el resto del equipo. La subida de las remuneraciones, que planteábamos para próximos equipos de gobierno a partir de mayo de este año (ya en diciembre de 2018 barajábamos irnos) es una asignatura pendiente en el colectivo. Nuestro objetivo era que en esta campaña, que no ha habido, se discutiera el modelo de colegio que queremos: una junta profesionalizada o un Consejo de Administración. Pero lo que ocurre ahora es una disfunción que no conduce a nada bueno. No podemos defender la dignidad de la profesión, de nuestros honorarios y no dar ejemplo con nosotros mismos. Además, este sistema limita mucho el acceso de todos los colegiados, sin condición, a participar en Juntas de Gobierno, en lugar de favorecerlo. Así, no fomentamos la participación colegial.

-Una parte de su equipo continúa pero usted ha dado un paso al lado. ¿Por qué no continúa? ¿Cuál es la razón por la que no se presenta a un segundo mandato?

-Nosotros nos presentamos para desarrollar un proyecto a tres años. Ese plazo ha terminado y es otro equipo el que debe venir a dirigir el colegio. Cada miembro del equipo tiene sus razones personales y profesionales, incluida yo misma, y estoy muy agradecida al compromiso de Alfonso Torre y todo su equipo, que hayan decidido dar un paso al frente, con el sacrifico que ello supone. Nuestra estructura es asamblearia, y es esta la que tiene la potestad decisoria sobre las cuestiones estructurales. Por tanto, la asamblea es la que continuará dando, o retirando, el apoyo a determinados proyectos. Las personas, afortunadamente, no somos imprescindibles

-Hablando ya de su gestión, parece marcada por una doble perspectiva: una parte de trabajo interno, de servicios y defensa de los colegiados y otra más centrada en el colegio como un instrumento al servicio de la sociedad, para asesoramiento urbanístico y arquitectónico. ¿Cree que es imprescindible incardinar ambos papeles?

-Por supuesto. Los arquitectos nos proyectamos en la sociedad en la que vivimos. Y para eso necesitamos un proyecto profesional que nos cohesione. De ahí el Área Metropolitana Central en la Ciudad Región y poder así tener la oportunidad de desarrollar nuestro trabajo para devolver nuestro conocimiento a la sociedad. De lo contrario, estaríamos gastando nuestros recursos públicos en formar arquitectos para nada. Por otro lado, el trabajo interno lo vimos imprescindible. Necesitamos ser una institución más eficiente, para que de un mayor servicio a nuestros colegiados.

- Durante su mandato han hecho mucho hincapié en la necesidad de que los pliegos públicos de proyectos tengan unos precios dignos y permitan a los profesionales realizar unos trabajos de calidad. ¿Se está consiguiendo revertir esa tendencia?

-Hay algún avance, pero escaso. El legislador, en la nueva ley de contratación pública, pone en relieve, por primera vez,  el valor intelectual de los servicios de arquitectura. Eso es un avance. Cuando se contrata Arquitectura, se está contratando conocimiento, innovación, tecnología, investigación, cultura… a través de un profesional, que desarrolla un trabajo que ni es empresarial, ni es autónomo. Y eso debe ser valorado por parámetros diferentes a la visión cortoplacista del precio. ¿Se imagina usted que a la hora de hacer la catedral de Oviedo hubiese sido el precio la decisión más determinante para su adjudicación? La Administración pública debe ser ejemplar. Lo contrario es despreciar el conocimiento y  acabar con el tejido profesional de la región. Ahora hace falta que el personal al servicio de la administración pública varíe las inercias de contratación de los últimos años y se impongan como prioritario, a la hora de redactar los pliegos, el fin último de una contratación pública, esto es contratar calidad al mejor precio y esto no es igual a lo más barato.

-¿Cree que esa idea de tirar los precios es fruto de la crisis? ¿La profesión ha salido debilitada de la crisis?

-Bajar los precios, hasta más del 70%, como ha habido casos, responde a unos pliegos de contratación pública que lo único que valoran es el precio más bajo como condición de adjudicación. Y para colmo, el siguiente contrato ya sale por el precio de adjudicación del último, llegando a una espiral incomprensible. Esto se debe, entre otras cosas, a una mal entendida reacción a la corrupción, considerando el precio como el único parámetro objetivo de adjudicación. Es un tremendo error. Vuelvo a repetir que la arquitectura es un servicio que ofrece conocimiento, innovación, tecnología, investigación, cultura…. La corrupción debe combatirse de otra manera, con más control en los procesos y no ahogando al profesional.

