La falta de educación sexual y el consumo de pornografía les proporcionan una imagen irreal de las relaciones. La frustración por el resultado de su primer encuentro les lleva incluso a no tener un segundo hasta dos años después
26 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Acceden al porno antes incluso de dar su primer beso. Creen que las relaciones sexuales es lo que ven a través de sus dispositivos móviles y crean una idea distorsionada. Apenas conocen su cuerpo y el de su pareja, así que cuando tienen su primer encuentro sexual, muchas veces, no es como habían imaginado. «Hay un desajuste entre lo que han creído que debe ser y eso les provoca mucha frustración», explica el sexólogo asturiano Iván Rotella, vicepresidente de la Asociación para la Educación Sexual. El consumo de pornografía a edades más tempranas lanza a los jóvenes a tener su primer relación sexual cada vez más jóvenes. Hoy en día los adolescentes asturianos pierden la virginidad entre los 13 a los 16 años.
Esa primera vez no siempre alcanza el resultado que esperaban. «Llegan con información errónea y con una falta de educación sexual que acaba en que su primera vez es peor que la de la sus abuelos», matiza el sexólogo. Antes las parejas llegaban al sexo «a ciegas» y ahora lo hacen con una idea errónea que «hace que todo salga mal». ¿Cómo les afecta a futuro? Un mala experiencia cuando esperaban todo lo contrario provoca una apatía que les conduce a esperar hasta dos años en tener la según da relación sexual. «Reflexionan y deciden no volver a repetir, no les compensa», relata. Además, para muchos, hoy en día tener una relación sexual es dejar de ser niños y convertirse en adultos y esa presión social ayuda a que no salga como imaginaban.
El éxito está en educar
Llegan antes porque consumen contenidos eróticos cada vez más jóvenes. Disponen de internet y eso les abre una ventana al mundo del sexo. Para que cuando consuman esos contenidos desarrollen un sentido crítico, la clave está en la proporcionarles una educación sexual y hacerlo ya desde edades tempranas, en la etapa infantil. «Los jóvenes no conocen su cuerpo, ni tampoco el del sexo contrario. No saben cómo funciona y eso supone un gran problema», matiza Rotella. De ahí que resulta imprescindible que conozcan su anatomía y su respuesta sexual antes de su primer encuentro. La educación sexual les proporciona un sentido crítico para que cuando accedan a contenidos eróticos sepan diferenciar. «La falta de información crea muchos conflictos en la pareja la falta de información», recalca el experto.
Los profesionales ya han detectado un aumento del número de consultas de jóvenes ya adolescentes sobre cómo funciona el cuerpo. Un problema que se ataja, defiende Iván Rotella, implementando los programas de educación sexual a edades tempranas.