El exsubdirector de la Fundación Niemeyer Joan Picanyol ha negado cualquier relación con la gestión económica del centro y ha mantenido que se está construyendo «un relato paralelo a la realidad».

Picanyol ha prestado declaración este viernes ante el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial que juzga la gestión económica durante la etapa de Natalio Grueso, quien afronta una pena de once años de cárcel por la emisión de facturas falsas o manipuladas.

El exsubdirector ha insistido en que él pagó sus gastos personales, mientras que las facturas por motivos profesionales las abonaba con una tarjeta de crédito facilitada por Grueso.

El testigo ha dicho que él personalmente no estuvo en ninguna reunión sobre contabilidad y «juraría» que Grueso no participó en cerrar las cuentas materialmente, ni tampoco la memoria, ha manifestado.

El exsubdirector ha afirmado «rotundamente» que él no participó «ni mucho menos» en la gestión económica del Niemeyer y ha explicado que, aunque no puede precisar a cuánto ascendía su primer contrato, en algún momento llegó a cobrar 80.000 euros brutos anuales.

Ha comentado que viajaba mucho a Nueva York, París y Londres y no ha podido precisar en qué fechas porque él prácticamente «vivía en un avión», viajando «de 100 a 200 días al año», pero, según su versión, él cubría sus gastos personales y cuando eran por motivos profesionales utilizaba una tarjeta de crédito Visa que le había facilitado Grueso.

Picanyol ha incidido en que él siempre pagó sus gastos personales y se ha mostrado dispuesto a abonar aquellos que se acredite que pueda haber sin pagar y ha mantenido que se ha construido un relato «paralelo a la realidad».

El testigo ha asegurado que no veía posible que el exdirector general entrara en la contabilidad de Viajes El Corte Inglés, uno de los principales proveedores del Niemeyer, para que los billetes de avión figuraran a su nombre y, sin embargo, la persona que viajara en realidad fuera la exesposa de Grueso, Judith Pereiro, también acusada en la causa.

Cuando Picanyol tenía que realizar un viaje enviaba un correo electrónico al exagente de viajes, el acusado José María Vigil, que le facilitaba los billetes y, en alguna ocasión como en México, éste también viajó con él porque, según aclaró, «Vigil organizaba un congreso».

El testigo ha señalado que, en su opinión, la Fundación se parecía más «a un startup» -una empresa emergente apoyada en la tecnología- que al Museo del Prado; según informó la agencia EFE.

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El exsubdirector del Niemeyer afirma que se ha creado «un relato paralelo a la realidad» sobre su gestión