-Asturias está precisamente centrada en el desarrollo de Planes de Movilidad, especialmente en el área central. Como urbanista, ¿en qué estamos fallando a la hora de planificar? ¿Tiene sentido que los ayuntamientos estén elaborando sus propios planes antes de que la normativa autonómica esté lista?

-Estamos fallando en un exceso regulatorio y una falta de coordinación. Menos legislar y más ponerse de acuerdo. ¿Tiene sentido que municipios como Oviedo no se pongan de acuerdo para organizar su movilidad con Llanera, Avilés con Castrillón o Corvera, o Gijón con Villaviciosa, donde es todo un continuo urbano que todos utilizamos a diario para nuestras necesidades? Además hace falta un cambio de visión. La movilidad sostenible no es solo transportarnos más rápido y con coches eléctricos y bicicletas, que también. Los coches tienen la tendencia natural a multiplicarse. Cuantos más carriles, más coches entran, en una tendencia a infinito. Supone una nueva visión para el espacio público de nuestras ciudades, hoy invadidas por coches cuando el derecho al espacio público es de los ciudadanos, nosotros debemos ser la prioridad a la hora de diseñar nuestro espacio público, no un objeto como es el coche. Esa es la verdadera revolución en la movilidad sostenible y nos hace falta ese cambio.

-Desde el colegio ha apostado decididamente por el Área Metropolitana, ¿qué cree que puede suponer este proyecto para la región?

-Este es el verdadero proyecto de Asturias para las próximas décadas. Es un nuevo modelo territorial de comunidad autónoma, consistente en conformar Asturias como una gran ciudad, a través de proyectos concretos. Y el Colegio de Arquitectos, como bien dice, ha apostado por ello con decisión, porque los arquitectos podemos, y debemos, aportar mucho a su conformación. Nuestro territorio parte de una singularidad: ser una región con un centro polinuclear, tres ciudades de tamaño medio a menos de 30 kilómetros de distancia, y sus municipios limítrofes, cada una con su singularidad y rodeados de mar, montaña y espacio natural de calidad. Tenemos la ventaja de vivir en ciudades de tamaño medio que unidas en red, no suman sino multiplican, ofreciéndonos el servicio de ciudades más grandes, a las que a veces miramos con cierta envidia por  lo que ofrecen. Por tanto tenemos las ventajas, los servicios, y no los inconvenientes de las grandes ciudades. Además como municipios independientes no nos distinguimos de otras muchas ciudades españolas y europeas. Formando una red polinuclear, de área central y resto de Asturias, ciudad-región explotaríamos una singularidad que lo único que puede reportar, bien ordenado, serían beneficios. Y si no, pensemos en la red de ciudades holandesas: La Haya, Róterdam, Amsterdam, …. Además, no deja de ser poner orden a un funcionamiento que ya se produce. A diario nos desplazamos por trabajo, salud, gestiones administrativas, cultura, enseñanza, turismo… por todo el área central a aquel lugar que precisamos. ¿No sería mejor que la planificación de los servicios de transporte, oferta cultural, turística… fuera conjunta pensando en el interés general de todos los asturianos y no por municipios? Hay que abordar una realidad que ya existe y hacernos más cómoda la vida a los ciudadanos transformando los problemas (contaminación, transporte, oferta….) en  oportunidades (calidad de aire, espacios naturales, accesibilidad,  aumento del PIB, trabajo…) para, en definitiva, obtener una mayor calidad de vida

-Hablan de «pacificar nuestras ciudades». ¿Por dónde empezamos? ¿En qué situación cree que se encuentra Asturias?

-Asturias, como región pequeña y formada por núcleos de pequeña o mediana entidad, parte con ventaja. No sufrimos las desventajas de las grandes ciudades o aglomeraciones. Y tenemos un territorio con muchas posibilidades gracias a sus singularidades. Eso no quiere decir que nos tengamos que dormir en los laureles. Cualquier entorno construido, siempre es mejorable, y como decía antes cualquier hueco libre que dejamos, en un despiste,  lo invaden los coches.  Tampoco podemos caer en aplicar aquí ejemplos o soluciones de otros territorios. Tenemos que poner en valor nuestra singularidad, adaptando modelos. ¿Empezamos, o mejor dicho, continuamos por el Área Central, por ejemplo?

