JF y el destino de Kilpatrick

El próximo lunes con la constitución del nuevo parlamento Javier Fernández será presidente en funciones cerrando una larga trayectoria política

Javier Fernández, en una intervención en el parlamento
Javier Fernández, en una intervención en el parlamento

Götterdämmerung. El lunes, cuando se constituya el nuevo parlamento en la Junta General, Javier Fernández será presidente en funciones. Hasta la investidura del nuevo jefe del Ejecutivo este será el epílogo de una larga trayectoria política, con casi dos décadas al frente de la Federación Socialista Asturiana y dos mandatos consecutivos en la presidencia del Principado, en los años más duros de la recesión económica y habiendo sido también protagonista, o al menos uno de los actores principales, en el devenir de una de las mayores crisis internas del socialismo español.

La intrahistoria de Javier Fernández está estrechamente ligada a la del partido en Asturias, sus padres se conocieron en un campo de concentración, en Figueras, en Castropol cuando aún no había terminado la Guerra Civil, y guarda parentesco, es sobrino nieto, con Manuel Llaneza. Ingeniero de Minas, se afilió al PSOE en 1985 y su primer cargo fue como Director Regional de Minas y Energía bajo el mandato de Juan Luis Rodríguez Vigil en la presidencia del Principado. Fue también diputado en el Congreso por Asturias y consejero de Industria en el Gobierno de Areces. Fue entonces cuando disputó la dirección del socialismo asturiano en un congreso muy dividido y en el que el peso del entonces aún muy poderoso SOMA fue fundamental para inclinar la balanza a su favor. Años después, tras las revelaciones sobre el enriquecimiento ilícito de José Ángel Fernández Villa nunca tuvo reparos en reconocer la profunda decepción personal que sufrió al conocer que el exlíder minero se había acogido a una amnistía fiscal. En una ocasión, el presidente Zapatero confesó que le había ofrecido formar parte como ministro de uno de sus gobiernos pero el asturiano lo rechazó porque «prefirió quedarse en Asturias».  Político que vive a regañadientes en las últimas fases de la Galaxia Gutenberg, Javier Fernández evitó más que buscó los focos de los medios y prefería el placer de la lectura en solitario sobre cualquier otro. Esa «fotofobia» como él la definió llevó a sus más acérrimos críticos a tildarlo de «el mudu» por no prodigarse en comparecencias. Sin embargo, fue, y aún es, un brillantísimo parlamentario y orador, capaz de levantar como pocos de sus compañeros al auditorio en un mitin y de responder desde el escaño con referencias eruditas que nunca eran pedantes.   

En las tres ocasiones en que Fernández compitió por las elecciones al Principado venció en número de votos pero sólo fue presidente dos veces. A la primera, el sistema D'Hont favoreció en escaños a Francisco Álvarez-Cascos que asumió un breve mandato (de menos de un año) en el que nunca logró una mayoría estable. Javier Fernández llegó a Suárez de la Riva a la segunda, en 2012, en unos años en los que la crisis económica ya había derivado en política, con un partido aún hegemónico en Asturias pero muy desgastado, que se queda lejos de su antaño largas mayorías y obligado a bregar con la aparición de formaciones emergentes. En su balance está un crudo retroceso de numerosos indicadores económicos en la comunidad (si bien Asturias destacó por encima de la media en crecimiento en los últimos años) y gran castigo para el empleo. También una encendida defensa del estado social. Con él en la presidencia se mantuvo la comunidad frente a varios recortes, se defendió la atención sanitaria a emigrantes indocumentados cuando se negaba desde el Estado y el gasto en sanidad, educación y servicios sociales se apuntaló por todos los medios en un contexto de radical austeridad. En sus últimos meses como presidente, llevando muy a gala contestar por igual a quien estuviera en La Moncloa fuera del color que fuera, hizo batalla de aplazar en la medida de lo posible la reforma de la transición energética para atenuar los efectos sobre la industria asturiana.

