Juramentos a la carta, bolsos arcoiris y «selfies»

El parlamento asturiano arrancó la que será su undécima legislatura en una sesión que contó con numerosos invitados

El pleno constituyente de la Junta General
El pleno constituyente de la Junta General

La intensa lluvia en Oviedo dejaba poco espacio a la puesta en escena, para quien la buscara, en la escalinata de la Junta General. Un tropel de invitados y periodistas se arremolinaban huyendo del agua al filo del mediodía para la constitución de la cámara en su undécima legislatura, la más dividida de la historia de la democracia con siete grupos para repartirse sus 45 escaños. Cuatro años atrás la entrada por primera vez de Podemos en la Junta se acompañó de declaraciones y cámaras como si se descubriera un territorio virgen, cuatro años después fue mucho más comedida. Los nuevos más novedosos de este 2019 eran los dos diputados de Vox y eran más bien hieráticos. En el exterior, afectados por el fraude de iDental protestaban y demandaban más atención de la administración al ritmo de «Resistiré» del Dúo Dinámico.

Llamó la atención eso sí, incluso del personal de la Junta, la entrada del diputado nacional y secretario general Vox, Javier Ortega Smith, por su envergadura, ya que es un hombre muy alto, pero sobre todo por el séquito de tres policías que le acompañaban como guardespaldas además de responsables de prensa. Ortega Smith fue una incorporación de última hora ya que no se contaba en la lista inicial de personalidades y familiares invitados al pleno. La suya fue también, en todo caso, una visita fugaz. Llegó pocos minutos antes de que se iniciara la sesión y se marchó pocos minutos después tras haber recalcado que sus dos diputados habían prestado juramento «por España» y que por fin había llagado al Principado una voz para permitir hablar la «Asturias silenciada» en una comunidad en la que «desgraciadamente gobierna la izquierda desde hace demasiados décadas».

Si los dos escaños de la extrema derecha tomaron posesión «por España», sólo cuatro diputados más se saltaron el protocolario «juro» o «prometo» del resto de formaciones políticas; fueron los cuarto de Podemos que, con distintas variaciones y en lengua asturiana, prometieron «por la defensa de toles persones», «por la mejora del estado social» «polos drechos de Asturies» y también por «tar al serviciu de tola xente d'Asturies». 

Como el reparto de escaños todavía no se ha producido había una cierta libertad para que los diputados cogieran sitio aunque la inercia marcó tendencia desde primera hora, los socialistas y populares ocuparan las partes del hemiciclo en las que han solido estar en las úlltimas legislaturas, Ciudadanos se acomodó en el centro junto a Foro y quedaron en la montaña, la zona más alta, los dos de Iu, los dos de Vox y los cuatro de Podemos. Resaltaba allí el bolso de colores arcoiris de la diputada morada Nuria Rodríguez, peligrosísimo objeto simbólico de diversidad que estaba a muy corta distancia del cabeza de lista de Vox, Ignacio Blanco, con sólo el tatuado Rafael Palacios y un escaño vacío en el medio, como distancia de seguridad. 

En las semanas previas a la constitución de la cámara se especuló largo y tendido con que el candidato de Ciudadanos, Juan Vázquez, llegara a un acuerdo para ser el presidente de la cámara mediante algún tipo de acuerdo con los socialistas. No lo hubo, pero el exrector fue efectivamente presidente de la mesa de edad, como diputado mayor, junto a los más jóvenes Adrián Pumares (Foro) y Álvaro Queipo (del PP). Vázquez se congratuló en su discurso de la sorpresa inesperada de haber tenido tal honor en el día de su santo.

No todas las hogueras de la noche anterior estaban apagadas, y no por la lluvia. La sesión fue cordial pero el reparto de la mesa (con dos puestos para el PSOE, uno para el PP, uno para Ciudadanos y otro para IU) dejó descontentos a los morados, que advirtieron de que con «el nuevo socialismo de Adrián Barbón hay menos pluralidad que con el de Javier Fernández».

Acabados ya todos los discursos y mientras los diputados, autoridades, familias y periodistas congregados terminaban de abandonar el edificio, quedaban ya sólo en el hemiciclo, en el puesto del atril, varios compañeros de la candidata popular, Teresa Mallada para hacerse unos «selfies» en una jornada tan señalada.

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