-Hay quien piensa que los Planes Generales son ya instrumentos un poco caducos que no responden a las necesidades de las sociedades actuales. ¿Tenemos alternativa?

-Siempre hay alternativa. Las leyes se hacen para servirnos, no al contrario. Y somos las personas quienes las hacemos, en este caso los legisladores. Los Planes Generales los hemos convertido en un monstruo difícil de digerir. Pretendemos que todos los problemas de la ciudad se resuelvan a través de ellos y eso lo hace inviable. Debemos simplificarlos. Ir a planes de mínimo. Por no hablar de toda la legislación sectorial, que pone en un segundo plano a la finalidad, esto es la ordenación, frente al medio, la herramienta jurídica. Hay planes que podrán ser legales pero son indefendibles desde el modelo territorial para ese municipio. Y quiero aprovechar una vez más, se puede ver nuestro reciente decálogo, para pedirle a nuestros políticos, que esta comunidad autónoma tiene entre sus asignaturas pendientes, revisar nuestra legislación autonómica del suelo al modo que los están haciendo ya otras comunidades. No solo por un cambio de paradigma poscrisis, sino también para simplificar documentos y procesos, separando estrategias territoriales, de la ordenación de la gestión urbanística y los derechos y deberes de cada propietario. Por tanto, la alternativa está en nuestras manos, aparquemos el victimismo y pongámonos a trabajar.

-¿El urbanismo tiene género?

Por supuesto. El género es una construcción social y las ciudades responden a las ideológicas políticas, económicas y sociales de cada momento. Así como no es igual una ciudad de la época comunista que una ciudad capitalista norteamericana, tampoco es igual en este momento Viena, aplicando políticas de urbanismo igualitario desde hace más de 20 años, que cualquier ciudad china. La realidad social y económica demanda y la política propone soluciones.

-¿Qué supone planificar nuestro urbanismo del futuro desde una perspectiva de género?

-Supone partir de la base de la diversidad, como una de las grandes aportaciones del feminismo. Las personas somos diversas y nuestras ciudades y entornos construidos deben dar respuesta a esta diversidad y planificarlas y ordenarlas en base a ello. Deben responder a nuestra necesidades funcionales a lo largo de nuestra vida, no es lo mismo lo que necesita un niño, tener por ejemplo un recorrido seguro para ir solo al colegio; que un anciano, disponer de bancos cada cierta distancia, solo por ilustrar con algún ejemplo. O que las necesidades de una persona que se dedica al trabajo productivo frente a la que su dedicación es el trabajo reproductivo o de los cuidados son diferentes en el espacio público. Y no solo el género, sino también la clase social, la religión, la raza, la religión…. es transversal a todas estas circunstancias. Y todo ello sin olvidar la seguridad. Ver normal el que a una mujer haya que acompañarla a determinadas horas del día porque siente miedo es una anormalidad que necesitamos corregir desde nuestra educación y civismo pero también desde nuestro entorno construido. Las mujeres tenemos derecho a usar la ciudad en igualdad de condiciones y sin mayores riesgos. Por eso desde el Colegio hemos puesto en marcha, con la ayuda del Instituto Asturiano de la Mujer, el primer Observatorio de Urbanismo  con perspectiva de Género en España. Es una de las aportaciones que desde nuestra disciplina podemos hacer a la igualdad. Ayudar a construir entornos más igualitarios donde desarrollamos nuestra vida. Nace con tres objetivos: la formación y divulgación, la investigación y el asesoramiento. Vamos a tener una jornadas muy interesantes los próximos días 5, 6 y 7 de junio en nuestra sede de Gijón, por lo que aprovecho para invitar a todas aquellas personas interesadas.

-Usted fue, de hecho, la primera decana del colegio de arquitectos. ¿A qué problemas extra se enfrentan las arquitectas debido a su género? ¿Cuál es la situación de las arquitectas asturianas?

