La Fiscalía ha concluido que el exdirector general del Niemeyer, Natalio Grueso, que afronta once años de cárcel por irregularidades en la gestión económica, tenía una «confusión» entre el dinero que era para fines públicos y privados y que le «daba todo igual» porque sabía que al Patronato «no le importaba nada» las cuentas, algo que califica de «desolador».

El juicio por el «caso Niemeyer» se ha reanudado este jueves en la Audiencia Provincial con el informe final del fiscal Alejandro Cabaleiro, quien ha mantenido que «no es descabellado» pensar que en la Fundación había una falta absoluta de control de la contabilidad y Natalio Grueso se aprovechó de esa ausencia de fiscalización porque pensaba que «era muy bueno y todo lo hacía muy bien».

Grueso afronta una pena de once años de cárcel, diez años de inhabilitación y una multa de 24.000 euros por su supuesta autoría en delitos continuados de malversación en concurso medial con falsedad, otro societario e insolvencia punible.

En su informe, el fiscal ha sostenido que Grueso no presentaba justificantes, ni daba explicaciones de las facturas, que en unos casos eran supuestamente falsas y otras estaban alteradas, amparado en que el expresidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, fallecido el pasado 17 de enero, «lo sabía todo».

A este respecto, ha reprochado que utilizara este argumento «porque es muy habitual echar las culpas a las personas fallecidas» que no se pueden defender.

Cabaleiro ha incidido en que nunca se hizo un control de las cuentas de la Fundación que «se puede hacer si se quiere y nunca se hizo», y ha censurado duramente el comportamiento del Patronato, presidido e integrado por representantes políticos, de los que ha afirmado que, siendo benévolo, eran unos «incompetentes en materia de contabilidad».

En su opinión, los patronos estaban más preocupados por ver publicado en los medios de comunicación que actores de la talla del estadounidense Brad Pitt acudían al centro cultural de Avilés, que en supervisar las cuentas, ya que «no controlaban nada» porque «no les importaba nada», ha reiterado en varias ocasiones.

El fiscal ha descartado que hubiera habido «una persecución política» cuando se detectaron las «contradicciones» en las facturas que, en su opinión, «las hubiera encontrado cualquiera».

La acusación pública ha recalcado que todas las órdenes las daba Grueso pero toda la cuenta del Niemeyer la gestionó el exagente de Viajes El Corte Inglés José María Vigil, que afronta 8 años de cárcel como presunto cooperador en sendos delitos de estafa y malversación, porque sin su colaboración sería «imposible» llevar a cabo este procedimiento donde hay facturas falsas en soporte y otras alteradas en fechas, entre otras irregularidades.

Asimismo ha argumentado que Grueso debería haber dicho «cómo, cuándo, dónde y por qué» se estaba gastando el dinero y ha llegado a inquirir sobre el sentido que tenía que, ocultando y falseando las facturas al Patronato, se llegaran a girar facturas a la Fundación Princesa de Asturias, donde trabajaba inicialmente el exdirector general, previas a la constitución del centro Niemeyer.

Cabaleiro también ha hecho hincapié en que Judith Pereiro, exesposa de Grueso, que afronta dos años y medio de prisión por su presunta complicidad en un delito continuado de malversación, viajó al igual que su suegra por varios países a costa del Niemeyer por esa confusión del exdirector general sobre «el dinero que era suyo y el de la Fundación».

El fiscal también ha atribuido un papel relevante al exsecretario general de la Fundación, José Luis Rebollo, que afronta dos años y tres meses de prisión como presunto cooperador necesario en un delito societario, al sostener que se encargó de encubrir las irregularidades al casar las cuentas, aprovechando que los patronos no leían las memorias, ni tenían interés alguno en la revisión de la contabilidad.

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La Fiscalía concluye que Natalio Grueso no distinguía entre intereses públicos y privados