Sin embargo, en el legado de Javier Fernández, pesará ante todo su peculiar salto a la escena nacional, después del octubre que partió en dos al PSOE tras la defenestración de Pedro Sánchez de la Secretaría General del partido, tras un adelanto electoral que le había dejado en 85 escaños y una situación de bloqueo en el parlamento en la que la investidura de Rajoy no terminaba de arrancar. Javier Fernández fue propuesto y tomó en sus manos la dirección de la gestora que apostó por la abstención para que los socialistas renovaran en la presidencia a su mayor y principal adversario en la democracia reciente. «Abstenerse no es apoyar», dijo antes de dar ese paso que terminaría por marcar su carrera.

La historia es conocida. Durante su etapa al frente de la gestora Javier Fernández sufrió el más demoledor de los ataques que puede padecer un político, el halago de sus contrincantes. A los elogios por su sentido de Estado por parte de tertulianos afines al PP le siguió el renacer épico de Sánchez en las primarias, su retorno a la Secretaría General y finalmente su llegada a La Moncloa mediante una moción de censura. Fernández ya había anunciado que ni optaría a la reelección de la dirección de la FSA ni tampoco de la presidencia, en esos meses el sanchismo también se impuso en Asturias de la mano de Adrián Barbón.

Un inciso literario. Entre los autores predilectos de Javier Fernández está Jorge Luis Borges, escritor de hombres que son sueños de otros, de caminos de pasos toda una vida que terminan por dibujar el rostro del caminante y un argumento que se repite con variaciones en distintos de sus relatos, el del hombre que lucha contra sí mismo, el del sultán que se disfraza de mendigo por las noches y termina por encabezar una revuelta contra su propia tiranía. Una de sus lecturas tendrá que haber sido el «Tema del traidor del héroe» que imagina un líder la de la independencia irlandesa, Kilpatrick, quien siempre se encuentra que sus planes son reventados por un traidor. Encarga a un hombre que descubra al desleal, lo hace y señala con evidencias al mismo Kilpatrick al que los conjurados condenan a muerte. Él pide que se le mate en público, sin revelar la verdad, para morir como un martir por la causa de Irlanda.

Si la moción de censura de Sánchez pudo llegar a triunfar fue precisamente porque la abstención de la gestora permitió al partido conservar sus 85 escaños, en unos terceros comicios la mayoría de Rajoy hubiera salido reforzada. En sus días finales en la presidencia, Javier Fernández asiste en silencio a cómo el sector del PSOE que le afeó hasta el insulto su apuesta por la abstención con Rajoy se la reclama ahora a la oposición apelando a un «sentido de la responsabilidad» que antes se despachaba con el «no es no».

En una de sus últimas intervenciones en el parlamento asturiano, Javier Fernández comenzó a notar que perdía la visión de un ojo. Se le diagnosticó un desprendimiento de retina que precisaba ser intervenido de urgencia y la convalecencia le apartó unas semanas del cargo y también convenientemente de participar en unas últimas campañas electorales en las que su presencia podría haber resultado incómoda para muchos de los nuevos dirigentes del PSOE con los que tiene muy escasa afinidad. Hombre fiel al partido se dolió especialmente de que no hubiera una defensa tajante y pública por parte de la FSA cuando se promovió un boicot contra él en un chat interno de afiliados socialistas para un acto en Mieres.

Götterdämmerung. En las leyendas nórdicas, Odín (o Wotan, que no es del todo ajeno a Asturias porque alguna divinidad similar pervive reducida ya al Nuberu en la mitología regional) era Padre de todos y la práctica totalidad de los dirigentes del socialismo asturiano del presente crecieron bajo el largo mandato orgánico de Javier Fernández. Con su marcha se pone fin también a un modelo del PSOE, con virtudes y defectos, viejo pero también más sesudo y jacobino. Odín sacrificó uno de sus ojos en el pozo de Mimir, en las raíces de Yggdrasil, para así poder acceder a la sabiduría infinita y conocerlo todo. Todo menos el futuro.

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