-Las arquitectas nos enfrentamos a los mismos problemas de desigualdad que el resto de mujeres. Nuestra sociedad todavía no es igualitaria desde la realidad diaria, y eso lo sufrimos por igual. Las arquitectas asturianas, al igual que el resto de españolas, tenemos menores ingresos brutos que los arquitectos. Y este salto se produce en la edad fértil, que luego ya no se vuelve a recuperar a lo largo del resto de vida profesional. Durante esos años, la dedicación de las arquitectas a la profesión es menor y, por tanto, ingresan menos. A quien dice que son decisiones propias y voluntarias, le diría que se pare a reflexionar si un hombre voluntariamente decide dedicarse a cuidar a sus hijos y sea su pareja la que trabaje, ¿está bien visto socialmente, o le tildaríamos de vago? Por eso, en la igualdad ganamos todos, igualaríamos nuestros derechos y pero también nuestros deberes. Todavía aplicamos niveles de exigencia distintos y prejuicios, necesitados de más educación al respecto.

-¿En qué situación cree que se encuentra el patrimonio arquitectónico asturiano? ¿Cree que somos una región que sabe valorarlo y protegerlo?

-Echo en falta un mayor atrevimiento a la hora de abordar la intervención en el patrimonio histórico. A través de nuestros entornos construidos hacemos una lectura de nuestra historia. Las condiciones sociales económicas y políticas de cada momento se reflejan en nuestras ciudades a través de la arquitectura y el urbanismo. Una catedral es un buen ejemplo para ilustrar esto. En ellas se puede ven las distintas etapas históricas, prerrománica, románica, renacentista barroca, neoclásica… Si a los largo de estos periodos hubiésemos sido fieles exclusivamente a su momento de origen, no habrían llegado a hasta nuestros días como las conocemos. La historia de la arquitectura es una historia de atrevimientos con mayor o menor acierto. Por tanto, protegerlo no quiere decir congelarlo. Y creo que en Asturias pecamos de los segundo. Para muestra el reciente ejemplo de la puerta de San Miguel de Lillo. Dar una respuesta únicamente historicista supone una involución. Necesitamos visiones transversales desde múltiples disciplinas, no la historia como única. Y hago una reflexión, ¿qué lectura se hará de esta época cuando los futuros investigadores le dediquen un tiempo dentro de 200 años?

- La Fábricas de Gas en Oviedo o el edificio de Tabacalera en Gijón son solo dos ejemplos de patrimonio industrial en el centro de las ciudades sin uso. ¿Qué hacemos? ¿Cómo sacar partido a estos bienes?

-Con voluntad y tutela pública y soporte económico privado, una colaboración público-privada, lo que en definitiva es entender bien el modelo Guggenheim, no quedarnos solo con la forma sino que ir al fondo. Proyectos de largo recorrido, que no tienen que ser exclusivamente museísticos. Es solo un ejemplo. Qe no graven las arcas públicas a consecuencia de su mantenimiento y que supongan servicios y riqueza para sus ciudadanos. Y sobre todo tener en cuenta que son verdadera áreas de oportunidad para la ciudad. Añado La Vega, El Cristo, la Ería del Piles… Como tal hay que gestionarlas.

-¿Llega tarde la ITV de los edificios al Principado?

-Nunca es tarde para, casi, nada. En lugar de mirar hacia atrás, detectado un problema, hay que poner solución y mirar hacia delante. Las IEEs son una herramienta a la que echamos de menos se le saque un mayor partido. Sirve para diagnosticar nuestro parque edificatorio obsoleto, de manera individual. Pero esta información tratada de manera colectiva, estadísticamente, serviría para para parametrizar nuestra edificación y detectar dónde están los mayores problemas. Esto serviría, por ejemplo, para  priorizar a que dedicamos nuestros recursos públicos. Si bien es verdad que Asturias está entre las comunidades autónomas que más dinero recibe del Estado, y está destinando a la rehabilitación edificatoria, este dinero  se está empleando por orden prioritario, pero exclusivamente de quien lo pide. Tenemos edificios en condiciones de habitabilidad verdaderamente precarias, (aislamiento, calefacción, instalaciones, mantenimiento,…) que requieren de una intervención más pro-activa por parte de la administración. También hace falta un cambio de mentalidad en las comunidades de vecinos, mas preventiva que reactiva, a los problemas. Todo edificio necesita del conocimiento de un arquitecto, no solo en el proyecto y la construcción, sino en toda su vida útil.

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