Ángel vuelve a casa (en Agones) 82 años después

Nacho G. Ruano REDACCIÓN

ASTURIAS

El sobrino de este praviano fusilado en La Canalona, en 1937, recupera sus restos. Las excavaciones no han podido recuperar los restos de su padre asesinado al mismo tiempo

08 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

«Toda la vida, cada vez que pasábamos por delante, nuestra madre nos decía que ahí estaban enterrados nuestro padre y nuestro tío», confiesa Ángel Fernández, hijo y sobrino de los dos pravianos fusilados en la Nochebuena de 1937, en La Canalona. Vivían en Agones, a un kilómetro de donde fueron ejecutados. Su padre había cumplido 20 años. Su tío, 31. Ocho décadas de sufrimiento familiar llegan a su fin. El impulsor de la exhumación de esta fosa común ya puede vivir tranquilo, sabiendo que ha hecho todo lo que estaba en su mano para recuperar a sus dos familiares sepultados. No obstante, tiene una espina clavada. Han localizado los restos de su tío pero no los de su padre. Posibles corrimientos del terreno han imposibilitado localizar su cuerpo. Se muestra satisfecho porque todos los implicados en la excavación «han llegado al límite de sus fuerzas». Hoy, Ángel Fernández, el asesinado hace 82 años, regresa a casa. Un acto simbólico organizado en el Ayuntamiento de Pravia servirá para arropar a toda la familia.

Una noche cambió por completo la vida de Ángel Fernández. Era la Nochebuena de 1937. «Mi madre me tenía en brazos cuando los falangistas llamaron a casa y pidieron salir a mi padre y mi tío. Tenía año y medio cuando ocurrió», explica. Desde entonces, ha vivido con la determinación de desenterrar a sus dos familiares, y no ha cejado en su empeño hasta poder cumplir este objetivo. «Una persona lo da todo por su padre. He querido mucho siempre a mi madre, pero he tenido que convivir con el hecho de que los demás niños tenían padre y yo no», afirma.

El hecho de no haber conocido a su progenitor le marcó durante toda la vida, y siempre se planteó qué hubiera sido de él y de su madre si la historia hubiera sido diferente. «Siempre piensas en tu padre cuando no está, y ves a los demás hijos con los suyos... Mi madre y yo tuvimos que comer solos desde el día que lo fusilaron», comenta. La supervivencia de la familia pasó por las tierras que cultivaban y las vacas que tenían en propiedad, por lo que desde muy pequeño Ángel Fernández trabajó en el campo y ayudó a su madre a sacar la casa adelante.