El asturiano que enseñó el culo a Arrimadas en el Orgullo: «Para protestar hay que ofender»

El saregano Sergio Álvarez protagonizó un sonoro calvo a los líderes de Ciudadanos durante la marcha en Madrid

Sergio Álvarez en el desfile del Orgullo
Sergio Álvarez en el desfile del Orgullo

Niega que tuviera intención de defecar. Tan solo quiso hacer un gesto de protesta a la altura de lo que considera una provocación de los líderes de Ciudadanos, con Inés Arrimadas a la cabeza. El manifestante del Orgullo Gay que se bajó los pantalones e hizo un calvo a Inés Arrimadas es asturiano, en concreto de Sariego. Se llama Sergio Álvarez y lleva toda la semana defendiendo su gesto. Considera menos vergonzoso enseñar el culo que sentarse a negociar en una mesa con Vox. «Lo volvería a hacer. No me arrepiento de nada. Para protestar hay que ofender», dice en plena tormenta mediática, mientras recibe decenas de mensajes por segundo en sus redes sociales.

Sergio Álvarez tiene un blog activo en el que resume su biografía. Nació en Sariego en 1984. Estudió Ingeniería Técnica Química en la Universidad de Oviedo y posteriormente empezó el grado Ciencias Políticas y de la Administración en la UNED. Ingresó en Juventudes Socialistas con 17 años y en el PSOE con 18. Ha ocupado cargos orgánicos en la agrupación de su concejo durante años. Ya no. Ahora es un militante de base. Se confiesa de izquierdas en un concejo pequeño, donde un partido independiente lleva encadenando de manera consecutiva victorias. Por eso le hace gracias que desde determinados sectores se apunte a su ideología para perjudicarle. Incluso algunos reclaman a la dirección socialista que le expulse. 

Tiene un trabajo fijo en una empresa privada y, al mismo tiempo, prepara oposiciones. Sigue residiendo en Sariego, aunque Madrid cada vez le llama más. Es hijo de Ángel Álvarez Cliper, fallecido en un accidente de tráfico en 1995, el impulsor del deporte rural asturiano, y sobrino José Álvarez, Pola, el presentador del programa de la televisión autonómica, La Quinta de Pola. 

El calvo surgió casi como una broma. Estaba siguiendo el desfile del Orgullo desde unos jardines, justo delante de la estatua de Velázquez, con unos amigos y su pareja. Uno de sus acompañantes iba vestido con un kilt escocés. Así que cuando vieron aparece los globos de ciudadanos comentaron, medio en broma, que no estaría de más darles la espalda para mostrar su disconformidad con las políticas que estaban siguiendo y, de paso, si cuadraba, enseñarles el culo. Sergio Álvarez se acercó a la manifestación. Esperó pacientemente a que se fuese un grupo ataviado con disfraces de El cuento de la criada y entonces vio su oportunidad. Para entonces ya se había dado cuenta de que estaba solo, que nadie le acompañaba.

«Me puse a un lado y me bajé los pantalones. Un grupo de cinco o seis vino a por mí. Como buen paisano de Sariegu me resistí. Mi padre tiraba de la cuerda y yo no iba a ser menos. De ahí las posturas que se ven en los vídeos que andan circulando por redes», explica sobre las acusaciones de que pretendía defecar. «Resistí lo que pude», insiste. Las consecuencias son unas gafas rotas en el forcejeo, quemaduras en rodillas y codos del roce con el asfalto y algún que otro moratón. Lamenta que esto no lo cuenten aquellos que dicen haber sido acosados y golpeados. «¿Cómo puedes aparecer en una manifestación de la que no compartes su manifiesto? Escribe uno propio y organiza tu propia marcha», remata sobre la actitud de Ciudadanos.

Desde su perfil de twitter ha explicado en multitud de tuits su gesto y se ha defendido de las críticas. «Soy "Gaytasuno" aunque me veo más como "GayOsuno" jeje. Recordemos que somo el colectivo LGTBI pero "LGTBItasuno" es impronunciable...», bromeaba hace unos días. «Era un calvo, la historia de hacer de vientre es para alimentar el relato. Técnica de libro de Joseph Goebbels», explica en otros tuit. «Sinceramente prefiero haber enseñado el culo en el #Orgullo2019 a los manifestantes de Ciudadanos, que hacerse una foto y reunirse con los homófobos de Vox. La foto del asco», comenta sobre la fotos de las reuniones de la derecha en Madrid.

Lo volvería hacer, aunque no en solitario. Cree que lo mejor sería organizarlo un poco. «Sería mucho más guapa una retahíla que el mío solo», afirma. Muchos de los insultos que recibe están relacionados con el tamaño de sus posaderas. Le parecen poco originales. Conoce perfectamente su peso. A los más originales les da un like

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