Negra sombra sobre Alcoa en San Cibrao

La multinacional baja la producción en agosto, el segundo recorte en el año, para intentar reducir pérdidas. Así empezó el proceso de cierre en Avilés y A Coruña


Viveiro / La Voz

En pleno mes de agosto, la incertidumbre sigue acechando como una negra sombra, o un nubarrón cada vez más cargado, la fábrica de aluminio primario de Alcoa en San Cibrao, en Lugo. En esta segunda quincena del mes, la multinacional paralizará un grupo de 32 cubas de electrolisis para recortar, por segunda vez en el año, la producción de metal y tratar así de reducir las pérdidas del complejo lucense, que se calculan en torno a los seis o siete millones de dólares al mes (entre 5,4 y 6,3 millones de euros).

Una caída en la producción de aluminio que se suma a la decretada en primavera, cuando ya se rebajó un 5 %. Fue después de conocer el borrador del estatuto que elaboró el Gobierno para la industria electrointensiva (un marco regulatorio para aligerar la carga sobre estas empresas, principalmente abaratando el coste de la energía). El documento, presentado antes de las elecciones, no convenció al sector, que presentó alegaciones y contrapropuestas, pero casi medio año después Alcoa y el resto de grandes industrias consumidoras de electricidad aún no conocen las medidas definitivas que recogerá el referido estatuto, que será fundamental para el futuro de la multinacional estadounidense en España.

No olvidemos que la planta de producción de aluminio primario de San Cibrao -con unos 600 trabajadores- es la única de Alcoa en el país, tras la venta de las de A Coruña y Avilés, y corre peligro. La propia compañía lanzó la alerta en marzo de este año. Y que la planta de alúmina -esa pequeña joya de la corona que abastece de oro blanco a la de aluminio- es la única que genera riqueza, con 500 obreros.

Mientras aguarda nuevas medidas por parte del Gobierno, Alcoa ha decidido ralentizar de nuevo, a partir de esta segunda quincena de agosto, la producción de aluminio primario en San Cibrao. Lo hará en un 6 % más; por lo que el descenso en lo que va de año ronda ya un 11 %.

Nadie olvida en esta zona de la Mariña de Lugo que así empezó el proceso de cierre (luego transformado en venta) de las plantas de Alcoa en A Coruña y Avilés, ahora propiedad del fondo suizo Parter. Y eso genera la lógica incertidumbre y temor, agravada por un escenario de parálisis, con un Gobierno que no resuelve la investidura y el tan esperado estatuto electrointensivo guardado en un cajón, probablemente hasta final de año ya.

En el aire están también los puestos de trabajo temporales en la fábrica, aunque Alcoa ha anunciado que va a revisar las necesidades de la planta antes de adoptar medidas. En todo caso, más incertidumbre, cuando en el terreno laboral hace poco todo eran buenas noticias y se hablaba de un número importante de eventuales que pasarían a fijos.

En este agosto que se está demostrando como un mes trascendental para el futuro de la fábrica también se han anunciado cambios relevantes en la cúpula de Alcoa, que afectan a su estructura en España y a la de San Cibrao. Rubén Bartolomé acaba de dejar la dirección del complejo industrial mariñano y la presidencia de la compañía en el país, después de un largo proceso de negociación para la venta de las plantas de A Coruña y Avilés. En la planta lucense le sucede Jesús Maroño, hasta ahora jefe de producción; mientras, en la presidencia de Alcoa en España toma el relevo Álvaro Dorado, hasta ahora vicepresidente de Energía y presidente de Asuntos Institucionales de la multinacional en Europa.

Alcoa, mientras tanto, trata de tranquilizar: «La reducción de la producción de aluminio, paralizando un grupo de 32 cubas de un total 512, se hace de forma ordenada y segura para tratar de rebajar las pérdidas y que haya viabilidad». Esa sostenibilidad es difícil de alcanzar, dicen, porque el coste de la energía en España «es muy caro, un 50 % más que en Alemania o Francia, por ejemplo». Y supone el 41 % del gasto de Alcoa, en un momento en el que el precio del aluminio en el mercado es bajo. Las cuentas empiezan a no salir y solo se salvan, de momento, por la alúmina.

Muy pendientes de la regulación para bajar el precio de la energía y de que se realicen inversiones en la fábrica

Desde marzo, cuando Alcoa lanzó públicamente un aviso de que la fábrica de A Mariña corría también peligro, las cosas no han cambiado mucho. En realidad, nada. Si acaso han empeorado. Y más de 1.100 familias de trabajadores del complejo (sumando las fábricas de alúmina y de aluminio) están en vilo, sin contar los empleos indirectos que genera Alcoa en la costa lucense, en las empresas auxiliares y en sectores como servicios y hostelería (se calcula que en torno a 5.000 empleos).

Todos, Alcoa y trabajadores, están muy pendientes ahora del estatuto para la industria electrointensiva, confiando en que en él se recojan medidas ventajosas para estas grandes empresas consumidoras de energía. El comité de empresa de la factoría de San Cibrao espera poder mantener reuniones con los nuevos directivos de Alcoa y también con el Gobierno (han solicitado un encuentro con la ministra de Industria en funciones, Reyes Maroto). Mientras, no oculta sus temores, sobre todo porque no ve inversiones de futuro en la fábrica mariñana. Ni en el puerto, dicen, aunque se hayan renovado las grúas, ni -acaso más importante- en el embalse de lodos rojos, casi al límite.

Desde el PP piden ahora a la población que se movilice en defensa de Alcoa y de los puestos de trabajo.

Van ya tantos anuncios y tantas amenazas y alertas que la gente se muestra escéptica y mira el «nubarrón negro» de este agosto sobre Alcoa a lo lejos, confiando, hasta el último momento, en que se disipe. El estatuto será la clave, aunque el dato objetivo es que Alcoa perdió en San Cibrao 53,8 millones el año pasado.

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